Verano negro contra la violencia machista: Melilla suma un minuto de silencio más por las víctimas

La jefa de la Unidad de Violencia de Género: "Se están salvando vidas, pero todos los esfuerzos son pocos"

La violencia machista no cesa. Cada nombre, cada rostro, cada vida truncada, constituye un recordatorio desgarrador de que la igualdad aún es una deuda pendiente. En un país que acumula más de 1.300 asesinadas desde 2003, el minuto de silencio celebrado en Melilla por las tres últimas víctimas fue mucho más que un gesto: fue un grito contenido contra la negación, la indiferencia y la resignación. Desde la Delegación del Gobierno, voces como la de Sabrina Moh y Laura Segura exigieron compromiso social, educación y unidad para frenar esta tragedia estructural.

Esta coincidencia pone el foco en una realidad a menudo invisibilizada: la violencia machista no se limita a la juventud ni a relaciones recientes. Afecta también a mujeres que han pasado décadas atrapadas en relaciones marcadas por el control, el maltrato y el miedo.

¿Qué hace que mujeres adultas, con experiencia vital y en muchos casos con hijos ya mayores, no puedan salir a tiempo del círculo de la violencia? Las expertas señalan factores como la dependencia económica, el aislamiento emocional, el miedo al estigma o la interiorización del maltrato como algo “normal” tras años de convivencia. Muchas de estas mujeres no llegan a pedir ayuda hasta que es demasiado tarde. Este perfil, tristemente, sigue repitiéndose en las estadísticas.

“Queremos trasladar nuestra más rotunda condena por estos tres asesinatos machistas y nuestro más sentido pésame a sus familiares y seres queridos”, ha expresado la delegada del Gobierno, Sabrina Moh, Moh, quien ha insistdo en la necesidad de usar la Educación como herramienta clave para combatir esta deriva:  “Tenemos que concienciar a la sociedad de que esto no es un problema de las víctimas, es un problema nuestro como sociedad. No podemos dejar todo el peso en las mujeres que están siendo maltratadas"esta deriva.

El mapa real de la violencia en Melilla

La asturiana, Susana, de 49 años, la alcarreña, Rami Virginia, de 41 años, y la canaria María del Carmen, de 60 años han compartido algo más que su trágico destino: todas superaban los 40 años. Esta coincidencia pone el foco en una realidad a menudo invisibilizada. Y es que, la violencia machista no se limita a la juventud ni a relaciones recientes. Afecta también a mujeres que han pasado décadas atrapadas en relaciones marcadas por el control, el maltrato y el miedo.Si bien Melilla no registra víctimas mortales en lo que va de año, más de 240 mujeres están bajo protección en el sistema Viogen. “Un porcentaje mínimo de la realidad de la violencia en nuestra ciudad y mínimo de la realidad de los menores”, asegura Segura, quien detalla, además, que el 80 % de esas mujeres son madres, con una media de dos o tres hijos a su cargo. A pesar de que solo se denuncia un 25 % de los casos, las llamadas al 016 no han dejado de crecer en los últimos años, un dato que refleja tanto el sufrimiento oculto como la creciente confianza en los recursos disponibles.

Segura atribuye este avance a la acción institucional coordinada: “Esto tiene que ver con la sensibilización, la formación, la difusión de todos los recursos que existen en violencia de género, e intentar mostrar a las víctimas —pero también a la sociedad— el trabajo conjunto con fuerzas de seguridad, el ámbito judicial y el resto de las administraciones implicadas”.

Este trabajo no solo se refleja en Melilla, sino también a nivel nacional: en 2024 se registraron aproximadamente 199.000 denuncias, el máximo histórico, frente a una media de 166.000. Según Segura, “hay un mayor número de denuncias, bajan el número de mujeres asesinadas, que también hay que decirlo”. Aunque subraya que “con que una sola mujer sea asesinada en nuestro país, tenemos un problema”, pone en valor que se están salvando vidas. Por eso, concluye con un mensaje de esperanza vigilante: “Esperemos que el mes de julio y agosto no salga como viene siendo y podamos ver cómo se va reduciendo este número poco a poco”.

Porque callar durante un minuto puede ser también una forma de hablar alto y claro: que no vamos a acostumbrarnos, que no vamos a permitir que sigan matándolas, y que no vamos a callar ante quienes niegan lo que duele.

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