Hay escritores que llegan a la literatura buscando una profesión y otros que, simplemente, no pueden apartarse de ella. En el caso de Álvaro Cordón, la escritura apareció temprano, casi de manera inevitable, cuando apenas era un niño que comenzaba a descubrir el mundo desde las calles de una Melilla muy distinta a la actual. Tenía 11 años cuando empezó a escribir poesía y, desde entonces, nunca dejó de hacerlo. Lo que comenzó como fascinación juvenil por los versos terminó convirtiéndose en una trayectoria literaria y académica marcada por la poesía, la investigación lingüística y la reflexión cultural.
Cordón recuerda una Melilla “exuberante”, llena de vida y marcada por una convivencia cotidiana entre culturas. Una ciudad en la que musulmanes, hebreos, gitanos e hindúes compartían espacios, barrios y relaciones humanas en una normalidad que, según explica, terminó moldeando su forma de entender la vida. A ello se sumaba la llegada constante de familias procedentes de distintos puntos de España, lo que convertía a la ciudad en un lugar especialmente diverso y dinámico.
Aquella realidad también estaba atravesada por una intensa actividad cultural. El escritor evoca las funciones teatrales, los espectáculos nacionales y unos años en los que el acceso a la cultura formaba parte de la vida cotidiana. Los nombres de García Lorca, Lope de Vega, Bécquer o Rubén Darío aparecieron muy pronto en su formación gracias a profesores que despertaron en él una pasión temprana por la literatura, la filosofía y el pensamiento.
Esa conexión con la lectura derivó naturalmente hacia la escritura. La poesía fue el primer territorio creativo que exploró y continúa ocupando un lugar esencial dentro de su obra. Sin embargo, Cordón nunca entendió la creación literaria desde la rigidez o la obligación. Su manera de escribir ha estado siempre ligada a la libertad personal y a la inspiración del momento.
A lo largo de los años fue construyendo una obra poética amplia y diversa formada por títulos como Tiempo abierto, Tiempo oblicuo, Poemas singulares, Viento albo, Vivires, Azules y bronces, Umbral de lunas, Balcones del Paraíso, Amada España y Versos de vuelta.
Pero la trayectoria de Álvaro Cordón va mucho más allá de la poesía. Su interés por el lenguaje y el pensamiento lo condujo también hacia el ensayo, la divulgación y la investigación lingüística. Formado inicialmente en Magisterio y posteriormente en Filosofía y Letras en las universidades de Granada y Málaga, terminó desarrollando una importante carrera académica vinculada a la lingüística, culminada con su doctorado en la Universidad de Málaga dentro del Programa de Lingüística, Literatura y Traducción.
Gran parte de su trabajo investigador gira en torno a la organización y clasificación de las palabras. Entre sus publicaciones destacan Rimadario, Léxico en rimas, Inventario léxico, Inventario actualizado y Lenguaje inclusivista, obras que reflejan una mirada analítica sobre la estructura del idioma. Según explica el propio autor, su sistema de clasificación léxica por terminaciones, acentuación y número de sílabas fue desarrollado durante años de trabajo y llegó a ser referenciado por instituciones como el Instituto Cervantes y la Universidad Complutense de Madrid.
Lejos de abandonar esa línea de investigación, Cordón continúa trabajando en nuevos proyectos relacionados con el lenguaje. Uno de ellos es un diccionario pensado especialmente para poetas y escritores, organizado a partir de conceptos universales como el amor, la tristeza, la alegría o el odio. El propósito es facilitar asociaciones rápidas de palabras e ideas que sirvan como herramienta creativa para otros autores.
Paralelamente, el escritor melillense ha mantenido una presencia constante en el ámbito periodístico y divulgativo. A lo largo de su trayectoria ha publicado numerosos artículos de opinión y colaboraciones en distintos medios y revistas culturales, además de participar en encuentros y congresos relacionados con la educación, la lingüística y la cultura. Entre ellos figura su participación en el XIII Encuentro de Morfólogos (MorfoMálaga 2017) y en el Congreso Internacional sobre Vulnerabilidad y Cultura Digital.
Dentro de su producción ensayística ocupa un lugar destacado el libro Fernando Arrabal: melillense, africano y mirobrigense, centrado en una de las figuras culturales más universales vinculadas a Melilla. Cordón aborda en esta obra no solo la dimensión artística del dramaturgo, novelista y cineasta, sino especialmente su faceta humana, convencido de que gran parte de los análisis sobre Arrabal habían dejado en segundo plano a la persona detrás del creador.
La aproximación al autor de El cementerio de automóviles y fundador del movimiento pánico surgió, en parte, de la necesidad de reivindicar su importancia para Melilla. Cordón considera que Arrabal representa uno de los mayores referentes culturales nacidos en la ciudad y lamenta que, durante años, su figura no haya recibido toda la atención institucional y cultural que merece.
En esa reivindicación aparece también la defensa del legado arrabaliano como patrimonio cultural melillense. Cordón subraya el valor internacional de una trayectoria literaria y artística que abarca teatro, novela, poesía, pintura, ajedrez y cine, además de su estrecha relación con intelectuales y artistas de primer nivel mundial. Para el escritor melillense, la dimensión universal de Arrabal convierte su figura en un escaparate cultural de enorme importancia para la ciudad.
La obra dedicada al dramaturgo fue construida a partir de conversaciones personales, testimonios de personas cercanas y documentación recopilada durante años. Cordón destaca especialmente el trato humano y cercano que recibió por parte de Arrabal, a quien define como una persona generosa y profundamente vinculada emocionalmente a Melilla.
El autor también pone en valor la necesidad de preservar y difundir la memoria cultural de la ciudad, no solo a través de figuras como Arrabal, sino también mediante elementos patrimoniales como la arquitectura modernista o el conjunto histórico de Melilla la Vieja. A su juicio, todos ellos forman parte de una riqueza cultural todavía insuficientemente conocida fuera de la ciudad.
La creación literaria y la actividad cultural han acompañado a Cordón durante toda su vida. Fue fundador del grupo poético melillense “Alma Libre”, integrado por cinco escritores locales, y forma parte de entidades como la Asociación Colegial de Escritores de España y CEDRO. Además, recibió la Medalla de Oro de la Unión Nacional de Escritores de España como reconocimiento a su trayectoria.
A sus 80 años, Álvaro Cordón sigue escribiendo con la misma naturalidad con la que comenzó siendo un adolescente fascinado por la poesía. Entre investigaciones lingüísticas, artículos, ensayos y versos, continúa desarrollando una obra profundamente vinculada al lenguaje, la cultura y la memoria de Melilla, la ciudad que marcó el origen de toda su trayectoria literaria.








