Miguel Rivera ha manifestado en sus círculos más íntimos su intención de continuar como primer entrenador de la UD Melilla de cara a la próxima temporada. El hecho de que el futuro inmediato pase por el Grupo IX de la Tercera RFEF no es un problema para él. Tras consumarse el descenso de categoría, Rivera se ve capacitado para devolver al equipo a una categoría superior. Como ya ha demostrado en infinidad de ocasiones, se siente identificado con la ciudad, cuenta con el favor de la afición, ya ascendió al equipo a Primera RFEF y está dispuesto a intentar un nuevo salto de categoría si el proyecto es ambicioso.
La predisposición de Rivera parece vital en un escenario de reestructuración dentro de la entidad melillense, que deberá redefinir su hoja de ruta tras la pérdida de categoría. En este contexto, la estabilidad y competitividad que ha imprimido desde su retorno al banquillo del Álvarez Claro se presentan como uno de los pilares fundamentales para afrontar esta nueva y exigente etapa.
El técnico ha explicado a sus allegados que su idea sería repetir el modelo que ya desarrolló en su etapa anterior, cuando consiguió el ascenso a Primera RFEF. Aquella temporada, la 2023-2024, Rivera, además de dirigir al equipo en el verde, confeccionó la plantilla jugador a jugador con su famosa ‘Rivereta’. Ese modelo de proyecto, basado en la solidez del grupo, la organización y una planificación sostenida en el tiempo, sería el punto de partida que Rivera pretende recuperar para afrontar el nuevo desafío en Tercera RFEF.
La intención del entrenador pasa por construir un equipo competitivo desde la base, ya sabe lo que tiene en casa y conoce al dedillo a los equipos del Grupo IX y X de Tercera. En caso de fructificar esta posibilidad, Rivera deberá construir un equipo que afronte las exigencias de una categoría complicada, con capacidad para luchar por objetivos deportivos ambiciosos y con experiencia previa en procesos similares.
El descenso, sin duda, obliga al club a replantear múltiples aspectos de su estructura deportiva, desde la configuración de la plantilla hasta la definición de objetivos a corto y medio plazo. En este escenario, la continuidad de Rivera supondría una apuesta por la coherencia en el proyecto, evitando cambios bruscos en la dirección técnica.
Uno de los aspectos clave en esta nueva etapa será la planificación de la plantilla, que previsiblemente experimentará modificaciones para ajustarse a la nueva categoría. Si Rivera continúa, auxiliado por Alejandro Ramos, deberá trabajar en la confección de un grupo equilibrado que permita competir con garantías en el Grupo IX.
La Tercera RFEF presenta un contexto competitivo diferente, con características propias que requieren adaptación tanto en el planteamiento de los partidos como en la gestión del vestuario. En este sentido, el conocimiento de la categoría y la experiencia del técnico pueden resultar determinantes en el desarrollo del proyecto.
La apuesta por recuperar las bases del anterior ascenso refleja la intención de construir un modelo reconocible, con identidad propia y orientado a la consecución de resultados a través del trabajo colectivo. Este enfoque busca sentar los cimientos de un equipo sólido que pueda aspirar a regresar a categorías superiores.
El futuro inmediato del club pasa por la toma de decisiones en diferentes áreas, en un proceso en el que la figura del entrenador será clave para definir la dirección del proyecto deportivo. La continuidad de Rivera permitiría dar ese sentido de continuidad en el banco que pide la afición en este momento de transición.
La UD Melilla afronta así una nueva etapa en su historia reciente, en la que la reconstrucción del proyecto deportivo será fundamental para marcar el rumbo del equipo en los próximos años. La intención de Miguel Rivera de seguir al frente del banquillo se presenta como uno de los primeros pasos en ese proceso.








