Cada año, con el final del verano, se repite la misma escena: las personas vuelven a la rutina con la sensación de haber "pecado" durante las vacaciones.
Horarios desordenados, comidas fuera de casa, helados al atardecer y tapeo nocturno dan paso al deseo (y la presión) de "limpiarse" con dietas rápidas y restrictivas. Pero, ¿es realmente necesario?
Para resolver esta cuestión, El Faro de Melilla ha conversado con Guzmán Aisa, dietista-nutricionista con experiencia en educación alimentaria.
Su respuesta es clara: "Si tus hábitos son realistas, equilibrados y mantienes una buena relación con la comida, volver a ellos no cuesta nada. El problema aparece cuando esos hábitos ya eran restrictivos antes del verano: entonces, el regreso se convierte en un castigo".
El enfoque de Guzmán Aisa se aleja de las modas y los titulares sensacionalistas: nada de ayunos obligatorios, batidos depurativos o listas de alimentos prohibidos. El objetivo no es compensar, sino reconectar con el cuerpo y con los cambios sostenibles.
"Nuestro cuerpo es súper agradecido. Si dejamos de hacer dietas extremas y le damos lo que necesita, recupera su equilibrio de forma natural", afirma.
El estudio que alerta sobre la juventud melillense
Este regreso a la normalidad alimentaria cobra especial relevancia a raíz de un estudio reciente de la Universidad de Granada (UGR), que señala un alto consumo de alimentos ultraprocesados y poco saludables entre los adolescentes musulmanes de Melilla, especialmente en la franja de edad de 15 a 17 años. El informe apunta a un patrón dietético rico en grasas saturadas, azúcares añadidos y productos de escaso valor nutricional.
Ante esta realidad, Guzmán Aisa es contundente: "La única solución real es la educación nutricional desde la infancia y sostenida en el tiempo, acompañada por profesionales cualificados como los dietistas-nutricionistas. La idea no es prohibir, sino enseñar a elegir y a entender por qué comemos como comemos".
Para el experto, el papel de las familias, los centros educativos y las instituciones sanitarias es clave: "La educación alimentaria debe acompañar a la persona desde la cuna, no comenzar cuando ya hay problemas de salud".
¿Detox? No, gracias
Una de las consecuencias más comunes tras los excesos veraniegos es el deseo de "resetear" el cuerpo mediante técnicas de limpieza o dietas detox. Sin embargo, Aisa desmonta esa tendencia: "No dejan de ser formas de restricción encubierta. A largo plazo, generan más daño que beneficio. El cuerpo ya tiene sus propios sistemas de depuración: el hígado, los riñones... no necesitamos jugos milagrosos".
Su propuesta es mucho más sensata: volver a una alimentación rica en frutas y verduras de temporada, proteínas de calidad como pescados o legumbres, y grasas saludables (aguacates, frutos secos, aceite de oliva). Todo ello sin caer en extremos, sin moralizar la comida, y sin perseguir una falsa perfección.
Romper con los horarios rígidos
Otra de las creencias habituales es que hay que comer cinco veces al día o que el desayuno es obligatorio. Para Guzmán Aisa, estos dogmas son peligrosos. "Asignar un horario rígido o un número de comidas exacto puede generar frustración. Lo importante no es el cuándo, sino el cómo y el por qué".
¿Y qué pasa con el famoso ayuno intermitente? "Es una herramienta que puede tener evidencia en ciertas patologías, pero no es una solución universal. Cada persona tiene un contexto y unas necesidades distintas. Lo fundamental es adaptar la alimentación al ritmo de vida de cada uno".
Snacks sin culpa: comer entre horas no es el enemigo
El picoteo entre horas suele ser visto como un error. Pero Guzmán Aisa ofrece otra perspectiva: "Muchas veces, el 'snack' es un auténtico salvavidas: por falta de tiempo, trabajo acumulado o simplemente porque tenemos hambre. No hay que demonizarlo, solo hacerlo bien".
Entre sus recomendaciones, encontramos desde opciones clásicas como una fruta o un puñado de frutos secos naturales, hasta alternativas más completas como un sandwich con pan de calidad, yogur con granola o incluso restos de almuerzo. La clave, dice, es entender el contexto y escuchar al cuerpo.
Construir hábitos sin prisas ni culpas
La idea de fondo que recorre toda la conversación con Guzmán Aisa es clara: no hay soluciones rápidas ni milagrosas, pero sí caminos saludables y sostenibles. Para retomar la rutina tras el verano - o empezar una nueva etapa más equilibrada - no hace falta comprar batidos caros ni seguir a gurús de internet. Hace falta escucharse, educarse y ser amable con uno mismo.
A quienes arrastran una mala relación con la comida desde hace tiempo, el dietista-nutricionista lanza una invitación: "Quizás este semptiembre sea el momento de mejorar esa relación para siempre. Alejarse de las restricciones no es un capricho, es una necesidad para la salud física y emocional".
Educar en salud para cambiar el futuro
Frente a los preocupantes datos del estudio de la UGR sobre los adolescentes musulmanes melillenses cabe destacar que es imprescindible trabajar desde edades tempranas. Si no lo hacemos, aumentarán las patologías asociadas como la diabetes, la obesidad o los problemas cardiovasculares.
La solución, asegura Guzmán Aisa, no está en los castigos, las dietas ni las prohibiciones, sino en una educación nutricional con base científica, accesible y empática. Para lograrlo, es necesario la implicación de los colegios, centro de salud, familias y medios de comunicación ya que, comer bien no debe ser un privilegio ni una moda, debe ser un derecho y una prioridad social.
La vuelta a la rutina tras el verano no tiene por qué ser sinónimo de culpa ni penitencia. Tampoco debe convertirse en un desfile de dietas restrictivas ni de promesas milagrosas. La alimentación es parte de la vida, y como tal, debe abordarse con realismo, conocimiento y respeto.
Y en ciudades como Melilla, donde conviven distintas culturas, realidades socioeconómicas y retos sanitarios, la educación alimentaria se vuelve una herramienta imprescindible para construir un futuro más saludable para todos.








