La política moderna parece haber confundido en demasiadas ocasiones la gestión con el marketing. Importa más el eslogan que el resultado, más la campaña que el trabajo diario y más la imagen que los hechos. El anuncio de Sabrina Moh de que será la candidata del PSOE a la Presidencia de la Ciudad Autónoma en 2027 parece encajar perfectamente en esa tendencia. Sin embargo, cabe preguntarse si este era realmente el momento adecuado para iniciar una carrera electoral cuando Melilla sigue acumulando problemas que afectan de forma directa a sus ciudadanos.
La delegada del Gobierno ha decidido poner en marcha su particular "mohvimiento" con un año de antelación respecto a las próximas elecciones autonómicas. Está en su derecho, faltaría más. Lo que ya resulta más discutible es la oportunidad política de una iniciativa de estas características cuando buena parte de los asuntos que dependen de la Administración General del Estado continúan sin encontrar soluciones satisfactorias para los melillenses.
La sanidad es probablemente el ejemplo más evidente. Durante años, los ciudadanos han venido reclamando mejoras en la atención sanitaria, más especialistas, menos listas de espera y una mayor capacidad de respuesta del sistema. Se trata de una de las principales preocupaciones de la población y de una cuestión que afecta directamente a la calidad de vida de miles de personas. Antes de pensar en ocupar el despacho principal del Palacio de la Asamblea, quizá convendría demostrar una capacidad efectiva para contribuir a resolver uno de los problemas que más inquietan a los ciudadanos.
Algo parecido ocurre con los transportes. Melilla continúa sufriendo dificultades de conectividad que condicionan tanto la movilidad de los residentes como el desarrollo económico de la ciudad. Cada problema relacionado con las comunicaciones termina teniendo consecuencias para trabajadores, estudiantes, empresarios y familias. No parece una cuestión menor ni tampoco un asunto que pueda esperar a que termine una larga precampaña electoral.
La vivienda constituye otro desafío de primer orden. Los jóvenes melillenses observan cómo acceder a una vivienda se convierte cada vez más en una aspiración difícil de alcanzar. Mientras tanto, las soluciones siguen sin llegar al ritmo que la realidad demanda. Hablar de futuro está muy bien, pero ofrecer respuestas a los problemas del presente debería ser una obligación aún mayor para cualquier responsable público.
A todo ello hay que sumar la situación de la frontera, un asunto estratégico para Melilla desde cualquier punto de vista imaginable. Su funcionamiento afecta a la economía, al comercio, a la movilidad y a la propia normalidad de la ciudad. También siguen existiendo problemas administrativos que generan una enorme frustración entre los ciudadanos, como las demoras en procedimientos relacionados con las valoraciones de discapacidad. Son cuestiones que tienen nombres y apellidos, que afectan a personas concretas y que exigen algo más que mensajes de campaña.
Por eso resulta inevitable preguntarse si la prioridad de la delegada del Gobierno debería estar en construir una candidatura o en resolver los problemas que siguen encima de la mesa. Porque la impresión que transmite el PSOE melillense es la de un partido más preocupado por la propaganda que por los resultados.
Tampoco ayuda la trayectoria electoral de los socialistas en Melilla. Durante décadas, el PSOE ha sido incapaz de consolidarse como una fuerza capaz de disputar realmente el liderazgo político de la ciudad. Elección tras elección, sus resultados han permanecido lejos de las expectativas que periódicamente se generan. De hecho, los socialistas únicamente han tenido opciones de acercarse al poder mediante acuerdos políticos posteriores a los comicios.
Esa realidad debería llevar a una reflexión profunda sobre el rumbo del partido. Sin embargo, da la impresión de que el PSOE melillense insiste en repetir las mismas fórmulas esperando obtener resultados diferentes. Como si le gustara perder elecciones. Como si la estrategia consistiera en resignarse a una posición secundaria y confiar después en los pactos para tocar poder.
Además, resulta difícil olvidar la actitud mantenida durante años respecto a Coalición por Melilla. Los socialistas compartieron espacios políticos con quienes posteriormente se vieron envueltos en el caso Santiago-Rusadir sin que se escucharan críticas especialmente contundentes desde sus filas. Una circunstancia que todavía genera interrogantes entre muchos ciudadanos.
En última instancia, la cuestión es sencilla. Para aspirar a la Presidencia de la Ciudad Autónoma no basta con protagonizar campañas llamativas ni con lanzar eslóganes ingeniosos. Lo mínimo exigible es acreditar una reconocida solvencia en la gestión pública. Y precisamente ahí es donde aparecen las dudas más serias sobre la candidatura de Sabrina Moh. Porque si la experiencia al frente de la Delegación del Gobierno es la principal carta de presentación, cuesta encontrar motivos que justifiquen tanto entusiasmo.
Melilla necesita responsables públicos centrados en resolver problemas, no en fabricar campañas permanentes. Necesita gestión, eficacia y resultados. Y hoy por hoy, lo que muchos ciudadanos perciben es que hay demasiado "mohvimiento" y demasiado poco movimiento allí donde realmente importa.








