Las explicaciones ofrecidas por el presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, sobre las cancelaciones de vuelos de Air Nostrum en Melilla permiten poner cifras a una realidad que los ciudadanos llevan meses padeciendo con demasiada frecuencia: la fragilidad de las comunicaciones aéreas de la ciudad. Según los datos trasladados por la propia compañía, hasta abril de 2026 el 54,3% de las anulaciones se debieron a causas meteorológicas, mientras que un 38,5% respondió a razones técnicas relacionadas con la falta de operatividad suficiente de los aviones. Son porcentajes que, por sí solos, dibujan un problema serio.
Es evidente que la meteorología no puede controlarse. Melilla ha sufrido en el primer cuatrimestre del año una concentración especialmente intensa de incidencias climáticas, con episodios de nubes bajas que han dificultado las aproximaciones al aeropuerto. Pero aceptar esa realidad no puede equivaler a resignarse. Si más de la mitad de las cancelaciones se producen por esta causa, resulta imprescindible explorar todas las alternativas técnicas que permitan reducir su impacto. Imbroda ha anunciado que se dirigirá al presidente de Enaire para conocer si existe una solución distinta al actual sistema de aproximación, dado que el ILS no se ha podido instalar en Melilla por razones técnicas. Esa gestión no solo es oportuna, sino necesaria.
La segunda gran causa de cancelaciones tampoco puede minimizarse. Que el 38,5% de las anulaciones responda a problemas técnicos o a la falta de aviones disponibles exige una reflexión profunda sobre el servicio que se presta a una ciudad extrapeninsular. El choque de un ave contra una aeronave, las averías prolongadas y los retrasos en el suministro de piezas explican parte del problema, pero no lo resuelven. Melilla no puede quedar permanentemente expuesta a que una incidencia en la flota termine comprometiendo la movilidad de miles de personas.
Por eso, la reclamación de contar con más medios o con algún avión más próximo a Melilla merece ser estudiada con seriedad por la Administración del Estado, Aviación Civil y la propia compañía. La obligación de servicio público debe servir para garantizar un servicio fiable, no solo para sostener una conexión en términos formales.
Las comunicaciones aéreas son una cuestión esencial para Melilla. No se trata de comodidad, sino de cohesión territorial, igualdad de oportunidades y seguridad en los desplazamientos. Los melillenses necesitan saber que su ciudad no depende de soluciones improvisadas ni de explicaciones posteriores. Necesitan compromisos, inversión y planificación. Y, sobre todo, necesitan que todas las administraciones asuman que la conectividad aérea de Melilla no puede seguir siendo un problema aplazado.








