Ha llegado el momento en que resulta insoportable para esta ciudad que la meteorología obligue a la cancelación de decenas de vuelos de conexión con la península en apenas unos días. La situación ya no es defendible y el Gobierno de España tiene la responsabilidad ineludible de poner sobre la mesa, y de forma urgente, soluciones que impidan que los melillenses se vean perjudicados en su derecho a la libre circulación por el territorio nacional por culpa de las nubes bajas.
Estamos en la segunda década del siglo XXI y la tecnología ha avanzado lo suficiente como para que existan sistemas de aproximación que aterricen el avión sin el menor problema de seguridad haga la meteorología que haga. Si funcionan en otros aeropuertos de nuestro país, se está tardando demasiado ya para su instalación en Melilla. Y no vale para nada el argumento de que si habría que poner balizas en Marruecos.
Nuestro Gobierno en Madrid está harto de asegurar y reiterar que los dos países atraviesan la etapa más dulce y productiva de la historia. En consecuencia, ¿por qué no negocia con Rabat la posibilidad de ubicar esos aparatos en el territorio marroquí cercano? Si las relaciones bilaterales atraviesan semejante luna de miel se entiende que no habría problema alguno para que los amigos del otro lado de la frontera autorizaran algo tan puntual y escasamente invasivo.
Esto de las cancelaciones por culpa de las nubes bajas ya ha pasado de castaño a oscuro. Como es lógico, la compañía aérea debe salvaguardar como prioridad absoluta la seguridad del pasaje y ahí no existe discusión alguna. O sea, que es la otra parte, la que dota las infraestructuras, la que tiene que actuar sí o sí. Y esa parte no es otra que el Gobierno de España, por mucho que su delegada en Melilla, Sabrina Moh, pretenda mirar a otra parte, pasar de puntillas y eludir su responsabilidad como si la cosa no fuera con ella.
La ciudad necesita tener una buena conectividad con la península como los seres humanos precisan de aire para poder vivir. Sin unos transportes asequibles y que presenten una mínima garantía de funcionamiento, cae por su propio peso una de las tres líneas estratégicas sobre las que se basa la reconversión económica de Melilla, como es el turismo. ¿Acaso es eso lo que se está persiguiendo desde Madrid y la Delegación del Gobierno?








