La sanidad pública en Melilla no solo presenta problemas en cuestiones relacionadas con las listas de espera, la falta de facultativos o el enfrentamiento entre la plantilla de profesionales y la dirección de Ingesa. Gracias al sindicato CSIF se ha podido saber que la sala de curas del Hospital Universitario, que apenas lleva un año abierto y medio a pleno rendimiento, carece de un elemento básico en una ciudad como Melilla: aire acondicionado. ¿Consecuencia inmediata? A estas alturas, con el verano llamando a la puerta, el calor se hace insoportable para quienes deben utilizar las instalaciones.
Y la cosa no se queda solo ahí. La presidenta del sector de sanidad de CSIF, Ana Isabel Eusebio, ha expresado la preocupación que existe en el colectivo por la integridad de los medicamentos que están depositados en las neveras de esa sala, dado que el frigorífico está permanentemente condensado por el calor y, por lo tanto, se desconozca cómo puede afectar a los productos que contiene, para los que son imprescindibles temperaturas bajas.
Los defectos estructurales de las instalaciones, presentadas oficialmente siempre por Ingesa como el gran referente sanitario de la ciudad, son una constante. CSIF ha manifestado, igualmente, que tampoco se pueden abrir las ventanas, que poseen un gran cartel con la leyenda "no abrir" porque se corre el riesgo de que se desprendan, como ya sucedió, según esta organización, en otros departamentos del mismo hospital.
Es realmente decepcionante que un edificio tan nuevo y con tan poco tiempo de vida tenga estos defectos, que no se limitan a la actual denuncia de CSIF. Hay que recordar que al primer gran temporal de viento y lluvias hace meses, se desprendió parte de la cubierta, que había pasillos en los que caía el agua como si fuera la calle, que cayó parte del techo en la entrada de Urgencias y que hace unas semanas tuvieron que actuar en el soportal de la entrada principal. Ello, sin contar con los muchos fallos informáticos que pone de los nervios a los médicos que deben usar sus ordenadores para atender correctamente a los pacientes o el mal funcionamiento de aparatos, que conlleva la anulación de citas.
Sería un importante ejercicio de transparencia que Ingesa encargara y publicara una auditoría independiente (y se subraya lo de independiente) que ponga de manifiesto en qué situación real están las infraestructuras hospitalarias, además de toda su tecnología. Los ciudadanos seguro que estarían más tranquilos, máxime si se acompaña de un plan de inversiones y actuaciones para solucionar los problemas.








