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Santas y Sagradas Pascuas

por Antonio Salido
07/04/2024 10:32 CEST
Santas y Sagradas Pascuas

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Semana Santa, y con ella muchos se echan o se echaron a las calles para presenciar las procesiones que, a ritmo de tambor, marcharon por toda la geografía española. Otros, sin embargo, lo de la Pasión de Cristo les trae sin cuidado y se lanzan por las pistas de las estaciones de esquí abiertas, muchas por cierto cubiertas de nieve en esta ocasión. Otros preferimos zonas rurales o ir al mar, eso sí, como en mi caso, sin meter un dedo en el agua, y es que la edad no perdona, recuerdo en muchos años anteriores, pero con mucha menos edad, que sí me daba mis primeros baños de temporada aunque aún no lo fuera incluyendo mi adolescencia y juventud en mi Melilla nativa del alma. Ahora, a pesar del calentamiento global, a estas alturas, cualquier mar me parece frío. Si hablamos en términos religiosos podemos decir que en estas fechas hay diáspora general hacia todas partes. Las vacaciones de Semana Santa, son tradicionalmente delas más celebradas a pesar de las imprevisibles inclemencias del tiempo, porque por tradición suele ser una semana de cielos tristes y lluviosos.

No he llegado a moverme a ningún sitio, como ocurría en mi edad escolar en nuestra querida tierra melillense, la mayoría deseábamos que llegara la Semana Santa para descansar del colegio e instituto, reunirnos en torno a un descampado en la playa o en la cuesta de la Cañada cercana al cementerio y con un balón reglamentario de aquellos antiguos con válvula y cordones, untarlos de cebo, o bien con una simple pelota montarnos nuestro buenos partiditos entre chavales, chaveas o chinorris y contendientes de diferentes barrios cercanos.

Aquí en Castellón y en mi hogar llegó la semana pasada y con el firme propósito de comer moderadamente a fin de conservar el peso al que he llegado (13,5 kg. Menos que hace 5 meses) después de muchos días de disciplina, glucosa y colesterol me han bajado en gran porcentaje, pero, ¡Alarma!, aunque no mucha por suerte. Tras varias comidas o más bien almuerzos de media mañana con amigos, de esas que se alargan por culpa de un buen anfitrión que va ofreciendo alcoholes y dulces variados, he observado con estupor la facilidad con la que mi cintura ha sido capaz de recuperar en pocos días anteriores hechuras perdidas durante un fatigoso y sacrificado proceso de dietas, bueno, tampoco hay que exagerar tanto.

Me decía uno: no te preocupes, es que tienes el metabolismo lento. Como si teniendo este dato bastara para resolver la batalla contra el aumento de peso.

Llegaron además las suculentas torrijas y con ellas la tentación de comérselas. Prometí no probar ni una durante esas fechas, burda mentira y no hizo falta que alguien me dijese: «Prueba una», y claro, no fue una sino dos o tres ¡ Hay que joderse, qué ricas!

Lo que para muchos la Semana Santa supone la pasión, muerte y resurrección de Cristo, cosa que no no critico, sino todo lo contrario, allá cada uno con sus gustos y más o menos devoción; para mí representa la tentación, caída y resurrección de unos kilos perdidos a base de ayuno-dieta a base de renunciar a hidratos y negación de todo lo que lleva azúcar.

No he sabido qué hacer o sí: ¿Buscar recogimiento dándole la espalda a los placeres mundanos, o entregarme de lleno al pecado y Santas Pascuas? Lo siento, tengo que pedir perdón por alguna que otra “mentirijilla” sin mayor importancia, mi familia y amigos saben que aunque me haya pasado un “poquito”, sigo con mis 13 kilos menos y haciendo caso a mi endocrino, ¿O se dice endocrina? Ya que es doctora.

Salud paisanos, alimentos sanos, trabajo bien retribuido, buen rollete siempre y respeto a toda creencia y condición.

Tags: almuerzospasión

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