La Jefatura Superior de Policía Nacional informó ayer sobre las tres primeras detenciones como consecuencia de los incendios de contenedores que Melilla ha padecido en las últimas semanas. De hecho, el propio consejero de Seguridad Ciudadana, José Ronda, ya había advertido que había un dispositivo conjunto con la Policía Local para identificar y arrestar a los autores de estos atentados contra el patrimonio público, tras los que, en palabras del presidente Imbroda, existía una "mano oscura", posiblemente interesada en transmitir la idea de inseguridad en los barrios periféricos de la ciudad.
Estos tres detenidos son dos menores, ambos de 15 años, y otro chico más de 18, que actuaba a modo de instigador y que, además, grababa la "hazaña" para subirla posteriormente a redes sociales. Y ahí estuvo la oportunidad de identificación, en las imágenes publicadas. Aunque rápidamente se dio cuenta del error y borró el vídeo, éste ya había sido localizado por los investigadores, que a partir de ahí lograron esclarecer los hechos.
Los incendios ocasionados presuntamente por este "trío de ases" (dos como manos ejecutoras y otro como autor intelectual) afectaron nada menos que a nueve contenedores, todos ellos ubicados en calles de la zona baja de Cabrerizas. Eso supone que destrozaron patrimonio público por importe de 23.500 euros, una cantidad nada desdeñable y que fue sufragada con cargo al dinero de todos los melillenses. Por eso, lo que cabe exigir ahora es que los padres de los menores y el detenido mayor de edad deban pagar el destrozo causado, lo cual supondría un desembolso de más de 7.000 euros por cabeza.
Independientemente de las responsabilidades penales que deban enfrentar, las familias tienen que abonar lo que sus hijos han quemado porque afecta a todos los ciudadanos y es de justicia que sean ellas las que hagan frente a la cuestión económica. Además, tocar el bolsillo puede ser la única forma de que los progenitores se cuiden muy mucho de que sus vástagos se dediquen a semejante salvajada. No hay mejor forma de educar que saber que, de no vigilar que sus hijos sean unos vándalos incívicos, les tocará rascarse el bolsillo o, en su caso, no poder acceder a ayudas públicas a la vista de la deuda contraída.
No obstante, es necesario llegar hasta las últimas consecuencias y sean arrestados todos y cada uno de los participantes que, de forma activa o pasiva, hayan tenido relación con los incendios. Sin olvidar, lógicamente, a aquellos que utilizan el fuego como excusa para poder apedrear después a bomberos y policías.









Pues vamos a felicitar a los padres por el regreso a casa de sus hijos, después de la hazaña en el campo de batalla. Estarán orgullosos de sus niños y del futuro que les espera como fracasados de la vida.