• Contacto
  • Barcos
  • Portal del suscriptor
jueves 22 de octubre de 2026   - 06:43 CEST
El Faro de Melilla
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Faro de Melilla
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Faro de Melilla
Sin resultados
Ver todos los resultados
Inicio Opinión

Navidad

Si el mundo fuera perfecto no sería mundo, pero una cosa es la imperfección y otra la vuelta al tribalismo

Por Antonio Ramírez
18/12/2023 06:50 CET
Navidad
Compartir en WhatsappCompartir en FacebookCompartir en Twitter

Habría que ‘viralizar’ la tolerancia, la de hechos no la de simple pronunciamiento, para que la Navidad, más allá de su escenario de tradición y celebración, conservara el espíritu que la hizo universal: el nacimiento de la esperanza. Pero son muchas razones que la contraponen y demasiados intereses enfrentados que la debilitan.
Si el mundo fuera perfecto no sería mundo, pero una cosa es la imperfección y otra la vuelta al tribalismo, la ligadura a un grupo determinado de prácticamente pensamiento único y que ignora y rechaza por principio a otro ajeno. Y recordando a aquel pronunciamiento de Teócrito, habiendo tantas personas con ideas y otras tantas con simplemente ideología obedecida, impera lo segundo; condicionan la opinión, el ruido es suyo y dan poco o nulo margen a la reflexión y confrontación de opiniones, el enfrentamiento ocupa el espacio.
La Natividad sigue su curso bajo la ilusión de los pequeños y la expectación por ella de los mayores; un capitulo intenso para la memoria, el reencuentro, el recuerdo y también la añoranza que cada solsticio de invierno se renueva con los nuevos sucesos en la vida de cada cual, la pérdida o la ganancia que cataliza la vida misma a lo largo de su singladura durante todo un año. Muchas pequeñas historias individuales conforman la vocación de una sociedad en su conjunto que anhela a una Navidad, aunque cristiana, de sentimiento empático y compartido con la diversidad, de vocación ecléctica.
Navidad vivida, sentida y esperada cada cierre anual que no puede impedir, pese a su fuerza y persuasión, esa sombra de odio y negación que recorre nuestro presente, la actualidad que como un constante borboteo de la conciencia, recuerda todo un reguero de muerte, quiebra y destrucción. Acentuado en quienes inocentes mueren en desamparo, es la evocación llevada al extremo del egoísmo y la derrota de la condición humana que, incluso en niveles no tan trágicos, ahonda en la división de nuestro entorno por intereses partidistas o personales y, al fin y al cabo, espurios.

Siempre se puede creer que la condición humana contiene al menos lo imprescindible para perdonar, compartir y ayudar

Que la Navidad no sea una oportunidad perdida; que las demasiadas circunstancias, suficientes por si mismas cada una de ellas, no impidan que la esperanza siga combatiendo ante tantas llamadas (y ejercicio) al odio y el descarte. Si bien, pasados los hitos y efemérides que caracterizan a esta tradición navideña que abraza a todos y que es más un sentimiento en su esencia más pura que un periodo, tras ella todo parece volverá a su punto de partida. Con que haya alentado a la “mala conciencia” a pellizcar tanto frentismo y codicia, también para eso habrá servido.
Los buenos deseos tienen que ser siempre superados por hechos tangibles y aunque motivos no se ahorran para abocar al desánimo, siempre es posible creer que la condición humana, presa de tantas emociones y ambiciones, contiene al menos lo imprescindible para perdonar, compartir, compadecer y ayudar. El mundo va veloz, la Navidad pese a la modernidad y tendencias como parte del acervo, sobre todo, de la cultura occidental, pero siempre abierta a cualquier confín, significa igualmente reflexión, relativa pausa y recuento de los valores que prácticamente toda la generalidad de gentes abrazan.
Un niño, Jesús desde el arraigo de la tradición, vino como consuelo y ungüento para sanar lo humano. En los días del solsticio invernal, donde el sol siempre desfallece a su duración más corta, una luz cada año renueva, por su intensidad y verdad, esa esperanza que tiene como principal enemigo a la injusticia. Feliz Navidad.

Etiquetas: Colaboración

Contenido relacionado

Declaración por el reconocimiento vital y la visibilidad de la menopausia

Declaración por el reconocimiento vital y la visibilidad de la menopausia

hace 4 días
“No hay ninguna ciudad que pueda competir con Ceuta y Melilla en españolidad”

“No hay ninguna ciudad que pueda competir con Ceuta y Melilla en españolidad”

hace 5 días
La visita

La visita

hace 1 semana
Habermas tenía claro que Europa debía regenerarse éticamente

Habermas tenía claro que Europa debía regenerarse éticamente

hace 2 semanas

Sabrina Moh acusa al PP de "jugar con la vivienda"

hace 3 semanas

Rectificación solicitada por Amín Azmani

hace 1 mes

Lo más visto

  • Paralizadas las obras en uno de los locales de la mezquita del Tesorillo

    Paralizadas las obras en uno de los locales de la mezquita del Tesorillo

    0 compartidos
    Compartir 0 Tuitear 0
  • Huye para no ser detenido y retiene a una persona en la casa donde se escondía

    0 compartidos
    Compartir 0 Tuitear 0
  • González de Quevedo asume la dirección del Centro de Historia y Cultura Militar de Melilla

    0 compartidos
    Compartir 0 Tuitear 0
  • Melilla por fin tendrá una aplicación de transporte para consultar los tiempos de espera al instante

    0 compartidos
    Compartir 0 Tuitear 0
  • Aulas Culturales afronta su próximo curso con éxito de matriculaciones

    0 compartidos
    Compartir 0 Tuitear 0
  • Medio auditado por   
  • Contacto
  • Aviso legal
  • Términos de uso
  • Política de privacidad
  • Política de Cookies

Grupo Faro © 2026

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión

Grupo Faro © 2026