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Recordando a Carmen Conde en el XXX aniversario de su viaje a la eternidad

por Isabel Migallón
07/01/2026 09:49 CET
Recordando a Carmen Conde en el XXX aniversario de su viaje a la eternidad

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Mi admirada Carmen:

Hace tiempo que deseaba escribirte, pero por diversas circunstancias lo he ido posponiendo hasta que ¡por fin! me he decidido a hacerlo motivada por una efeméride que no quería dejar pasar.

Se cumplen hoy, 8 de enero, tres décadas de tu partida hacia el Olimpo de los Inmortales, en el que te aguardaban tus admirados Juan Ramón Jiménez y Gabriela Mistral, por citar algún nombre.

En esa eternidad que todos esperamos alcanzar algún día también te aguardaban tus padres Luis y Mª Paz, así como Antonio y Amanda, dos personas muy importantes en tu vida.

Durante estos últimos meses he ido conociéndote un poco a través de algunos de tus libros autobiográficos, que han llegado a mis manos gracias a mi hija, Lorena, gran admiradora tuya también. Y con ello se ha acrecentado mi interés por ti y por tu obra literaria, tan variada como prolífica.

Una vida, la tuya que nos habla de una mujer valiente, luchadora desde la más tierna infancia; parte de ella vivida en Melilla. Como tú misma expresaste en alguna ocasión, esos años te marcaron profundamente. Cierto que no todo fue “un camino de rosas” en ella. Pero supiste ver, primero con tus ojos de niñas y luego pasado el tiempo, la esencia de esta ciudad, pequeña geográficamente hablando, pero grande y acogedora, emocionalmente.

El día que marchaste de ella te llevaste lo mejor, el recuerdo y el cariño de sus gentes. Personas que llegaron a tu vida y se quedaron para siempre en ella.

Aún no habías cumplido los siete años y desde tu Cartagena natal, partiste junto a tu madre, rumbo a un lugar, probablemente desconocido, donde os esperaba tu querido padre.

Y Melilla, y los melillenses te acogieron con los brazos abiertos y te abrazaron con ternura y cariño. Una etapa que reflejas con maestría y pasión en tu obra Empezando la vida: memorias de una infancia en Marruecos (1914.1920).

Una ciudad en pleno crecimiento, tanto urbanístico como poblacional. Que vivía muy pendiente de lo que ocurría en las zonas cercanas de Marruecos donde un año después de tu partida se desencadenaron una serie de enfrentamientos que culminaron con el llamado “Desastre de Annual”. Estoy segura de que, a pesar de tu juventud, estos acontecimientos no te fueron ajenos y viviste con incertidumbre y temor lo que podía ocurrir a Melilla.

Un día de 1920 dejaste atrás el continente africano para regresar a tu Cartagena. Deseabas seguir estudiando, pero la economía familiar, nada boyante, te llevó a presentarte en 1923 a unas pruebas de acceso convocadas por la Sociedad Española de Construcción Naval. Ello no fue impedimento para que alcanzaras tu sueño de ser maestra y dedicarte a la docencia. Pero también a tu “gran pasión” que era la escritura. ¡Qué dichosa debiste sentirte aquel 15 de abril de 1924 cuando viste publicado tu primer trabajo! A este siguieron muchos más que, poco a poco, conformaron tu producción literaria.

En 1927 llegaba a tu vida Antonio Oliver Belmás. Cuatro años después os dabais el “si quiero”. Tristemente no pudiste ver colmado tu deseo de ser madre, y volcaste todo tu amor en los demás y por supuesto, en la literatura.

No puedo dejar de mencionar en estas líneas a Amanda Junquera, otra de las personas fundamentales en tu vida, con la que tanto compartiste durante una época nada fácil para ninguna de las dos. Sobrevivir a una Guerra Civil y sobre todo a la posguerra os hizo fuertes y estrecho aún más vuestros vínculos.

Mi admirada Carmen, tu marcaste un hito en la historia de la literatura española, al ingresar en la Real Academia Española. La primera mujer que alcanzaba tan gran honor, algo que hasta entonces era impensable para nosotras.

Así pues, el 28 de enero de 1979, tomabas posesión de tu sillón, letra “K”, en tan ilustre institución, tras pronunciar tu discurso de ingreso titulado Poesía ante el tiempo y la inmortalidad.

Alegría y orgullo para tus seres queridos y también para aquellos amigos que dejaste en esta ciudad a la que volverías años después, al menos en dos ocasiones. Pudiste reencontrarte con algunos de ellos y conociste a personas maravillosas como Miguel Fernández, su mujer Lolita Bartolomé, un ser excepcional y mi querida y admirada Encarna León.

En estos primeros días de enero, a punto de cumplirse la efeméride que ha dado pie a estas líneas, visité tu última morada en la Sacramental de San Justo en Madrid que compartes con tu marido y tu madre. Fue un momento cargado de emoción y sentimiento.

Me he propuesto en este 2026, seguir conociéndote para admirarte un poco más, si esto es posible.

Pero también que, en esta ciudad, la Melilla que siempre llevaste en el corazón, tu nombre suene con la fuerza que mereces.

Quiero finalizar con unas palabras tuyas, publicadas en Empezando la vida:

“Un día nos iríamos nosotros también. Ya no veríamos más el Gurugú, ni nos empujaría con malos modos el agrio Poniente; ni me asustaría yo del Levante que envuelve a la ciudad con su manto de sal y de amenazas espesas. Sería de noche cuando salen los correos- Monte Toro, J.J.Sister, Ausías March, Castilla, Villarreal-

La gran lápida de, Muelle Villanueva, se irá borrando poco a poco; desde lejos ya no se verían sino las lucecillas del muelle, del faro y África cesaría como un sueño inolvidable…”

Gracias Carmen por tu poesía, por tu prosa, por tu gran producción literaria. Pero sobre todo por querer tanto a esta ciudad y convertirte, en una de las mejores   embajadoras que Melilla ha tenido y tendrá.

Mi admiración por ti será eterna. Besos al cielo.

           

 

Tags: efeméridemorada

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