• Contacto
  • Barcos
  • Portal del suscriptor
miércoles 5 de agosto de 2026   - 10:14 CEST
El Faro de Melilla
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Faro de Melilla
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Faro de Melilla
Sin resultados
Ver todos los resultados
Inicio » Opinión

Japón y Gadafi

por Álvaro Cordón
24/03/2011 23:57 CET

Compartir en WhatsappCompartir en FacebookCompartir en Twitter

El mundo anda revuelto, y gran parte de sus habitantes miran con ojos expectantes la gravedad de lo acontecido a Japón, azotado por enormes terremotos y alcanzado por un tsunami devastador, al tiempo que observa, incrédulo, las revueltas sociales en algunos países árabes, concretamente, Libia. ¿Quién no ha mostrado su admiración por el comportamiento del pueblo japonés, tras sufrir un desastre de tan graves consecuencias como las que todos conocemos y lamentamos?
Distinto es el sentir manifestado en relación a la situación desencadenada en Libia, respecto a su mandatario Muamar Gadafi, tras la represión desencadenada sobre los opositores a su gobierno.
Se podrá preguntar si estos comportamientos tienen alguna relación con la educación recibida por cada uno de sus protagonistas. La única respuesta que puede darse es que sí, dado que la vida de las personas y su comportamiento individual y social, siempre está marcado por la educación que cada cual recibe, desde que nace hasta que completa su etapa de niñez, principalmente.
Los japoneses siempre han mostrado un elevado respeto por la familia y por la vejez, siempre han demostrado su responsabilidad, tanto individual como social, su laboriosidad y su amor por las cosas bien hechas, así como su capacidad para enfrentarse con determinación a las dificultades. Esto requiere haber recibido una formación que tiene, como objetivo, resaltar valores que hagan posible una respuesta como la que todos hemos podido comprobar en los abnegados japoneses. Desde foros externos a Japón, no sólo se mira con admiración a sus ciudadanos, sino también con cierta envidia.
La situación actual de Libia está en relación directa con su primer mandatario, el señor Gadafi.
La actuación de Gadafi tiene mucho que ver con su vida personal. En realidad, no puede entenderse su trayectoria pública sin analizar su procedencia personal y su formación. Su familia es beduina, y se dedicaba al pastoreo de camellos. Son nacionalistas, su abuelo muere en lucha contra Italia y su padre fue encarcelado en varias ocasiones. Gadafi,  a los 21 años es abogado, pero se pasa a la carrera militar. Se convierte en conspirador y consigue derrocar al rey Idris y acaba tomando las riendas del país. Sus ideas son expansionistas, trata de aglutinar varios países árabes, desestabilizar a occidente, sin desechar actos de sabotaje o terroristas, habla de socialismo islámico y prohibe  los partidos políticos, ejerce el poder de forma total, controlándolo todo.
Las revueltas en distintos países árabes han dejado al descubierto ciertos comportamientos contradictorios que dejan a algunos mandatarios occidentales retratados. Teniendo en cuenta que una parte importante de quines ahora lo denostan, hace poco departían con él en su jaima, a pesar de su probada implicación en actos muy graves de terrorismo y de la ausencia de democracia en su país, podemos deducir la incomodidad en la que deben encontrarse.
Por cierto, su apego a la jaima es el cordón umbilical que lo une a su nacimiento, ya que nace al raso, en una jaima de una tribu beduina de origen árabe-bereber.
Estas consideraciones, que reflejan la antítesis de dos comportamientos, deberían poner en valor la importancia que la educación tiene para la sociedad en su conjunto. La realidad hay que mirarla de frente; la forma de educar, bien o mal, siempre revierte sobre el individuo y la sociedad.
Malcriar y consentir a los niños, o ser permisivos y contemporizar con personas dictatoriales y de comportamientos discutibles, tienen consecuencias no deseables. La irresponsable hipocresía, que primero es benevolente con la impunidad y, cuando escapa de sus manos el control, dicta decretos prohibiendo y persiguiendo lo que antes alentó, tiene mucho que ver con la proliferación de personas que acaban siendo un problema para sus conciudadanos. ¿Hasta cuándo?

RelacionadoEntradas

Siente Marruecos

Llamada a los cafetines

hace 2 días
EFE/Ismael Herrero

Las becas y la asignación escolar

hace 3 días

A Rosa Padilla, mi madre

hace 2 semanas

La doble vara de medir

hace 3 semanas
Cedida

Olga y Ramón: Cuando el amor encuentra su camino

hace 3 semanas
PSOE Melilla

Cinismo sin límites en el PSOE de Melilla

hace 1 mes

Lo más visto

  • El SEPE ofrecerá 15 euros al día a quienes participen en cursos de formación

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Pedro Fernández Antón: "Voy a trabajar para estar al servicio de todos los ciudadanos"

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Atrapados a las puertas de Melilla: Los testimonios del cierre fronterizo que dejó a muchos melillenses sin poder regresar

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Detenido un hombre en Melilla por presunta agresión sexual

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Una mirada sensible que cristaliza el tiempo para convertir los recuerdos y las emociones en arte

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Medio auditado por   
  • Contacto
  • Aviso legal
  • Términos de uso
  • Política de privacidad
  • Política de Cookies

Grupo Faro © 2023

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión

Grupo Faro © 2023