Salah Mezzian (Melilla, 1978) combina su labor en la Fundación Mensajeros de la Paz con su afición al dibujo. Siempre afable, contesta con gusto las preguntas de El Faro.
-Muy contento, porque estoy haciendo una labor social con Mensajeros de la Paz y como ilustrador me va muy bien. He ganado varios premios nacionales y estoy muy satisfecho de mis logros desde que comencé y de que todos los objetivos que me marqué desde el principio se están consiguiendo.
-En el aspecto social, lo que más me gusta es ayudar a las personas necesitadas. Yo empecé como voluntario en Mensajeros de la Paz y actualmente estoy de coordinador y me llena mucho. Y no hay nada que no me guste. Me cuesta un poquillo madrugar, pero estoy ya acostumbrado.
-Bastantes. Cuando estaba repartiendo los cafés solidarios, me han pedido desde un café cortado a un manchado o a una nube. Esto llama la atención, porque nosotros repartimos descafeinados a todo el mundo.
-Que gente del extranjero se haya interesado por mis ilustraciones.
-Seguir trabajando ayudando a los demás en el aspecto solidario y, como ilustrador, darme a conocer a nivel nacional y, por qué no, a nivel internacional.
-Lo veo muy positivo. Comparado con otras ciudades, Melilla está muy bien, sobre todo por el aspecto intercultural que hay en la ciudad. Hay que recalcar la convivencia en la ciudad. También su situación geográfica, que está todo muy cerca y que se puede vivir muy bien aquí.
-Jajaja. La palabra ‘rasista’, con la ‘s’, me llama mucho la atención, porque lo veo como con un toque de ironía.
-Hombre… Yo vivo al lado de Melilla la Vieja y del Mantelete. Me encanta. Es una zona muy tranquila.
-Ah, eso lo tengo claro: mucha tranquilidad, mucha tranquilidad y mucha tranquilidad, y ya está.
-A Dinamarca y Noruega.
-Mmm… No..
-En el período del Renacimiento, sobre todo, y fundamental también la época de la Ilustración.
-Si, bastante, por mi trabajo. Tengo Instagram, Facebook y TikTok, aunque este no lo uso tanto, para dar a conocer mi trabajo sobre la ilustración.
-Seguir trabajando.
-El azul, por Monet, el pintor impresionista, que me encanta.
-Me gusta bastante la música retro de los años 80, porque la de ahora está distorsionada con las aplicaciones de voz y hay poca originalidad. Sobre todo, me gustan Pink Floyd, Metallica (aunque suene raro), Status Quo y Queen.
-Sin duda, la ‘harera’ de mi madre, que está riquísima.
-Lo que más me gusta es un buen mosto. No bebo alcohol yo.
-Está claro: cuando descanso y, para descansar, el verano. Y también momentos de tranquilidad en invierno. Básicamente todos los meses, pero, sobre todo, el veranito, cuando descanso.
-Lo tengo clarísimo: a leer y, sobre todo, a la ilustración. Y, cuando puedo, a escribir también literatura infantil.
-Una chaqueta de invierno está claro que no falta y tampoco una bufanda. Nada del otro mundo.
-Miedo todos tenemos a algo. Si te dijera que no tengo miedo a nada, te estaría mintiendo. A que me hagan daño, por ejemplo. Gente de mucha confianza que te haga mucho daño, que me ha pasado. Eso sí que es muy duro.
-Mi abuela, que en paz descanse, mi decía: trabajar, trabajar y esforzarme. Me acuerdo perfectamente.
-El mismo consejo que me dio mi abuela. A todo el mundo que está de bajón porque no encuentra trabajo le digo que esforzarse es lo más importante, porque todo tiene su recompensa con el esfuerzo. Con perseverancia y constancia, al final se ve la luz.
-Ufff… Los mejores recuerdos, lo tengo clarísimo, la época de los 80. Fue una etapa muy bonita en Batería Jota. En cuanto al peor recuerdo, casi me pilló la famosa riada de 1997 en Melilla. Mi madre solía bajar al mercado y me estaba temiendo lo peor, pero, gracias a dios, no ocurrió nada. Estaba en la casa. Pero por aquel entonces nadie llevaba móvil.
-El dibujo. La plástica, que decíamos antes.
-Uh, detestaba las matemáticas.
-Que esté todo ordenado. Me gustan las cosas bien ordenadas. No me gusta que estén las cosas desordenadas. Soy muy maniático del orden.
-Siempre me han llamado mucha atención y me encantan los gatos.
-Me encanta cocinar postres caseros. Cuando quiero desconectarme de la ilustración, del dibujo, de la escritura y de todo en general, hago un pequeño postre. Algo muy sencillo como un bizcocho o un flan de huevo.
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