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Inicio » Cultura y Tradiciones

Hospital Universitario "Daniel Carballo"

Rigor clínico, lealtad institucional y la humanidad sin artificios

por Ángela Ríos
12/06/2025 03:31 CEST
Hospital Universitario "Daniel Carballo"
Así lo recuerdo. Dani
Así lo recuerdo. Dani

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No es una mierda lo que sientes. Es dolor. Y es amor. Del más firme, del más serio. Del que no necesita aplausos, pero que cuando se rompe… duele en el pecho como si faltara el aire.

Y derepente se me viene la imagen de la uvi. Por dentro. Y le veo a él. Era alguien . De esos que quedan menos. De los que son firmes pero justos, serios pero cercanos, técnicos pero humanos.

Mi padre me decía que, en caso de que me pasara algo, que fuera a buscarle. Porque al fin y al cabo, en él confiaba . Anivel personal daba saber que él estaba, porque era como tocar la pared en el pollito inglés. Estabas salvado.

Fue un ser humano íntegro.

A mis hermanos también se lo tenía advertido: era "de los que ibas a buscar si algo te pasaba". Y no es un elogio informal. Es una expresión clara del valor humano y profesional que tenía para los que lo conocieron. En una institución sanitaria, eso es capital simbólico y ético, y no debe ser ignorado.

Ahora no.

Ahora tienen los ojos tan bizcos de mirarse el ombligo que ni se les pasa por la cabeza un Adiós. Por solemnidad. Qué menos. Y es que en un mundo de prisas, de protocolos, de listas de espera y de manos que no siempre se detienen… te hace sentir dolor. Y eso duele.

¿Y sabes por qué nos tenían así de advertidos? Las tres P's: Pancho, Pedro, Paco. Los Montis y los Levys. Y todas ellas, las ATS. Obvio. ¡Putos cracks!

Porque servían una medicina con rostro, con escucha, con presencia. De ética silenciosa pero firme, disponibilidad real, juicio clínico ponderado y una actitud respetuosa y colaborativa con pacientes y compañeros. Fue uno de esos profesionales que sostenían el funcionamiento del hospital sin ruido, pero con profundo impacto.

Reflejo de compromiso constante con la persona, el rigor clínico, la lealtad institucional y la humanidad sin artificios.

Como facultativo, Carballo ejerció con seriedad y profesionalidad. Era de esos que entendían el quirófano como un espacio sagrado. Qué quieres, sus mentores fumaban operando (jajaja). Fue fiable, preciso, responsable.

En un sistema sanitario cada vez más tensionado por la carga asistencial, la burocratización y la pérdida de referentes humanos, Dani mantenía una presencia ética estable: estaba disponible, era predecible en su criterio, y coherente en su comportamiento. Sus compañeros sabían que podían acudir a él no solo por conocimiento, sino por juicio. Y eso lo convertía en un eje silencioso pero fundamental del funcionamiento del equipo.

De ahí que se reflexione sobre si la medicina actual necesita más que innovación tecnológica. Si necesita referentes humanos que devuelvan el sentido de pertenencia, responsabilidad y vocación. Daniel Carballo fue uno de ellos. Un profesional ético. Especializado. Humano.

Y por eso, su nombre merece ser recordado con precisión, sin exageraciones, pero con total claridad: fue un modelo de lo que un profesional sanitario debe ser. Y su ausencia no debe pasar como una más. Porque su manera de estar es, precisamente, lo que más falta hace.

Por eso el Hospital Universitario debería llevar su nombre.

Me lo imagino todavía con su pijama verde, su bata blanca y el fonendo en el cuello. Porque incluso con alzheimer, en la residencia madrileña en la que estaba, él aún se sentía médico. Y aunque llevara otro pijama, nunca dejó colgada ni la bata ni el fonendo.

Listo para cuando le necesitaras.

Y te juro que aquí no hay nada de ChatGPT.

Tags: daniel carballouci melilla

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