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La desesperanza, principal factor asociado al riesgo de suicidio entre universitarios de Melilla

Seis psicólogas del Gipec participan en un estudio piloto junto a la UGR para detectar señales de alerta y ofrecer recursos de ayuda al alumnado vulnerable

por Tania Chocrón
06/05/2026 11:46 CEST
La desesperanza, principal factor asociado al riesgo de suicidio entre universitarios de Melilla

Miembros del Gipec realizan una investigación de intento de suicidio en jóvenes universitarios.


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Marina Fornieles, Celia Chaves, María Enriqueta Macías, Selene Reyes, Laura del Pino y Getssiba Prado, seis psicólogas miembros del Gipec, han participado en una investigación centrada en el intento de suicidio y el riesgo suicida en jóvenes universitarios del campus de la Universidad de Granada en Melilla.

El trabajo forma parte de un proyecto público al que se presentó el Colegio de Psicología y del que resultó adjudicatario mediante tres contratos menores. Según explicaron las participantes, el primer contrato ha estado vinculado directamente al trabajo con la población universitaria del campus de la UGR en Melilla, mediante la administración de cuestionarios en las aulas.

El segundo contrato está relacionado con la concienciación y la divulgación sobre el suicidio, con un enfoque más orientado a la prevención. El tercero se centra en lo que denominaron “vida conectada”, una fase destinada a detectar, a través de los cuestionarios realizados, a aquellos estudiantes que puedan presentar un mayor nivel de riesgo para ofrecerles posteriormente una evaluación más exhaustiva y, en caso necesario, derivarlos a consulta para recibir tratamiento.

Las investigadoras insistieron en que se trata de un estudio piloto, una primera parte de un proyecto más amplio que pretende continuar en el tiempo y servir como base para futuras actuaciones de apoyo, prevención y acompañamiento dentro de la comunidad universitaria.

La población universitaria como objeto de estudio

El estudio se ha centrado en la población universitaria de Melilla, con una muestra compuesta por estudiantes de distintas facultades del campus. La horquilla de edad se sitúa aproximadamente entre los 18 y los 30 años, al tratarse de alumnado universitario.

A la pregunta de qué les llevó a centrar la investigación en el riesgo de suicidio dentro de esta población, las integrantes del proyecto explicaron que el trabajo se enmarca en la adjudicación de los contratos menores al Colegio de Psicología y en la necesidad de conocer mejor la realidad emocional del alumnado universitario.

El objetivo principal ha sido recopilar información mediante cuestionarios, identificar posibles situaciones de vulnerabilidad emocional y detectar a los estudiantes que pudieran presentar un riesgo más elevado. Esta primera fase, señalaron, se ha basado en la recogida de datos y en el análisis de las respuestas obtenidas.

Las participantes destacaron que el estudio no se limita a cifras o porcentajes, sino que detrás de cada dato hay personas. Subrayaron que el impacto de estas situaciones puede tener un “efecto mariposa” en la vida de los estudiantes y de su entorno, por lo que consideran fundamental abordar el problema desde la prevención y la detección temprana.

La desesperanza, el principal factor detectado

Una de las principales conclusiones del estudio es que la desesperanza aparece como la señal de alerta más relevante. Según explicaron, esta variable muestra una relación positiva con el riesgo de suicidio. Es decir, cuanto mayor es la desesperanza percibida por el estudiante, mayor puede ser también el riesgo asociado.

Las investigadoras definieron esta desesperanza como la sensación de ver el futuro “negro” o de no ver un futuro posible. Se trata, explicaron, de un factor emocional y cognitivo con un gran peso en la salud mental de los jóvenes.

Aunque el estudio ha recogido variables sociodemográficas como la edad, el sexo, el grado universitario, el curso o la procedencia de los alumnos, los resultados no han mostrado que estas variables tengan un peso determinante en el riesgo detectado. Lo que realmente ha destacado ha sido la desesperanza como elemento transversal.

Esta conclusión refuerza, según las integrantes del GIPEC, la idea de que el malestar psicológico puede estar presente en cualquier estudiante, independientemente de su perfil, su edad, la facultad en la que estudie o el grado que esté cursando.

Un problema transversal en el campus

Las participantes explicaron que el estudio ha permitido comprobar que el riesgo no se concentra en una facultad concreta ni en un perfil específico de alumnado. No se han detectado diferencias significativas entre facultades, grados o cursos.

“Da igual la facultad en la que estés, da igual incluso el grado que estés estudiando, el curso que estés”, señalaron. La variable que realmente influye, según los resultados obtenidos, no es de tipo sociodemográfico, sino psicológica: la desesperanza.

Esta transversalidad es uno de los aspectos que más han destacado del estudio. Las investigadoras consideran que el hecho de que el malestar pueda aparecer en cualquier estudiante obliga a plantear estrategias de prevención amplias, dirigidas a toda la comunidad universitaria y no únicamente a determinados grupos.

Además, apuntaron que estas conductas o situaciones de riesgo no siempre son fáciles de detectar. Por ello, remarcaron la importancia de contar con herramientas que permitan identificar señales de alerta y actuar antes de que el problema avance.

Cuestionarios presenciales y herramientas psicológicas reconocidas

La metodología utilizada ha consistido en la realización de encuestas presenciales en las aulas del campus universitario. Para evaluar el riesgo y la desesperanza, las investigadoras emplearon dos herramientas conocidas y utilizadas en el ámbito de la psicología: el test de desesperanza de Beck y la escala de suicidio de Paykel.

A través de estos instrumentos, se recogieron un total de 307 respuestas. Además de los cuestionarios psicológicos, también se recopilaron datos sociodemográficos de los participantes, como el grado que estudian, el curso, la procedencia y otros aspectos relacionados con su perfil académico.

Las integrantes del proyecto indicaron que se han obtenido muestras de distintas facultades de la universidad y que todavía están a la espera de conseguir más respuestas. Por tanto, el trabajo continúa abierto y forma parte de una investigación que pretende ampliarse.

Esta fase inicial ha permitido obtener una primera fotografía de la situación emocional del alumnado universitario del campus de Melilla y detectar posibles casos que requieren una atención más específica.

Seis alumnos con puntuaciones altas en desesperanza

En cuanto al porcentaje de alumnado que presenta indicios de riesgo o vulnerabilidad emocional, las investigadoras señalaron que aproximadamente seis alumnos han puntuado alto en la escala de desesperanza. Esta cifra representa alrededor de un 1,96% de la muestra recogida hasta el momento.

Aunque el porcentaje pueda parecer bajo, las participantes insistieron en que se trata de seis personas y que, por tanto, es necesario dar importancia a lo que les está ocurriendo. Subrayaron que cada caso merece atención y que el objetivo no es quedarse únicamente en el dato, sino poder ofrecer ayuda.

Según explicaron, desde el Colegio de Psicología se ofrecerán recursos a estos alumnos que han puntuado alto en la escala de desesperanza. La intención es poder realizar una evaluación inicial, desarrollar posteriormente una evaluación de seguimiento y, en caso necesario, facilitar la derivación a consulta para recibir tratamiento.

No obstante, las investigadoras aclararon que ellas no tienen constancia directa de si esos recursos han sido aceptados por los estudiantes detectados. Su labor, explicaron, ha consistido en recopilar la información y derivarla a las personas correspondientes, respetando siempre la privacidad de los datos.

Protección de datos y anonimato

Durante la entrevista, las participantes hicieron hincapié en que se trata de una cuestión privada y sensible. Al manejar información vinculada a correos electrónicos y datos personales, la gestión posterior corresponde a las personas responsables de esa fase del proyecto.

Las investigadoras explicaron que su papel ha sido el de recoger los datos, analizarlos y trasladar la información pertinente. A partir de ahí, el siguiente paso será contactar o intervenir desde los cauces adecuados, siempre dentro de los límites de la confidencialidad y la protección de datos.

También se recalcó que el estudio tiene un carácter anónimo en la fase de recogida de información y que el tratamiento de los posibles casos detectados se realiza con cautela y responsabilidad. Esta dimensión ética resulta especialmente importante al tratarse de un tema como el suicidio, que requiere delicadeza, rigor y respeto hacia las personas implicadas.

Prevención, concienciación y continuidad del proyecto

Las integrantes del Gipec destacaron que esta investigación constituye solo el primer paso de un proyecto más amplio. La recogida de datos ha sido la fase inicial, pero el objetivo es continuar con acciones de prevención, concienciación y apoyo a los estudiantes.

El segundo contrato menor adjudicado está centrado precisamente en la divulgación y la concienciación sobre el suicidio, con especial atención a la prevención. Esta línea de trabajo busca sensibilizar a la comunidad universitaria y contribuir a que el riesgo suicida se aborde de manera abierta, responsable y preventiva.

El tercer contrato, centrado en la “vida conectada”, permitirá profundizar en la detección de los casos con mayor nivel de riesgo. A través de los cuestionarios ya administrados, se podrán identificar estudiantes que necesiten una evaluación más exhaustiva y, en su caso, una derivación a recursos especializados.

Las participantes remarcaron que el proyecto aspira a ofrecer actividades y recursos tanto a las personas que lo necesiten como a la universidad en general. La intención es que esta primera investigación sirva de base para un trabajo sostenido en el tiempo.

El impacto personal del trabajo

Al ser preguntadas por lo que más les había impactado a nivel personal tras realizar este trabajo, las investigadoras coincidieron en señalar la importancia de comprobar que el malestar psicológico puede estar presente en cualquier estudiante, con independencia de su perfil.

Este hallazgo, explicaron, refuerza la necesidad de trabajar la prevención de forma amplia. Las conductas de riesgo no siempre resultan visibles y, precisamente por ello, es fundamental contar con mecanismos de detección y acompañamiento.

También destacaron la relevancia de haber podido llegar a tiempo a algunos estudiantes y de ofrecerles recursos de ayuda. Para ellas, el hecho de que el estudio haya permitido identificar casos concretos ya constituye un paso importante.

Las participantes insistieron en que no se trata únicamente de una investigación académica o estadística, sino de un trabajo con un impacto humano. Detrás de los cuestionarios hay estudiantes que pueden estar atravesando situaciones de sufrimiento y que necesitan apoyo.

Una colaboración entre el Colegio de Psicología y la UGR

Las integrantes del proyecto quisieron recalcar que este trabajo se desarrolla en el marco de la colaboración entre el Colegio de Psicología y la Universidad de Granada, con la participación de las facultades del campus de Melilla que han podido formar parte del estudio.

Asimismo, señalaron la implicación de Ingesa en este convenio, dentro de un proyecto que busca abordar la prevención del suicidio y la atención a la salud mental desde una perspectiva coordinada.

El estudio, todavía en fase piloto, ha permitido detectar la desesperanza como el principal factor asociado al riesgo suicida entre los estudiantes encuestados. También ha puesto de manifiesto que el malestar emocional puede aparecer en cualquier perfil universitario y que, por tanto, la prevención debe dirigirse al conjunto de la comunidad académica.

Con 307 respuestas recogidas hasta el momento y seis alumnos detectados con puntuaciones altas en desesperanza, las investigadoras consideran que el trabajo iniciado es solo el comienzo. La siguiente fase será continuar con la evaluación, el seguimiento y la puesta en marcha de recursos de ayuda para quienes lo necesiten.

Tags: Noticias de Melilla

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