Nuestra ciudad celebra hoy sus 529 años de españolidad, cinco siglos marcados por el progreso, la unión y la convivencia que este año traen una nutrida programación que combina actos institucionales, exhibiciones militares, actividades para los más pequeños, fuegos artificiales y espacios culturales. Todo un sinfín de iniciativas para el disfrute de los melillenses y visitantes, pero que no deberían alejarnos de la importancia de esta efeméride: recordar de dónde venimos y hacia dónde queremos avanzar. Un propósito de suma importancia, más si cabe con la situación que vive nuestra ciudad hermana desde hace varios meses y el chantaje indirecto (aunque muy directo) de parte del Reino de Marruecos que Melilla viene padeciendo desde hace varios años.
Conmemorar el Día de Melilla supone representar la identidad común que nos une, uno de los principales valores de nuestra ciudad.
Esta ciudad cuenta , además, con una particularidad que no debería perderse de vista: su diversidad. La convivencia entre distintas culturas y confesiones forma parte de la realidad cotidiana de la sociedad melillense y constituye uno de sus principales rasgos. Por ello, que se reconozca a la Mesa Interconfesional con la Medalla de Oro de la Ciudad no deja de ser una reivindicación de esa convivencia, de lo que es Melilla y de lo que debe seguir siendo. Por ello, el Día de Melilla debe ser una celebración de todos y para todos y nunca ser motivo de división política, ni quedar relegado a un simple acto institucional.
Formaciones políticas consolidadas en nuestra ciudad, como Coalición por Melilla, y otras de reciente creación, como Nueva Melilla, centran su discurso sobre el 17 de septiembre en términos, como poco, hostiles. La historia no puede cambiarse, pero tampoco puede ignorarse todo lo ocurrido durante los últimos 529 años. La historia de Melilla pertenece a sus ciudadanos y son ellos quienes deben ocupar el centro de esta conmemoración. Los 529 años son una cifra que invita a plantear el futuro.
Melilla necesita afrontar sus retos con la misma atención con la que celebra sus tradiciones. La seguridad, las comunicaciones, la economía, los servicios públicos, las oportunidades para los jóvenes o la necesidad de fortalecer sus vínculos con el resto de nuestro país son cuestiones que no desaparecen durante una celebración. Precisamente por eso resulta importante que estos días festivos no sean un paréntesis, sino también un punto de partida. Que quede orgullo de ciudad, pero también compromiso con ella.
Celebrar la españolidad de Melilla es recordar su historia. Pero también debería significar cuidar su presente y trabajar por su futuro. Ese es, probablemente, el mejor modo de conmemorar 529 años: disfrutando de la ciudad que tenemos sin dejar de pensar en la ciudad que queremos.








