Melilla se despide con profundo dolor de Óscar Giménez, el inconfundible speaker que durante dos décadas puso voz, entusiasmo y alma a los grandes eventos de nuestra ciudad. Su fallecimiento deja un hueco imposible de llenar en el corazón de quienes lo conocieron y en la memoria colectiva de Melilla, que hoy llora a uno de sus ciudadanos más queridos.
Argentino de nacimiento pero melillense de corazón, Óscar llegó a la ciudad hace más de veinte años y desde entonces se convirtió en una figura imprescindible en la vida pública local. Su carisma, su cercanía y su voz vibrante lo hicieron inconfundible para varias generaciones de melillenses que lo escucharon animar eventos deportivos, carreras populares, competiciones escolares, pruebas militares o actos institucionales. Era, como muchos lo recuerdan hoy, la voz de Melilla.
Su nombre quedará inevitablemente ligado a pruebas tan emblemáticas como La Africana, una de las carreras más multitudinarias y queridas de la ciudad. También estuvo presente en numerosas ediciones del Desafío de los 300, en la San Silvestre, en torneos de fútbol base, atletismo, ciclismo, natación o triatlón. Allí donde hubiera un micrófono, una línea de salida y un público expectante, estaba él: con su voz cálida, su energía inagotable y esa capacidad tan suya de hacer sentir a todos protagonistas.
Óscar no solo animaba las carreras; animaba la vida, con una actitud siempre positiva, amable y cercana. Su trabajo como speaker no era un simple oficio, sino una vocación que vivía con pasión, profesionalidad y entrega absoluta. Quienes compartieron momentos con él lo recuerdan como una persona comprometida, empática y generosa, con una sonrisa siempre dispuesta y una palabra de ánimo para todos.
Pero más allá de su papel como animador de eventos, Óscar Giménez fue también un ejemplo de superación personal. Hace años fue sometido a un trasplante de pulmón, una experiencia que marcó su vida y lo convirtió en un firme defensor de la donación de órganos. Desde entonces, no dejó de agradecer aquella segunda oportunidad que le dio la vida, y usó su visibilidad pública para concienciar y promover este acto de generosidad que él mismo recibió con gratitud inmensa.
En los últimos tiempos, además de seguir vinculado al deporte y la animación, había iniciado un negocio propio de copistería y serigrafía, en el que volcó también su creatividad y espíritu emprendedor. Su energía parecía inagotable y su capacidad para reinventarse, admirable.
Melilla pierde hoy a un vecino ejemplar, a un profesional irrepetible, a una persona querida y admirada. La ciudad pierde su voz, pero su legado perdurará en cada recuerdo, en cada imagen, en cada sonido que evoque su presencia. Porque hay personas que, aunque se vayan, siguen estando. Y Óscar Giménez será siempre una de ellas.
Desde El Faro de Melilla, queremos expresar públicamente nuestro más sentido pésame a sus hijos, familiares y amigos, y unirnos al duelo de toda la ciudadanía que hoy lo despide con dolor, pero también con gratitud por todo lo que nos dejó.
Gracias, Óscar, por tanto.
Tu voz seguirá sonando en Melilla.








