Este año, la conmemoración del Día Mundial Contra el Cáncer se ha visto enmarcada en la enorme indignación social en España por la falta de inversión pública en la investigación de tan terrible patología. Desde hace unos días se viene sabiendo que existe un equipo investigador, liderado por el doctor español Mariano Barbacid, que ha sido capaz de erradicar uno de los cánceres más agresivos y mortíferos de cuantos se conocen: el de páncreas. Este grupo de expertos consiguieron revertir la enfermedad en las pruebas con ratones, lo cual supone tener una esperanza de que, una vez desarrollados los correspondientes ensayos clínicos en humanos, pueda llegar a curarse.
Hasta ahí todo es correctísimo y dice mucho (y bueno) de la capacidad de nuestros investigadores, a los que la sociedad entera debe expresar su gratitud y reconocimiento por el esfuerzo que realizan cada día para erradicar el cáncer. Sin embargo, Barbacid se ha visto obligado a tener a recurrir a los medios de comunicación, a las redes sociales, para pedir los 30 millones de euros que necesitan para poder llevar a cabo las pruebas en seres humanos. ¡30 millones! ¿Acaso los españoles no pagamos ya suficientes impuestos anualmente como para que se pueda destinar ese dinero a tan loable meta? Cualquier persona normal, sensata y empática con los enfermos diría un "sí" a voz en grito.
El Gobierno de España en su conjunto gasta infinitamente más cantidad de dinero en cuestiones infinitamente más prescindibles. A saber, y por citar un ejemplo, el contrato de 31 millones de Televisión Española con Broncano para dos temporadas más, los cientos de millones en toda clase de chiringuitos improductivos para la sociedad o el gasto en las reformas y mobiliario para las viviendas oficiales de todo tipo de cargos públicos.
Por eso, en la conmemoración del Día Mundial Contra el Cáncer resulta prioritario ensalzar la labor de los investigadores y exigir a las altas esferas que gasten nuestro dinero en lo realmente importante. Ello no debe ocultar en una jornada así el enorme trabajo que desarrollan también desde la AECC y sus voluntarios, médicos especialistas y demás personal sanitario, para el esencial apoyo que necesitan tanto los enfermos como sus familias.
La AECC ha aprovechado esta ocasión para proponer un nuevo modelo de atención más humanizado, resaltando la necesidad de ofrecer recursos y herramientas psicológicas, y poner en marcha medidas para cuidar a los cuidadores, sin olvidar la formación del personal sanitario en cuestiones tan elementales como saber comunicar la enfermedad. Y una cosa muy interesante: la creación de la Red de Pacientes con Voz, que trabaja con otras entidades de pacientes para que ellos aporten su propia experiencia y que tenga un impacto real en la toma de decisiones.








