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Lucía Asué Mbomío Rubio: escribir desde los márgenes 'Hija del camino'

A través de la historia de Sandra, la autora explora cuestiones como la herencia de la nostalgia, el racismo cotidiano o el carácter contextual de la identidad, en una novela que combina experiencias personales, ficción y relatos compartidos por muchas personas hijas de migrantes

por Alejandra Gutiérrez
15/03/2026 18:19 CET
Lucía Asué Mbomío Rubio: escribir desde los márgenes 'Hija del camino'

Lucía Asué Mbomío Rubio, autora del libro 'Hija del camino'. -Cedida por la escritora-


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Para la periodista y escritora Lucía Asué Mbomío Rubio, el origen de Hija del camino no puede situarse en un instante concreto ni en una idea inicial claramente delimitada. La novela surge más bien de un proceso prolongado de preguntas y desplazamientos personales en el que comenzaron a entrelazarse reflexiones sobre la identidad, la pertenencia y las narrativas que construyen nuestra relación con el origen. Con el paso del tiempo, aquellas inquietudes vitales fueron encontrando en la literatura un espacio donde podían ordenarse y adquirir forma narrativa.

Uno de los momentos que influyó en ese proceso fue su viaje a Guinea Ecuatorial, país de origen de su padre. El desplazamiento respondía, en parte, al deseo de acercarse a ese territorio que había conocido durante años a través de relatos familiares. Sin embargo, la experiencia terminó teniendo un efecto distinto al esperado: lejos de cerrar las preguntas que la habían impulsado a viajar, las multiplicó. Aquella estancia le permitió confrontar las imágenes heredadas con la realidad contemporánea del país, y esa distancia entre memoria y experiencia se convirtió en una de las reflexiones que atraviesan el libro.

Nacida en Madrid, hija de padre ecuatoguineano y madre segoviana, Mbomío Rubio creció en un entorno donde convivían distintas referencias culturales. Esa combinación generó desde temprano preguntas sobre la identidad y el lugar al que se pertenece. Durante años, el país de su padre había estado presente a través de historias familiares, recuerdos transmitidos en el ámbito doméstico y una memoria afectiva construida a partir de relatos.

Con el tiempo comprendió que esas historias no hablaban únicamente de un lugar, sino también de un tiempo concreto. La nostalgia que atraviesa muchos relatos migrantes está vinculada a la infancia, a los vínculos familiares y a un momento vital que ya no existe de la misma manera. En ese sentido, lo que se transmite a menudo no es solo un territorio, sino una experiencia emocional asociada a él.

Esa reflexión se articula en torno a una idea que la autora describe como la herencia de la nostalgia. Las personas hijas de migrantes reciben de sus familias una memoria afectiva del país de origen que influye en la forma en que imaginan ese lugar. Las historias transmitidas en casa pueden construir una imagen idealizada, formada por recuerdos felices y fragmentos de vida que se conservan como parte de la identidad familiar.

Cuando Mbomío Rubio llegó a Guinea Ecuatorial descubrió que ese país no coincidía plenamente con el que había escuchado en las narraciones de su padre. Aquella constatación no implicaba una ruptura con esas historias, sino más bien una comprensión más amplia de lo que significaban. La nostalgia, entendió entonces, muchas veces se dirige menos a un territorio que a la época de la vida que ese territorio representaba.

Tras aquella etapa decidió trasladarse durante un tiempo a Londres. Ese periodo funcionó como un espacio de transición en el que pudo reorganizar muchas de las preguntas que venían acompañándola. Allí comenzó a asumir que su identidad no tenía por qué responder a una única pertenencia. Con el paso del tiempo entendió que no era necesario elegir entre distintos lugares, sino aceptar que podía sentirse vinculada a más de uno.

De ese proceso vital nace Hija del camino, una novela protagonizada por Sandra, una joven que crece entre diferentes referencias culturales y que atraviesa experiencias que muchas personas hijas de migrantes reconocen como propias. Aunque la historia incorpora elementos cercanos a la trayectoria de la autora, Sandra no pretende ser un retrato autobiográfico.

El personaje se construye a partir de múltiples experiencias. Algunas escenas se inspiran en vivencias personales, otras proceden de historias escuchadas a otras personas y otras forman parte de la dimensión ficcional de la novela. El objetivo era crear un personaje capaz de recoger una experiencia colectiva, una forma de vida compartida por muchas personas que se encuentran en situaciones similares.

Por esa razón, numerosas lectoras y lectores se han reconocido en la historia de Sandra. En la novela aparecen situaciones que forman parte de la vida cotidiana de quienes crecen entre distintas referencias culturales: la pregunta insistente sobre el origen, la sensación de no encajar completamente en ningún lugar o la necesidad de explicar constantemente quién se es y de dónde se viene.

Estas vivencias remiten también a la manera en que determinadas categorías sociales condicionan la percepción de la identidad. Mbomío Rubio reflexiona sobre la idea de raza y señala que no se trata de una realidad biológica, sino de una construcción social cuyo significado cambia dependiendo del contexto. Una misma persona puede ser percibida de maneras distintas según el lugar en el que se encuentre.

El color de piel, el acento o determinados rasgos físicos pueden activar interpretaciones diferentes en cada contexto social. En ese proceso intervienen también factores como el pasaporte o las condiciones administrativas que permiten o limitan el desplazamiento entre países. La identidad, por tanto, no se construye únicamente desde la experiencia individual, sino también desde estructuras sociales y políticas que influyen en la manera en que las personas son leídas por los demás.

Durante su infancia, muchas de las imágenes que circulaban en los medios de comunicación sobre África estaban dominadas por narrativas muy limitadas. Las referencias habituales estaban asociadas a hambrunas, conflictos o situaciones de pobreza, lo que contribuía a construir un imaginario simplificado sobre el continente.

En ese contexto aparecían preguntas que reflejaban el grado de desconocimiento existente. Algunas personas llegaban a plantear dudas tan básicas como si en África había sillas o mesas, un ejemplo que ilustra hasta qué punto las representaciones mediáticas pueden moldear la percepción de lugares complejos y diversos.

Frente a esas imágenes externas, los relatos familiares ofrecían una mirada diferente. Las historias que su padre compartía sobre su infancia en Guinea Ecuatorial hablaban de la vida cotidiana, de la escuela, del pueblo o de las experiencias compartidas con amigos y familiares.

Esas narraciones domésticas funcionaban como una contranarrativa frente a los discursos dominantes sobre el continente africano. A través de ellas era posible construir una relación más cercana con ese lugar y entenderlo desde una perspectiva distinta a la que predominaba en los medios.

En muchos momentos, esas historias actuaban también como un punto de apoyo frente a situaciones de racismo o comentarios que cuestionaban la pertenencia. Los relatos transmitidos en el ámbito familiar ofrecían otra forma de comprender el origen y permitían construir un vínculo con ese territorio desde una dimensión afectiva y cotidiana.

La escritura de Hija del camino se alimenta precisamente de esa tensión entre las narrativas externas y las experiencias íntimas. La novela combina desplazamientos geográficos con viajes interiores para mostrar cómo los contextos influyen en la manera en que una persona es percibida y en la forma en que se percibe a sí misma.

Como periodista, Mbomío Rubio está acostumbrada a trabajar con formatos que obligan a sintetizar las historias. Muchas entrevistas o reportajes deben adaptarse a un tiempo o a un espacio limitado, lo que a menudo implica reducir los matices de determinadas experiencias.

La literatura, en cambio, ofrece la posibilidad de desarrollar esas historias con mayor amplitud. En una novela es posible detenerse en los detalles, explorar las emociones de los personajes y jugar con el lenguaje para construir escenas que reflejen con mayor complejidad la experiencia humana.

Esa libertad narrativa permite también combinar vivencias reales con elementos de ficción para construir relatos que reflejen experiencias compartidas. Algunas situaciones de la novela parten de experiencias personales, mientras que otras se inspiran en historias escuchadas o en episodios imaginados para dar forma a una realidad colectiva.

Con el paso del tiempo, muchas personas han señalado que el libro les ha permitido reconocer en la historia de Sandra experiencias que también habían vivido. Cuando relatos similares aparecen en contextos distintos, esas vivencias dejan de percibirse como episodios aislados y comienzan a entenderse como parte de una experiencia compartida.

En ese sentido, la novela pone de relieve el carácter intersubjetivo de muchas de estas experiencias. Las vivencias individuales se entrelazan con otras similares hasta revelar la existencia de dinámicas sociales más amplias que influyen en la forma en que se construyen la identidad, la pertenencia y la memoria.

Desde esa perspectiva, Hija del camino se convierte en un espacio donde esas experiencias encuentran un lugar desde el que ser contadas. La obra ha sido descrita por su autora como una especie de abrazo con carácter retroactivo, dirigido a quienes crecieron sintiendo que sus vivencias quedaban fuera de los relatos habituales. Como define la escritora, son historias escritas desde los márgenes.

Encuentro del Club de Lectura Decolonial el pasado sábado en La Librería. -Cedidas por la organización-

Club de lectura Decolonial

El Club de Lectura Melilla celebró el pasado sábado un encuentro en La Librería, en la calle General O’Donnell, dedicado a la novela Hija del camino, de la escritora Lucía Asué Mbomío Rubio. La sesión se enmarcó en la propuesta Decolonizar desde la lectura y estuvo moderada por Salma Halifa Elidrissi y Giulia Sensini.

La coordinadora del club valoró la actividad de forma muy positiva, destacando especialmente la implicación de las participantes. Aunque la asistencia fue menor de lo habitual, Sensini explicó que las personas presentes “estaban muy involucradas con el texto”, lo que permitió generar un debate profundo en torno a los temas que plantea la obra.

Durante el encuentro se abordaron cuestiones como el racismo entendido como una forma de violencia estructural y la presencia de prejuicios interiorizados en la sociedad. Entre los ejemplos comentados figuró la tendencia a preguntar de dónde es una persona basándose únicamente en el color de su piel, una idea que las participantes identificaron como una concepción problemática.

Según explicó Sensini, uno de los aspectos más valorados del libro fue su capacidad para transmitir estas reflexiones de forma clara y accesible. Este enfoque, señaló, resulta especialmente significativo en un contexto como el de Melilla, una ciudad marcada por su carácter fronterizo.

El debate también permitió reflexionar sobre los estereotipos raciales presentes en la vida cotidiana y sobre la necesidad de cuestionarlos. En ese sentido, las participantes coincidieron en que la deconstrucción de estas ideas preconcebidas forma parte de un proceso largo que requiere reflexión y aprendizaje continuo.

Tags: Club de Lectura DecolonialGiulia SensiniHija del caminoLucía Asué Mbomío RubioSalma Halifa Elidrissi

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