Francisco Bondanini es un romano que, desde 2013, está al frente de Oxígeno Laboratorio Cultural. La organización cumple una función social, didáctica y cultural en la ciudad y trabaja sobre tres ejes centrales, con iniciativas pensadas para un público variado. Por ejemplo, gestionan el Espacio Jazmín, situado en el Mercado Central de Melilla.
En pleno barrio del Rastro, dirigen talleres en horario de tarde para niños y niñas. El centro cultural y de ocio educativo es un espacio de juego que ofrece, además, apoyo escolar. “Por la mañana es una pequeña biblioteca-sala de estudio donde la gente puede estudiar, leer o sentarse ahí tranquilamente, y por la tarde se transforma en un espacio para la infancia”.
Por otra parte, organizan actividades en el espacio público de la periferia melillense. Para ellos es fundamental salir de lo que es la zona céntrica. Se mueven, especialmente, en el entorno de Cabrerizas, del Monte Cristina o del Rastro. En verano, sí impulsan los “Explora” nocturnos por Melilla la Vieja y el centro modernista.
José Oña, de Oxígeno Laboratorio Cultural, es quien suele llevar las visitas de “Explora”, el proyecto que comparten junto a la Consejería de Cultura, Patrimonio Cultural y del Mayor. El planteamiento es que sea un recorrido vivencial atravesado por anécdotas, actuaciones musicales y paradas en puntos de interés que solo los locales conocen.
“Diálogos Sonoros” es una de las propuestas que llega para el próximo fin de semana. Oña llevará al grupo al Monte Cristina con grabaciones de audio y algunas sorpresas que no ha querido desvelar. El evento se llevará a cabo el viernes 22 de mayo a partir de las 18:30 horas. El punto de encuentro será, como es ya habitual, la Plaza Martínez Campos.
“La idea es hacer visitas turísticas pero que no sean turísticas, para conocer la ciudad más allá del espacio centro”. A veces, concluyen la ruta en asociaciones de vecinos con una degustación de productos típicos. El objetivo de la asociación era, primordialmente, acercar a los vecinos y visitantes a la periferia, que hasta hace poco parecía un espacio tabú.
Otras veces han llevado el cine o el teatro a los barrios. La última línea de actuación de la entidad tiene el foco puesto en la literatura. Se trata de un festival juvenil que es cada vez más popular entre los melillenses. Suele ser en otoño o invierno. La organización invita a algunos autores de libros que los alumnos de los centros educativos leen a lo largo del año.
No solo en colegios e institutos, también llevan el proyecto a la Escuela de Arte y a los centros de mayores. Se refuerza con ello la idea de que “la literatura no sea solo para la gente adulta”. Pretenden empezar “desde abajo, desde los más pequeños, para que tengan un poco el hábito de la lectura”, comenta Bondanini.
El presidente de Oxígeno Laboratorio Cultural cursó estudios de Comunicación e hizo un doctorado en Antropología Social en Granada. En Melilla puso en marcha su metodología. Trabajaba con jóvenes migrantes y dio el salto al terreno de los barrios. De ese pequeño grano de arena surgió una gran montaña y fundaron la asociación.
“La idea era generar cultura fuera del centro de la ciudad mediante actividades artísticas y educativas y crear una metodología participativa”. Implican directamente a los vecinos de cada barrio, como ocurrió en el último encuentro de “Diálogos Sonoros”, que transcurrió en la zona del grupo de viviendas Rusadir con músicos del ámbito supralocal.
La organización lleva más de una década incidiendo en la vida social y cultural de la ciudad autónoma. Además, juegan un rol central dando visibilidad a los barrios periféricos, recordando que hay mucho que conocer más allá del centro histórico de Melilla, así como en las acciones que organizan y que tienen un impacto positivo en la infancia y adolescencia.








