En las calles de Melilla, un ejército silencioso de voluntarias se enfrenta cada día a la desprotección de cientos de gatos callejeros. Sin respaldo suficiente y con recursos limitados, estas cuidadoras, encabezadas por Magda Bosch -quien atiende el 83% de las colonias felinas de la ciudad-, denuncian una situación insostenible y reclaman medidas urgentes.
"Estamos en un limbo administrativo y económico", advierte Bosch, una de las principales coordinadoras. En su visión, los gatos forman parte del paisaje urbano y su cuidado refleja el nivel de sensibilidad de una sociedad hacia sus más vulnerables. Sin embargo, el sistema legal existente carece de medios materiales, relegando toda la gestión a manos voluntarias.
Uno de los mayores desafíos es la atención veterinaria de urgencia. Las voluntarias afrontan gastos que, en muchas ocasiones, son inasumibles. Bosch relata un caso reciente: “El tratamiento costó 270 euros, más 67 de sacrificio. Una operación completa habría ascendido a 800 euros. No tengo cómo pagar eso por un gato callejero”.
La confusión institucional agrava el problema. Mientras Tragsa -empresa encargada del control animal- afirma que no cubre gatos del programa CES, Sanidad sostiene lo contrario. “Al final, siempre somos las particulares quienes actuamos”, lamenta.
Más allá del tratamiento veterinario, las voluntarias enfrentan carencias logísticas. Ya sin apoyo en el transporte, deben usar sus vehículos, asumiendo el deterioro y el gasto en combustible.
También reclaman una financiación estable para la alimentación diaria de los felinos. Aunque la CAM cubre castración, vacunación y chip, no hay ayudas para el pienso. “Una colonia de 40 gatos consume 50 kilos al mes. Mis nueve gatos personales consumen un saco de 15 kilos”, ejemplifica Bosch.
A ello se suma la necesidad urgente de un centro de recuperación para animales enfermos. “Nos encontramos un gato en la calle y no tenemos dónde llevarlo. A veces no nos queda más que volver a soltarlo”, denuncia, recordando el reciente sacrificio de una gata con tumor y anemia grave ante la falta de opciones.
Capturas nocturnas sin refugio: ¿dónde meter un gato a las nueve de la noche?
El problema se intensifica por las limitaciones horarias. Muchas colonias solo son accesibles de noche, cuando los veterinarios ya han cerrado. “¿Qué hago con un gato si lo capturo a las nueve de la noche? ¿Dónde lo meto?”, plantea Bosch.
En definitiva, las voluntarias piden, con urgencia, la creación de un centro de recuperación, espacios de resguardo nocturno, apoyo logístico y financiación para alimentación. No se trata solo de gatos: se trata de justicia, responsabilidad institucional y empatía colectiva.
Melilla debe decidir si quiere seguir mirando hacia otro lado o dar un paso al frente por aquellos que no tienen voz.









Me niego sufragar con mis impuestos este tipo de gasto, el que quiera cuidar de estos animales que lo hagan con cargo a su bolsillo.