Melilla tuvo en el mes de abril buenos datos de empleo con la incorporación de 155 personas al mundo laboral, una buena cifra que pone de manifiesto el crecimiento en el último año, superior al 10%. Se trata, sin duda, de una buena noticia, fundamentalmente porque implica que hay más de un centenar de familias que disponen de un salario con el que cubrir sus necesidades. El problema es que no se trata de trabajo estable, sino todo lo contrario.
Resulta evidente que la bajada del paro se debe, básicamente, a los contratos correspondientes a los planes de empleo de la Delegación del Gobierno que se firmaron en el mes de abril y que tienen una duración limitada a los seis meses. Es decir, no es creación de puestos de trabajo estables y que permitan a estas personas desarrollar una carrera profesional. Estamos hablando de un período limitado en el tiempo, que lavan la cara y maquillan las cifras, pero que no se corresponden con un crecimiento de la economía como elemento generador de empleo.
Por eso resulta forzada la posición tanto del PSOE como del SEPE, que tiran las campanas al vuelo, hablan del menor paro de la historia y de que las políticas del Gobierno de Sánchez están funcionando en la ciudad. Ahí solo hay propaganda, como bien se han encargado de manifestar el resto de los partidos políticos de Melilla, que hablan de bajada "coyuntural" del paro (CpM), de la emigración de jóvenes en busca de oportunidades (Somos Melilla) y de falta de colaboración del Ejecutivo de España a la hora de abordar medidas reales para puestos de trabajo netos (PP).
Lo que esta ciudad necesita es que el Gobierno central se ponga manos a la obra para ayudar a Melilla a desarrollar las líneas estratégicas de su reconversión económica. Esto es, poner en marcha soluciones al transporte aéreo para reducir al mínimo las cancelaciones de los vuelos, sufragar el coste de la ampliación de titulaciones universitarias que ahora se hace a costa de los melillenses, fijar por ley la bonificación de la Seguridad Social a todos los trabajadores independientemente de que sean o no temporales y poner en marcha inversiones en materias como la construcción de viviendas, entre otras cuestiones.
Solo con el empuje a un nuevo modelo productivo para la ciudad será posible que haya crecimiento y con él, creación de puestos de trabajo reales. Cierto es que los planes de empleo no deben desaparecer como medida coyuntural de apoyo y ayuda a los parados, pero no pueden convertirse en la única forma de que se formalicen contratos en Melilla.








