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Inicio » Cultura y Tradiciones

“Es la era de la incomunicación. Hablamos menos y peor”

por Redacción El Faro
10/03/2018 07:25 CET
“Es la era de la incomunicación. Hablamos menos y peor”

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  • El madrileño se sube hoy, a las 20:30 horas, a las tablas del Kursaal con ‘La cantante calva’, una obra del absurdo en la que interpreta a un bombero que busca si aún hay fuego entre dos matrimonios

Con todas las bolas que hay en el bombo, Javier Pereira (Madrid, 1981) tuvo la suerte de cantar en dos ocasiones, con 12 y 13 años, el primer premio del tradicional Sorteo de Navidad, todo un sueño para todo niño de San Ildefonso. En los planes de aquel pequeño no estaba entonces el mundo de la interpretación pero al final ha hecho de él su pasión y su carrera, en la que comenzó a adquirir notoriedad entre el público juvenil tras su participación en la serie ‘Al salir de clase’. Hoy sábado se subirá a las tablas del Teatro Kursaal Fernando Arrabal de Melilla (a las 20:30 horas) con la obra ‘La cantante calva’ (de la compañía Pentación Espectáculos), en la que da vida a un disparatado bombero en busca de un fuego inexistente.

–La obra es un sinsentido. ¿Y hasta qué punto también lo es su personaje?

–‘La cantante calva’ es una de las obras más importantes del teatro del absurdo que escribió Eugène Ionesco. Hay que ir a divertirse. A veces no se van a entender cosas pero hay que dejarse llevar y disfrutar de ese mundo del surrealismo y absurdo. La obra empieza con dos matrimonios que viven en Inglaterra, a las afueras de una ciudad. Están muy acomodados. Y llega este bombero a despertarles y a ver si hay comunicación entre ellos; si hay todavía pasión, fuego...Viene en busca de un fuego que no sabemos si va a encontrar o no pero quiere ver si todavía hay vida y pasión en esas casas.

–¿Qué le está enseñando este personaje?

–Me está enseñando un código que yo nunca había hecho, que es el del absurdo. Los actores somos de pensar mucho de dónde viene este personaje, qué le ha pasado, de analizar mucho el texto y las circunstancias. Y aquí tienes que hacer totalmente lo contrario, que es dejarte llevar porque no vas a entender a ese personaje. No vas a lograr entender qué le pasa. Simplemente es un código de actuación distinto, de menos cabeza y más instinto, más juego, más pasión. La verdad es que era un reto y no me arrepiento para nada, al revés.

–Hay comedia pero también deja un poso amargo.

–De hecho, el autor cuando lo escribió ni se imaginaba que era una comedia. Él la escribió como una crítica a la burguesía de aquella época, de los años cincuenta, en la que había mucha incomunicación entre los matrimonios, entre las personas. Se hablaba mucho pero se decían pocas cosas importantes. Él lo escribió como una crítica bastante ácida en su momento pero luego le quedó tan absurdo que no se imaginó que se iban a reír tanto cuando lo estrenó. Con nosotros, la gente se ríe bastante pero con alguna escena, te deja luego mucho para pensar y un poso bastante amargo.

–La obra se estrenó en los años cincuenta. ¿Por qué sigue vigente? ¿Es la incomunicación el gran problema actual?

–Primero porque hay un teatro que no se tiene que olvidar y se tiene que enseñar que es el teatro del absurdo. Creo que es bonito que este plantel de actores haya sido valiente y haya elegido hacer esta obra cuando igual hubiese sido más fácil hacer otra. Y luego, porque estamos en la era de la incomunicación, aunque en otro sentido. Con tantas cosas digitales, tantas redes sociales, tanto teléfono y tanto ordenador, al final estamos empezando otra vez a hablar menos y a comunicarnos peor.

–Comparte cartel con Adriana Ozores, Fernando Tejero, Joaquín Climent, Carmen Ruiz y Helena Lanza. ¿Cómo está siendo el trabajo con el resto de compañeros de reparto?

–Muy bien. Somos seis actores muy diferentes, de edades y personalidades muy diferentes. Pero nos hemos complementado muy bien para hacer esta gran familia absurda y la verdad es que nos reímos mucho. Llevamos ya ocho o nueve meses de gira todos los fines de semana y lo estamos pasando muy bien.

–Mirando para atrás, ¿en qué momento decidió que quería ser actor?

–Lo mío no era un plan. Me llegó un poco de repente. Con trece años, mi familia me invita a estudiar algo que no fuera solo fútbol y kárate y acabo en teatro y me lo paso bien un año y al año siguiente, decido irme a la escuela de Cristina Rota. Y a partir de ahí empecé a hacer casting y comencé a entrar en la profesión. Pero no era un plan. Caí de rebote y luego lo hice mi pasión y mi vocación.

–Consiguió un Goya como mejor actor revelación por ‘Stockholm’. ¿Qué puertas le ha abierto este premio?

–Puertas grandes no me ha abierto muchas. Un premio te puede dar un empujón pero no te abre grandes puertas. Yo como lo sentí como un reconocimiento a mi trabajo y como una palmadita de ‘vas por buen camino; sigue así’.

–¿Qué sacrificios conlleva la vida de un actor? Perdió 17 kilos para interpretar el papel de ‘Que Dios nos perdone’…

–El mayor sacrificio de un actor es la inestabilidad porque nunca sabes si vas a trabajar de aquí a dos años o a tres... Perder kilos no fue una desventaja; al revés, tuve la oportunidad de que me confiaran un personaje muy diferente y entonces el sacrificio lo hice desde el lado bueno. Yo luego decidí que tenía que cambiar físicamente para que se creyeran al personaje y no vieran a Javier Pereira e hice todo lo posible para que no se me reconociera.

–¿Con qué personajes se quedaría de todos los que ha interpretado?

–Es difícil elegir... Quizás me quedaría con los de ‘Heroína’, ‘Stockholm’ y ‘Que Dios nos perdone’.

–¿Por qué?

–‘Heroína porque fue una de mis primeras oportunidades en cine. Hacía un personaje heroinómano y justo también trabajé con Adriana Ozores, que ahora hemos vuelto a trabajar juntos. Era un personaje bastante difícil. Y el de ‘Stockholm’ porque la hicimos entre unos cuantos amigos y llegó muy lejos. Ese espíritu siempre lo voy a recordar. Y, además, me llegó el Goya con esa película. Y también destaco el papel de ‘Que Dios nos perdone’ porque es el último que hecho y ni yo mismo me reconozco. Es un personaje muy especial.

–¿Cómo ha afectado la crisis al mundo del teatro y del cine?

–Por suerte, parece que estamos empezando a salir de la crisis. La crisis afectó mucho a todos, no solo a nuestra profesión. Pero como la nuestra está siempre cogida por hilos, en época malas, pues son vacas flacas. Lo hemos ido llevando como hemos podido y hemos podido aguantar.

–¿Cuáles son los próximos proyectos?

–Estoy rodando ahora con Radio Televisión Española ‘Cognitio’. Hago de cura agustino. Tampoco había hecho antes un papel así y estoy disfrutando.

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