Asbanor en un ensayo dirigido por Salvador Bellido. -Cedida por Sergio Rincón-
Tras finalizar la misa, la Iglesia del Sagrado Corazón dará paso este miércoles a una velada muy especial, de esas que invitan a detener el ritmo cotidiano y dejarse llevar por la emoción. El templo, acostumbrado al recogimiento, se transformará por una hora en un escenario vivo que recupera tiempos en los que la colaboración entre entidades musicales de la ciudad se daba la mano con naturalidad.
A partir de las 21:15 horas, el silencio habitual dará paso a una propuesta sonora distinta. Cerca de 90 músicos —entre instrumentistas y voces— ocuparán un espacio que ha tenido que ser cuidadosamente adaptado para acoger un concierto pensado para disfrutarse de forma cercana. La intención es ofrecer una experiencia “cómoda y agradable” a todos aquellos vecinos y vecinas que se acerquen a vivir esta cita.
“Llegamos muy ilusionados”, reconoce Sergio Rincón, presidente de la Asociación Banda y Coro Ciudad de Melilla (Asbanor), impulsora de esta iniciativa junto a la Unidad de Música de la Comandancia General de Melilla (Comgemel). Una ilusión que también nace de la evolución que ha seguido la propia asociación en los últimos años dentro del ámbito de la música sacra.
Hasta ahora, Asbanor había centrado sus conciertos de estas fechas en grandes obras del repertorio clásico, abordando piezas de gran formato junto a orquesta y coro, como los réquiems de Mozart, Cherubini o Fauré . Propuestas exigentes, tanto en lo musical como en lo organizativo, que han marcado una línea de trabajo centrada en la interpretación de obras sacras de tradición europea.
Este año, sin embargo, el enfoque cambia. Sin abandonar ese vínculo con lo sacro, la asociación ha decidido adentrarse en el terreno de la música procesional desde una perspectiva distinta, incorporando elementos corales a un formato tradicionalmente instrumental. Un paso que amplía su registro y que conecta con nuevas formas de entender la música de Semana Santa.
Ese cambio de rumbo coincide, además, con el encuentro con Comgemel. El contacto entre ambas entidades se produjo a raíz de una coincidencia de intereses que terminó convirtiéndose en oportunidad. Según relata Rincón, fue la propia Comandancia General la que, tras plantear la posibilidad de organizar un concierto de marchas procesionales, se encontró con que el vicario ya tenía prevista una cita de características similares en el Sagrado Corazón.
Lejos de descartar la iniciativa, desde Comgemel decidieron dar un paso más y establecer un diálogo directo con Asbanor. Ese primer acercamiento permitió descubrir que ambas propuestas podían complementarse, dando lugar a una colaboración construida desde la cercanía, el entendimiento y la implicación compartida de músicos que, en muchos casos, ya formaban parte de ambas formaciones.
“Es un pasito de hermanamiento entre las dos bandas”, señala Rincón, en referencia a una colaboración que recupera vínculos entre instituciones que durante años compartieron espacio en la vida cultural de la ciudad . La codirección del concierto, a cargo de Salvador Bellido y Juan Bautista, simboliza esa unión, al igual que la integración progresiva de los músicos en los ensayos.
La formación resultante será amplia y diversa. Sobre el escenario se desplegará la estructura habitual de una banda de música, organizada en torno a tres grandes familias instrumentales. Por un lado, el viento madera, con presencia de clarinetes, flautas, oboes y saxofones; por otro, el viento metal, con trompetas, trombones, trompas, tubas, bombardinos y fliscornos; y finalmente la percusión, que marcará el pulso del repertorio. En conjunto, más de medio centenar de músicos instrumentales que deberán integrarse con las 35 voces del coro, dirigidas por Mari Carmen Gálvez.
Esa convivencia entre instrumentos y voces constituye uno de los grandes retos del concierto. No solo por el número de intérpretes, sino por el equilibrio que debe alcanzarse para que ninguno de los elementos pierda protagonismo. En este sentido, la propia configuración del repertorio —con partes cantadas integradas— exige una escucha constante y una adaptación precisa por parte de todos los músicos.
El repertorio, cedido expresamente para este formato, ha permitido trabajar con obras concebidas para ese diálogo entre banda y coro. No se trata de simples acompañamientos, sino de composiciones en las que la voz forma parte esencial del discurso musical .
El programa combinará marchas instrumentales con piezas cantadas cuyas letras evocan los momentos de la Pasión, buscando una conexión directa con el oyente. Algunas de estas obras, además, se alejan de la estructura más reconocible de la marcha procesional. Tal y como explica Rincón, hay piezas que sorprenden por su sonoridad y que incluso pueden no identificarse de inmediato con este género.
En ese recorrido, uno de los momentos más singulares llegará con la intervención de Kiko Acedo, quien interpretará una saeta en directo. Su aparición está concebida como un instante de recogimiento dentro del concierto, en el que la música se contendrá para dejar espacio a la voz, generando un silencio que permita que la saeta resuene con toda su intensidad en el interior del templo.
Pero antes de que todo eso llegue al público, el conjunto deberá enfrentarse a un último desafío: la acústica del Sagrado Corazón. Acostumbrados a ensayar en un espacio insonorizado, los músicos se encontrarán con un entorno completamente distinto, donde la reverberación y la resonancia pueden alterar la percepción del sonido.
Por ello, el ensayo general de este martes será determinante. Será en ese momento cuando se reorganice la disposición de los músicos y se ajusten las dinámicas, especialmente en aquellos pasajes donde la voz debe destacar. Tal y como explica Rincón, habrá momentos en los que la banda tendrá que tocar “muy pianito”, reduciendo su intensidad para permitir que el coro se escuche con claridad .
La preparación ha sido progresiva, con ensayos individuales y conjuntos que han permitido ensamblar el repertorio y fortalecer la coordinación entre ambas formaciones. Un trabajo que también ha contado con la colaboración del vicario Eduardo Resa, quien ha facilitado el uso del templo y la adaptación del espacio.
De este modo, la ‘Noche de Pasión y Música’ se presenta como una propuesta que aúna tradición y renovación, que amplía el recorrido musical de Asbanor y que recupera la colaboración entre entidades como motor cultural. Una cita que, bajo las bóvedas del Sagrado Corazón, invita a escuchar, a sentir y a redescubrir la música desde otro lugar.
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