Cuentan muchos de los asistentes a la clausura del II Foro Internacional "Empresas que mueven el mundo", celebrada hace unos diez días en el Hotel Melilla Puerto, que la delegada del Gobierno, Sabrina Moh, tuvo un muy mal gesto durante la intervención del consejero de Economía, Miguel Marín, en ese contexto empresarial, fundamentalmente formado por pymes y autónomos. A Moh le supo muy mal que los asistentes aplaudieran a rabiar cuando Marín afirmó que el PP bajará los impuestos a las pequeñas empresas y los autónomos cuando llegue al Ejecutivo nacional. Testigos del momento afirman que no fue un simple aplauso sino una auténtica ovación la que se llevó Marín al asumir tal compromiso.
El caso es que la delegada, visiblemente enojada e iracunda por la intervención del representante de la Ciudad Autónoma y los vítores que suscitó, se levantó de su asiento de malos modos y a la vista de todos para abandonar el salón entre protestas por las palabras del citado consejero. Testigos presenciales de los hechos aseguran que una de sus colaboradoras en la Delegación y la diputada local Francisca García Maeso salieron tras ella en un intento de calmar las aguas.
No se sabe lo que hablaron las tres fuera del recinto del acto, en el que, por cierto, sí permaneció el diputado local Rafael Robles. Lo cierto y verdad es que un ratito después entraron y volvieron a sus asientos. Eso sí, la delegada seguía muy enfadada y no se cortaba en decir en voz alta que se había producido una falta de respeto con las manifestaciones de Miguel Marín.
Este hecho viene a poner de manifiesto la auténtica naturaleza de Sabrina Moh, su escasa cintura política y su incapacidad para entender que hay personas que no comparten su forma de ver las cosas. Con su actitud demostró lo que muchos, e incluso colaboradores suyos, sostienen respecto a su carácter irascible cuando lo que le rodea no obedece a su única voluntad.
Fue incapaz de tolerar una crítica a la política económica que desarrolla el Gobierno que representa y la verdadera Sabrina Moh salió a la superficie. Mucho tendría que aprender del ministro Bolaños, el de Justicia. Su compañero de partido se mostró absolutamente de una pieza mientras el en ese momento presidente del Foro Judicial Independiente, el magistrado Fernando Portillo, arremetía duramente contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez, al que acusaba sin piedad de tratar de hacerse con el Poder Judicial y romper las reglas del juego democrático acabando con la separación de poderes.








