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Carlos Baeza: "Siempre he considerado que el diseño debe ser un arte total"

El artista y diseñador melillense ha dejado una profunda huella en la ciudad a través de sus logotipos, carteles, espacios urbanos y proyectos de interiorismo

por Alejandra Gutiérrez
01/10/2025 19:24 CEST
Carlos Baeza: "Siempre he considerado que el diseño debe ser un arte total"

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Tal vez el nombre de Carlos Baeza sea reconocido por los melillenses; sin embargo, algunas de sus obras y diseños permanecen en el anonimato. No porque no sepamos el nombre del autor, sino porque sus creaciones forman parte de la ciudad. Se trata de diseño de interiores de comercios melillenses, diseños urbanísticos de los que disponemos en la ciudad, de carteles históricos o de logotipos que simbolizan una empresa o entidad. En muchos de esos casos, vemos la propuesta, contemplamos la culminación de la obra, pero carecemos de nombres. Tal vez sea un desafío en el diseño, pues la comunicación visual que rodea a las diferentes ramas del diseño no esclarece la autoría, aunque exista y forme parte del trabajo realizado por un creativo. Baeza es artista, una denominación que a él le suena “demasiado”, y es que entre sus atributos personales destaca la simplicidad en la palabra, la cercanía comunicativa y la transmisión de un tono alegre. Además, durante 34 años ha sido docente en institutos como el Leopoldo Queipo, la Escuela de Arte Miguel Marmolejo y el Enrique Nieto, donde finalmente adquirió su plaza como maestro hasta su jubilación hace un par de años.

Paralelamente a su trabajo en institutos melillenses, Baeza se dedicaba a las artes plásticas, al diseño gráfico, al diseño de interiores, al diseño urbano y, su actividad más interiorizada, el dibujo. “He tocado todos los palos del ámbito artístico”, asegura el artista, quien contempla la versatilidad de la actividad y la necesidad de desenvolverse en diferentes ramas. Baeza reivindica la formación integral del artista a partir de la dominación de diferentes ramas artísticas y técnicas tridimensionales como la escultura en mármol, madera o barro, así como el dibujo, que considera la base fundamental del arte, tanto en estilos abstractos como figurativos. De hecho, se define más como dibujante que como pintor.

Su trayectoria profesional como docente iba paralela a su actividad creativa hasta el momento en que se retiró del ámbito educativo. “No me gusta decir que me he jubilado, sino que he cambiado de actividad y ahora me dedico plenamente a pintar. Estoy encantado de la vida”, reflexiona Baeza.
La docencia siempre acompañó su desempeño artístico, algo que le permitió también “cierto trasvase de conocimientos y de inquietudes entre la docencia, la parte artística y el diseño, porque me dediqué a lo que es el diseño urbano y a la decoración de interiores, la creación de logotipos, el diseño de un plano, un croquis, un alzado o una planta de un local, y para ello tenías que poner en práctica tus conocimientos”, concreta. Su desempeño más vocacional era la geometría descriptiva, una asignatura que impartía en Bachillerato, “una disciplina bellísima que me ha aportado una base técnica y teórica, la cual he aplicado a muchas de mis obras”, resalta el docente y creativo.

Durante 34 años de ejercicio profesional, Carlos Baeza recuerda los diferentes cambios educativos que han ido transformando el sistema educativo. “Desde los años 90 todo ha ido modificándose: el tipo de educación, el Estado, los padres, el sistema en sí, y las diferentes reformas educativas que nos han llevado a un trabajo más burocrático que docente”, reflexiona sobre sus años de ejercicio. Una etapa que le permitió compartir con más de una treintena de generaciones un aula y compartir sus conocimientos. Pero mientras la edad de los alumnos se mantenía, él iba envejeciendo, aunque el contacto con los alumnos le permitía no solo transmitir sus conocimientos, sino mantener “un espíritu joven”, resalta Baeza. No obstante, “después de tantos años impartiendo clases, ya me notaba cansado, con lo cual dedicarme ahora de lleno a la pintura es algo muy relajante, porque yo me establezco mis periodos de trabajo, con los de ocio, y la verdad es que no ha sido tan traumático, sino todo lo contrario”, resalta de forma positiva su nueva etapa de actividad, pues, aunque su jubilación haya llegado, él mantiene su realización plena como artista.

Más allá de los institutos y del recuerdo que muchos de sus alumnos y alumnas puedan mantener de él, la ciudadanía melillense puede reconocer su impronta en muchas de las creaciones artísticas y de diseño que percibimos por la ciudad. Al acabar la carrera de Bellas Artes, Baeza sentía que tenía que escoger entre las artes plásticas o el diseño. En ese momento, su gusto particular le llevó a rondar el camino de todo lo que rodeaba el diseño de objetos, el diseño gráfico, el diseño de cartelería… Además, el ambiente local propiciaba su selección. “Durante los primeros años que me dediqué plenamente al diseño gráfico, en Melilla tuve la suerte de encontrar un momento en el que los organismos públicos estaban apostando por el diseño, yo tuve la suerte de encontrar un campo muy fértil para eso”, narra el artista.

Entre algunas de sus primeras creaciones se encuentra el logotipo del V Centenario de la Ciudad. Baeza fue galardonado y su obra inundó el espacio mediante su aplicación en diferentes medios y soportes. Este hecho concreto supuso un impulso económico, personal y profesional, pues a partir de ahí llegaron los encargos: entre ellos, diseños de logotipos del Hospital Comarcal, el Palacio de Congresos o peticiones de distintos locales comerciales que él mismo decoraba.

Dentro del diseño gráfico no solo hizo trabajos de síntesis para obras finales de logotipos, sino que se dedicó también a la cartelería, aportando obras para eventos como la Semana del Cine o la Feria de Melilla. Su faceta como diseñador de interiores o decoración podemos reconocerla y admirarla en diferentes comercios de la ciudad. Sin embargo, existen dos que Baeza reseña de forma significativa: la Joyería Victoria y la Cervecería. Y no es para menos, pues su interior está trabajado al detalle, especialmente el primero, donde cada elemento está diseñado de forma personalizada. “Joyería Victoria es mi obra preferida porque ahí se diseñó todo: el mobiliario, los suelos, los tiradores, la iluminación. Todo, desde la gráfica hasta la parte decorativa. Y es lo que yo considero una obra total”, resalta Baeza.

Sus creaciones reviven en espacios privados, pero Carlos Baeza ha permeado también en el diseño urbano con el que nos relacionamos directamente recorriendo las calles de la ciudad. El diseñador, artista y creativo —pues la especificidad de uno sobre otro carece de sentido— ha aportado al diseño de elementos ornamentales y ordenación urbanística en espacios como el Puerto Deportivo, la escultura de la denominada Piña en la rotonda de Cuatro Caminos —que en realidad “es una cúpula homenaje al modernismo”— o la Plaza de Méndez Pelayo. Esta última es “la más atractiva” para Baeza dentro del desarrollo de su trabajo en el ámbito urbano. Aunque sostiene que “la opinión pública está dividida”, refiriéndose a la ciudadanía local, la atracción visual para viajeros se reafirma al ser uno de los lugares más fotografiados de la ciudad, resalta Baeza.

La coyuntura del trabajo creativo de un diseñador pasa por las demandas particulares de un cliente, público o privado, el cual especifica aquello que necesita e incluso, en muchos casos, resalta aspectos estéticos o estilísticos que quiere integrar. Sin embargo, Baeza sostiene que “desde que el cliente depositaba la confianza en mí para un determinado proyecto, controlo absolutamente todo, y además siempre he considerado que el diseño debe ser un arte total”, sostiene. Y es que la obra final que contemplamos no se materializa si no es a través de un proceso de ideación en el que los creativos realizan “un proceso mental, lo que llaman el brainstorming o la tormenta de ideas, hasta que llegas a la idea final”, describe Baeza esta primera fase de un encargo. Se trata de “todo un proceso intelectual” previo que, finalmente, podrá ejecutarse y materializarse en una imagen o elemento finalizado. Durante este espacio de tiempo, el cerebro trabaja para lograr una idea. Una tarea creativa que necesita dotarse de horas, dedicación y pruebas que permitan su viabilidad, así como una alusión simbólica de aquello que se quiere transmitir a través de un proceso de conceptualización que, posteriormente, se plasma sobre el papel y se sintetiza.

En este sentido, y en su trabajo como diseñador gráfico, a Baeza siempre le ha preocupado que “el logotipo tuviera algo herético entre el concepto y la forma”, buscando la vinculación con aquello que tiene que representar, así como trabajar sobre la construcción del mismo de forma adecuada, permitiendo que pueda reproducirse en diferentes escalas y soportes. “No solamente es la apariencia formal o lo que representa, sino que hay que tener en cuenta una serie de cuestiones en la construcción”, explica. La legibilidad, el color, la simbología, la funcionalidad… son diferentes elementos del diseño gráfico que Baeza aprecia en su trabajo y analiza en los diseños como el nuevo logotipo del Hospital de la ciudad, aportando detalles sobre la dificultad de reproducir fielmente algunos de sus elementos compositivos.

El artista reflexiona sobre la naturaleza efímera del diseño, reconociendo que las modas cambian con rapidez y pueden volver obsoletas propuestas antiguas. No obstante, destaca que algunos de sus trabajos, como los logotipos, los proyectos de decoración y especialmente las estructuras urbanas, siguen manteniendo actualidad estética y funcional. Considera que estas obras tienen un diseño aún vigente, pero admite, sin embargo, que su propuesta de cartelería gráfica podría estar desfasada. Recuerda con especial aprecio su cartel premiado de feria en 1985, cuya idea —que incluye los tacones de flamenca sobre la arena de la plaza de toros— le sigue pareciendo muy potente y reutilizable, aunque hoy la ejecutaría con otros planteamientos visuales, manteniendo su simbolismo.

Para Carlos Baeza, la interacción con el público es necesaria. Afirma que todo artista piensa en el público, incluso cuando no lo verbaliza. En su caso, siempre tiene presente la experiencia del espectador, ya sea ante una obra gráfica, un logotipo o una pintura. Su intención es provocar una emoción, generar reflexión y conectar con la memoria del observador. Dentro de su obra plástica personal, destaca el proyecto “La ciudad de las cúpulas”, una visión emocional y nostálgica de Melilla. “Mis obras no son una simple estampa de souvenir de la ciudad o de rutas venecianas, sino que mi obra tiene la intención de emocionar y dialogar con el público en cuanto a que despierte en la memoria ciertas connotaciones de vivencias que ha tenido con la ciudad o cómo le gustaría vivirla o pensar que así le gustaría que fuera su vida”, resalta Baeza. En esta serie, escoge la figuración y el realismo como lenguajes que permiten una comunicación más clara y directa con el espectador. Busca despertar la memoria colectiva y sensibilizar sobre el valor del patrimonio modernista de la ciudad. Carlos Baeza continúa trabajando en sus obras y permitiéndonos dialogar con su mundo interior, con sus técnicas expresivas y su forma de percibir la ciudad.

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Comments 1

  1. Lola C. comentó:
    hace 7 meses

    Considero que hay un aspecto que no se menciona y que me gustaría que quedara constancia.
    Hace casi 50 años, nos conocimos compartiendo un espacio casualmente, el entonces I.N.B. n° 2 hoy I.E.S. Enrique Nieto y, a pesar de su crecimiento profesional, sigue siendo siendo esa persona cercana, sensible, humana y entusiasta.
    Como en todo, algunos tendremos una idea y otros, estarán en desacuerdo, pero Carlos, no sólo es un un gran y completo artista, es una gran persona y eso lo transmite en todo lo que ha creado y estoy segura seguirá creando.

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