Melilla conmemoró ayer uno de los episodios más importantes de su historia. Era el 19 de marzo de 1775, hace 251 años, cuando el sultanato depuso su actitud y retiró el asedio a la ciudadela amurallada, lo cual suponía la victoria de España sobre el enemigo, que tenía sitiados a aquellos bizarros melillenses desde hacía tres meses, pero que no pudieron doblegar su voluntad de resistir, gracias, en buena parte, a los refuerzos enviados desde la península y a la propia armada española, que acabaron con cualquier posibilidad de que el sultán se hiciera con esta tierra. Al mando del mariscal Sherlock, después de cien días, Melilla quedó libre del implacable acecho.
Ya en 1775, Carlos III dejó muy claro que España no tenía intención alguna en deshacerse de esta ciudad, a la que llegó Pedro de Estopiñán con un puñado de hombres en septiembre de 1497 para que quedara bajo la corona de Castilla. Desde entonces hasta ahora, más de 528 después, aquí no se ha conocido otra soberanía que la española, por mucho que les moleste a más de uno y de dos dentro y fuera de nuestras fronteras.
Por eso no es extraño que el presidente Imbroda utilizara la efemérides para responder a un exasesor del Pentágono de nombre Michael Rubin, analista internacional, quien en los últimos días había apostado por que Marruecos lanzara una nueva "marcha verde", esta vez sobre Ceuta y Melilla. Antes también había recomendado a Trump que avalara la marroquinidad de las dos ciudades autónomas españolas en el norte de África, tal y como había hecho ya con el Sáhara.
Lo curioso es que ni siquiera la prensa del reino alauita le ha hecho demasiado caso a los exabruptos del personaje, que trataba de "colonos" a ceutíes y melillenses, a los que pedía expulsar de sus ciudades, cosa que Rabat jamás ha propuesto. Nunca, ni en los peores momentos de crisis entre Madrid y Rabat, los más acérrimos nacionalistas marroquíes propugnaron echar de sus ciudades a ceutíes y melillenses.
En definitiva, quizás ese señor, por muy sesudo e importante que sean en los thinks tanks norteamericanos, esté tratando de cuidar sus propios intereses. Se le relaciona, de hecho, con los lobbys proisraelíes de Estados Unidos y ya sabemos todos las pocas simpatías que España despierta en Israel, país con el que las relaciones están prácticamente rotas, sobre todo después de que el ministro Albares cesara a la embajadora.








