La danza contemporánea nació para desafiar los límites. Surgió como una respuesta a la rigidez de los cánones clásicos, una forma de explorar nuevos lenguajes corporales, incorporando también diferentes estilos musicales, en base a los movimientos artísticos de vanguardia de inicios del siglo XX y finales del XIX. Más de un siglo después de aquella revolución artística, Melilla se prepara para acoger por primera vez un evento dedicado íntegramente a esta disciplina con la celebración de Melilla en Danza (MED), el Festival Nacional de Danza Contemporánea que tendrá lugar los días 19 y 20 de junio de 2026.
La iniciativa está coordinada por la bailarina, coreógrafa y directora melillense Marina Varem, quien ha conseguido reunir en la ciudad a varias compañías de referencia del panorama nacional para desarrollar una propuesta que transformará distintos espacios patrimoniales de Melilla La Vieja en escenarios abiertos a la creación, la emoción y el movimiento.
Para comprender el alcance del proyecto es necesario entender qué representa la danza contemporánea dentro de las artes escénicas actuales. Aunque su origen se encuentra en la ruptura con la danza clásica, Varem recuerda que ambas disciplinas están estrechamente conectadas. De hecho, el ballet continúa siendo la base técnica sobre la que se forman la mayoría de los bailarines contemporáneos.
La directora del festival define la danza clásica como el gran gimnasio del bailarín. Equilibrio, coordinación, estabilidad y dominio corporal son algunas de las herramientas que proporciona una disciplina que, paradójicamente, permite después romper con sus propias normas, apostando por un lenguaje más versátil e improvisado, algo que se obtiene desde el propio aprendizaje y la repetición. Porque la danza contemporánea nace precisamente de esa necesidad de cuestionar estructuras y explorar nuevas posibilidades expresivas.
Lejos de responder a un único estilo, la danza contemporánea se caracteriza por su enorme versatilidad. En ella conviven influencias procedentes de técnicas históricas como Graham, Cunningham o Limón, junto a elementos tomados de otros lenguajes artísticos, musicales y escénicos. Puede dialogar con la música electrónica, el techno, el house, la performance, el teatro físico o incluso el silencio. Su principal característica es la libertad para construir nuevos códigos de movimiento y la adherencia a diferentes géneros musicales.
Según explica Varem, la danza contemporánea busca priorizar la emoción y la expresividad sin renunciar a la técnica. Detrás de cada movimiento existe un importante trabajo corporal que permite al intérprete explorar gestos menos convencionales, romper patrones y encontrar nuevas formas de comunicación con el espectador.
Esa capacidad para mezclarse con otros lenguajes ha favorecido también su crecimiento durante los últimos años. La danza contemporánea vive actualmente un momento de expansión que trasciende los escenarios especializados. Cada vez es más frecuente encontrar bailarines contemporáneos formando parte de conciertos, espectáculos musicales y grandes producciones escénicas. Del mismo modo, el teatro contemporáneo incorpora con frecuencia elementos de movimiento y expresión corporal heredados directamente de esta disciplina.
Muchas de las imágenes escénicas que hoy forman parte del lenguaje teatral actual encuentran sus raíces en la investigación corporal desarrollada por la danza contemporánea durante décadas. Ese diálogo constante con otras artes ha contribuido a convertirla en una de las expresiones más dinámicas e innovadoras del panorama cultural actual.
Fue precisamente esa riqueza artística la que llevó a Marina Varem a plantearse la creación de un festival propio en Melilla. La bailarina reconoce que durante años consideró que desarrollar una carrera profesional en la danza contemporánea implicaba necesariamente abandonar la ciudad. Sin embargo, las sucesivas invitaciones para participar en diferentes proyectos culturales melillenses a propósito de la danza contemporánea, le hicieron descubrir que existía un público receptivo y un interés creciente por este tipo de propuestas.
A partir de esa experiencia comenzó a tomar forma la idea de crear un festival estable que acercara a Melilla algunas de las compañías más interesantes del circuito nacional. El resultado es una primera edición que reunirá a creadores procedentes de distintos puntos de España y que convertirá la ciudad en punto de encuentro para profesionales y aficionados de la danza.
La programación arrancará el viernes 19 de junio a las 20:30 horas en el Torreón de Bolaños con “Lenguaje Universal”, la propuesta de Marina Varem. Quince minutos después, el público se desplazará al Torreón de las Cabras para asistir a “Untitled Duet”, de David Grimaldi. La jornada concluirá a las 21:10 horas en la Plaza Pedro Estopiñán con “Trash”, también de Grimaldi, una pieza conectada con la anterior que completa el recorrido artístico de la primera noche.
La actividad continuará el sábado 20 de junio con una nueva ruta coreográfica por diferentes espacios patrimoniales de la ciudad. A las 20:30 horas, la Plaza de las Cuatro Culturas acogerá “Quema”, de Jacob Gómez. Posteriormente, a las 20:50 horas, la compañía Eszer presentará “Unarys” en la Plaza de Armas. El festival se despedirá a las 21:10 horas con “Vibra!”, de Arnau Pérez, también en la Plaza de Armas.
Como actividad complementaria, el festival ofrecerá una masterclass de danza contemporánea impartida por Marina Varem el próximo 17 de junio. La formación, a la que todavía pueden inscribirse personas interesadas, estará abierta a participantes a partir de diez años e incluirá calentamiento corporal, trabajo técnico basado en las metodologías Release, Limón y Cunningham, así como el acercamiento visual a una coreografía que posteriormente podrá verse durante el festival.
Más allá de las piezas individuales, MED ha sido concebido como una experiencia colectiva. El público acompañará el recorrido de los artistas desplazándose de un escenario a otro, compartiendo el tránsito entre espacios históricos y formando parte activa del propio desarrollo del festival. Una propuesta que conecta con la filosofía de los principales festivales nacionales de danza contemporánea en espacios no convencionales.
En este sentido, Melilla posee una singularidad especialmente atractiva. Sus murallas, plazas, torreones y espacios históricos ofrecen un contexto privilegiado para este tipo de intervenciones artísticas. Varem considera que la ciudad cuenta con un enorme potencial para convertirse en un escenario natural donde patrimonio y danza dialoguen de forma permanente.
La dimensión del proyecto va más allá de la programación artística. La directora del festival ha logrado establecer una comunicación directa con Acieloabierto, la red estatal que agrupa algunos de los festivales de danza contemporánea más importantes desarrollados en espacios no convencionales. Gracias a ese vínculo, varias de las compañías participantes forman parte de los circuitos profesionales más relevantes del país.
Se trata de un avance significativo, ya que muchos festivales tardan años en establecer relaciones sólidas con esta red. La buena acogida que ha despertado Melilla entre organizadores y compañías ha permitido abrir una vía de colaboración que podría resultar estratégica para el futuro cultural de la ciudad.
La consolidación del festival durante al menos dos ediciones consecutivas podría facilitar la incorporación de Melilla a los circuitos nacionales especializados, favoreciendo la llegada de nuevas compañías, creadores y profesionales de la danza. La ciudad pasaría así a formar parte de una red estable de intercambio artístico que contribuiría a reforzar su presencia dentro del mapa cultural español.
Con esta primera edición, Melilla en Danza aspira a convertirse en mucho más que una cita cultural puntual. El proyecto nace con la voluntad de acercar nuevos lenguajes artísticos a la ciudadanía, abrir espacios para la creación contemporánea y situar a Melilla dentro de los circuitos nacionales de la danza. Durante dos jornadas, la ciudad se transformará en un escenario abierto donde el movimiento, la emoción y el patrimonio caminarán juntos.








