Los datos reales sobre la crisis vivida en la frontera las noches del jueves y el viernes pasados han puesto de manifiesto algo que prácticamente todos los melillenses sabían pero que oficialmente la Delegación del Gobierno se negó a aceptar: en esas horas entraron ilegalmente en la ciudad más de mil personas. De hecho, Sabrina Moh tuvo que reconocer ayer que el número que se maneja es de 1.323 marroquíes, si bien un millar de ellos habrían sido ya devueltos a su país, según afirmó.
Moh, sin embargo, había puesto el grito en el cielo porque el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, habló la noche del jueves de 400 inmigrantes en una entrevista con la COPE a nivel nacional, un número que antes de ese pronunciamiento público ya manejaban fuentes de la policía, tal y como pudo constatar este periódico. La delegada solo reconoció la entrada de 130 personas, aún cuando solo en el caso de menores ya se cifraba la cantidad entre 75 y 85 jóvenes.
Sabrina Moh fue preguntada en rueda de prensa el viernes sobre cuál era la cifra global de las entradas, independientemente de las devoluciones en caliente que se hubieran producido. No hubo forma de sacarle un número porque se acogía una y otra vez a que en Melilla había 130 personas llegadas ilegalmente la noche anterior. Pues bien, resulta que actualmente hay casi tres veces más de lo reconocido por la Delegación en ese momento.
Si dejamos de lado esa discrepancia tan significativa sobre la transparencia con la que el Gobierno ha llevado toda esta crisis, otro dato llama la atención: ahora se habla de blindar la zona del Dique Sur para reducir al mínimo las llegadas a nado cuando a lo largo del mes de julio se duplicó la cantidad de menores que la Ciudad tuvo que acoger y que entraron precisamente vía marítima. ¿Por qué estas medidas no se adoptaron en su momento?
A estas alturas muy pocos se creen el relato que extiende el Ejecutivo de Sánchez sobre que no tenían ni idea de lo que se avecinaba desde Marruecos, una afirmación que deja en muy mal lugar a la inteligencia española, a la que se está poniendo al pie de los caballos. Dicho de otro modo, la mayoría está convencida de que Interior y Defensa sabían lo que se estaba cocinando al otro lado de la frontera, pero nadie hizo nada. Y fue en ese momento cuando se debieron tomar medidas, de manera que quedara garantizada la soberanía española de unos territorios cuya población se siente desprotegida y preocupada por lo que pueda ocurrir en el futuro.








