Las autoridades acudieron ayer al rezo del Eid Al Adha.
Melilla volvió a vivir ayer una de esas jornadas que explican mejor que cualquier discurso qué tipo de ciudad quiere ser. La celebración del Eid al-Adha reunió a miles de personas en la explanada de San Lorenzo en un ambiente marcado por la fe, la serenidad y la convivencia. Una imagen que ya forma parte de la identidad melillense y que, año tras año, reafirma la capacidad de esta tierra para convivir desde el respeto mutuo.
El Eid al-Adha no es únicamente una festividad religiosa. Es también una celebración profundamente ligada a valores como la solidaridad, el compromiso con la familia y la ayuda a quienes más lo necesitan. Durante esta jornada, el compartir ocupa un lugar central. Compartir la comida, el tiempo, la celebración y también el afecto con familiares, vecinos y amigos. Ese espíritu colectivo fue precisamente el que volvió a respirarse en San Lorenzo desde primera hora de la mañana.
En una época marcada por la crispación permanente y por discursos que intentan dividir a las sociedades según sus creencias o su origen, Melilla ofreció ayer una respuesta sencilla pero poderosa: la convivencia real sigue siendo posible. Y no desde la teoría, sino desde la normalidad cotidiana. Porque la convivencia no se construye únicamente en las instituciones, sino en la manera en la que una ciudad comparte sus tradiciones y respeta las celebraciones de quienes forman parte de ella.
Uno de los aspectos más significativos de esta celebración fue el mensaje transmitido durante el sermón, centrado en la paz, la igualdad entre las personas y el rechazo a cualquier forma de violencia o fanatismo. Un recordatorio necesario en tiempos donde demasiadas veces se intenta relacionar injustamente la religión con el extremismo. El mensaje fue claro: ninguna fe puede utilizarse para justificar el odio o la división.
Melilla tiene en su diversidad una de sus mayores fortalezas. Aquí conviven desde hace generaciones distintas culturas y confesiones religiosas que forman parte del paisaje humano de la ciudad. Esa pluralidad no debería verse como una dificultad, sino como una riqueza colectiva que distingue a Melilla del resto del país.
La celebración del Eid al-Adha volvió a demostrar que la convivencia no es una palabra vacía. Es una realidad que se construye en gestos sencillos: en el saludo entre vecinos, en el respeto por las tradiciones ajenas y en la capacidad de entender que las diferencias no tienen por qué separarnos. Ayer, San Lorenzo no solo acogió una festividad religiosa. Acogió también una lección silenciosa de convivencia que Melilla sigue dando al mundo.
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