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El PSOE de Melilla y el sonrojo que nunca llega

por Rosa de Alejandría
31/03/2026 08:30 CEST
Melilla

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Si algo caracteriza al PSOE de Melilla en sus últimas intervenciones públicas es una sorprendente capacidad para decir exactamente lo contrario de lo que cabría esperar de quien gobierna en España desde hace años. Sus recientes declaraciones sobre la vivienda no solo evidencian una falta de coherencia política, sino algo aún más llamativo: una absoluta ausencia de sentido del ridículo.

El secretario de Vivienda socialista, Antonio Méndez, ha decidido cargar contra el Gobierno local del PP por la subida del alquiler —cerca de un 11%— y por una supuesta falta de planificación. El diagnóstico, en parte, es correcto: el problema de acceso a la vivienda es real, grave y creciente. Pero el señalamiento resulta, como mínimo, cínico cuando procede de un partido que lleva años prometiendo soluciones desde el Gobierno central sin que esas promesas se hayan materializado.

Porque conviene recordar algo que el PSOE parece olvidar con facilidad: la política de vivienda no depende exclusivamente de una ciudad autónoma. El desarrollo de suelo, la regulación del mercado o el impulso de vivienda pública requieren decisiones estatales que, hasta la fecha, no han conseguido revertir la situación. Y mientras tanto, los precios siguen subiendo y los ciudadanos siguen esperando.

Más llamativa aún es la afirmación de Méndez de que “el problema no es la falta de suelo, es la falta de gestión”. Una frase que, lejos de fortalecer su argumento, lo debilita. Si hay suelo disponible, como él mismo reconoce, ¿qué ha impedido durante estos años que se desarrollen políticas eficaces desde el ámbito nacional? ¿Dónde están los resultados de esa gestión que ahora se exige a otros?

La respuesta, a juzgar por la realidad, es evidente: no están. Y en ese vacío de resultados es donde se instala un discurso que busca trasladar responsabilidades sin asumir las propias. Un ejercicio que no solo resulta poco convincente, sino que acaba por erosionar la credibilidad de quien lo practica.

El caso de Melilla no es una excepción. El problema de la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones en toda España. Jóvenes que no pueden emanciparse, familias que destinan una parte desproporcionada de sus ingresos al alquiler y un mercado tensionado que no encuentra equilibrio. En ese contexto, reducir el debate a una crítica local es, sencillamente, insuficiente.

El propio PSOE advierte del riesgo de que el desarrollo de un modelo de ciudad universitaria sin planificación agrave la situación. Y tiene razón. Pero esa advertencia vuelve a quedarse a medio camino si no se acompaña de medidas concretas desde el Gobierno que sustenta. Porque planificar no es solo señalar problemas, sino anticiparse a ellos con políticas eficaces.

Mientras tanto, el discurso político se desliza hacia un terreno conocido: el de la confrontación estéril. Se acusa al adversario de inacción mientras se esquivan las preguntas incómodas sobre la propia gestión. Se habla de planificación mientras los resultados brillan por su ausencia. Y se apela a la urgencia del problema sin ofrecer soluciones que estén a la altura.

Lo preocupante no es solo el contenido de estas declaraciones, sino lo que revelan: una forma de hacer política en la que el relato pesa más que los hechos. En la que es más importante señalar que resolver. Y en la que el ciudadano queda relegado a un segundo plano.

Porque, al final, la realidad es tozuda. El acceso a la vivienda sigue siendo un problema sin resolver, en Melilla y en el conjunto del país. Y mientras eso no cambie, cualquier intento de desviar la responsabilidad hacia otros no hará sino aumentar la distancia entre el discurso político y la experiencia cotidiana de los ciudadanos.

Tags: Noticias de Melilla

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