La situación de ‘marginación’ económica y social que sufren muchos melillenses que residen en los distritos IV y V no sólo es un riesgo para la estabilidad y la paz. También es una injusticia a la que hay que empezar a poner solución cuanto antes. La prosperidad de nuestra ciudad depende de que el progreso sea equilibrado y justo. En caso contrario, nos podemos encontrar a la vuelta de la esquina con serios problemas. Basta con ver qué ocurre en el Barrio del Príncipe de la ciudad hermana de Ceuta para comprobar los riesgos a los que nos enfrentamos.
Las advertencias sobre este problema que el Partido Popular realiza en su propuesta de Pacto Social recibirán, con toda seguridad, el respaldo del resto de formaciones. Los desacuerdos pueden llegar a la hora de decidir cómo encarar esta situación, que por otra parte es conocida por todos y que viene reclamando medidas urgentes desde hace tiempo. Quizá plasmar esta realidad negro sobre blanco ayude a buscar soluciones, pero no hay que equivocarse creyendo que el documento en sí es suficiente para paliar las necesidades que sufren estos melillenses. En este sentido, el Pacto Social debe ser entendido sólo como el primer paso de un largo camino que hubiera sido necesario empezar a recorrer hace tiempo. Si aún no se ha hecho, deberíamos aprovechar este retraso para, al menos, intentar alcanzar el consenso sobre cómo abordar la situación.
Los remedios para estas zonas deprimidas de Melilla deben construirse sobre dos pilares: Educación y desarrollo económico. Sin estos dos puntos de apoyo, cualquier actuación está llamada al fracaso. En todo caso, debemos ser conscientes de que los remedios pueden perder su efectividad, aunque sean acertados, si no se aplican “con una intervención decidida y singularizada”, como propone el propio Pacto Social. Aún estamos a tiempo de acordar medidas y ponerlas en marcha, pero cada día que pasa es uno menos para que se produzca el “estallido social”, del que también se advierte en ese documento.







