Dice la delegada del Gobierno, Sabrina Moh, que la ministra de Sanidad, Mónica García, acompañará este lunes al presidente Sánchez en su visita a Melilla para proceder a la inauguración del hospital universitario, cuyos primeros servicios ya están en marcha desde este pasado lunes. Estaba claro que García no pisaría la ciudad entre tanto no viniera a hacerse la foto en estas instalaciones hospitalarias y muy a pesar de los graves problemas que arrastra el sistema que depende en exclusiva de su departamento. Y por supuesto, no hay previsión alguna de que la representante en el cupo que Sumar tiene en el Gobierno nacional vaya a verse con el máximo representante de todos los melillenses, el presidente Imbroda. Por cierto, tampoco se espera que lo haga Pedro Sánchez.
Al margen de cuestiones protocolarias, las declaraciones ayer de Sabrina Moh sobre si García mantendrá algún encuentro con los médicos (ya sea con el Colegio o con el Sindicato) solo mueven al escepticismo. La delegada no dijo ni sí ni no, pero no parece probable que la ministra se siente con sus compañeros de profesión para escuchar sus problemas, entre otras razones porque su departamento sigue incumpliendo desde hace dos años el Real Decreto por el que se declaraba a Melilla una zona de difícil cobertura. Aún estando claramente establecido en el Plan Estratégico Integral del Gobierno central, sigue sin tomarse una sola medida destinada a dar contenido a ese Real Decreto.
Mónica García mirará para otro lado y se limitará a la propaganda, como es habitual en su partido (Sumar), muy dado al megáfono y la pancarta pero poco eficiente a la hora de solucionar los enormes problemas de la sanidad pública en Melilla. Solo las dos ciudades autónomas dependen de ella, únicamente tiene que responsabilizarse del servicio para poco más de 170.000 personas pero ni siquiera eso le mueve a preocuparse de verdad por lo que están pasando los pacientes, muchos de cuales soportan listas de espera interminables. Tampoco le hace mover un dedo el hecho de que Ceuta y Melilla tengan la menor esperanza de vida de toda España.
Sumar, que se considera la organización política abanderada de lo público, no hace en estas ciudades lo que exige para las comunidades autónomas gobernadas por el PP. Mientras, el sistema sigue haciendo aguas y los melillenses cada vez tienen más claro que la mejor atención posible es coger un avión y desplazarse a Málaga para disponer de una sanidad mínimamente aceptable.








