Durante la jornada se procedió a la entrega de trofeos.
La Romería del Rocío volvió a convertir el pasado fin de semana los pinares de Rostrogordo en uno de los principales puntos de encuentro de la ciudadanía melillense. Una celebración que, año tras año, fue ganando participación hasta consolidarse como una de las citas más destacadas del calendario festivo, social y religioso de la ciudad.
Desde el pasado sábado, con la celebración de la tradicional Misa Rociera en la parroquia de Santa María Micaela y la posterior salida de los romeros hacia Rostrogordo, Melilla volvió a vivir una festividad marcada por la convivencia, la música y la devoción a la Blanca Paloma. La romería representó mucho más que un acto religioso. Se trató de una tradición profundamente integrada en la vida de la ciudad y capaz de reunir a cientos de personas de distintas edades alrededor de un mismo sentimiento.
El ambiente que cada año se genera en los pinares demostró el arraigo que había adquirido esta celebración en Melilla. Familias enteras, grupos de amigos y numerosos jóvenes participaron en una jornada donde la convivencia se convirtió en el principal protagonista. Sevillanas, trajes rocieros, comidas compartidas y encuentros entre generaciones formaron parte de una estampa que ya resultaba habitual cada año.
La Romería del Rocío también reflejó el carácter abierto y plural de Melilla. En una ciudad marcada por la convivencia entre culturas y tradiciones distintas, este tipo de celebraciones contribuyeron a fortalecer el sentimiento colectivo de pertenencia. La fe y la tradición se unieron en un espacio común donde predominaron el respeto, la alegría y la participación ciudadana.
No pasó desapercibido el trabajo que realizó durante todo el año la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli y María Santísima del Rocío para mantener viva esta tradición. Gracias a su esfuerzo y dedicación, la romería continuó creciendo y sumando nuevos participantes, especialmente entre los más jóvenes, algo fundamental para garantizar el futuro de una celebración que ya formaba parte del patrimonio sentimental de muchos melillenses.
El día grande llegó ayer domingo con la subida masiva de ciudadanos hasta Rostrogordo, donde se celebraron actos tradicionales como el rezo del Regina Coeli, la entrega de trofeos y la comida de hermandad. Fue entonces cuando la romería alcanzó su momento más multitudinario antes de emprender el regreso a la ciudad al caer la tarde.
La Romería del Rocío volvió así a demostrar que las tradiciones siguen teniendo un papel esencial en la vida social de Melilla. No sólo por su dimensión religiosa, sino porque representan espacios de encuentro, convivencia y unión en una sociedad que necesita, más que nunca, mantener vivos sus vínculos colectivos.
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