Melilla saldó ayer una deuda que tenía contraída con la Guardia Civil de esta ciudad: la entrega de una bandera de España personalizada, que estaba preparada desde hacía años pero que, por distintas razones, nunca había cumplido su destino. El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, en nombre de todos los melillenses, depositó la enseña nacional en un acto institucional y solemne organizado en un lugar muy emblemático: la Plaza de Armas, en el Pueblo.
Para la ocasión viajó hasta Melilla el director general adjunto operativo de la Guardia Civil, teniente general Manuel Llamas, y contó con la presencia de la magistrada Laura García, titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3, que actuó como madrina, quien con su nombramiento como tal adquiere un mayor compromiso tanto con la Guardia Civil como con la propia ciudad, tal y como recordó el presidente Imbroda en su discurso.
Con este acontecimiento, Melilla rinde homenaje al instituto armado, cuya presencia en esta ciudad se remonta al 1 noviembre de 1893 y que quedará para siempre ligado a la historia melillense por su heroica acción en 1921, cuando solo 10 de sus agentes consiguieron detener el ataque contra Nador desde un lugar tan precario como era la fábrica de harina. Y es solo uno de los muchos ejemplos que pueden ilustrar este editorial, que El Faro quiere dedicar hoy a la Guardia Civil.
El cementerio de La Purísima acoge el eterno descanso de guardias que dieron su vida por España, como Juan Gallardo Saldaña, que murió por metralla en Marruecos en 1925, o sus compañeros Juan Antonio Díaz Román, Juan Ramón Joya Lago y Antonio Molina Martín, asesinados por la ETA y a los que España entera debe honor y gloria.
La Guardia Civil es una gran institución, muy valorada por los españoles por su capacidad de sacrificio y su enorme vocación de servicio público. En este caso se puede hablar del cabo Ferrón, que ostenta la Medalla de Oro de la Ciudad Autónoma por el rescate de una bebé y su madre cuando volcó la embarcación en la que pretendían llegar a Melilla. Y, en general, lo que los melillenses pretenden con la entrega de esa bandera es simbolizar su agradecimiento, respeto y admiración por la labor que desarrollan esos hombres y mujeres que cada día visten el uniforme para garantizarnos la libertad a todos los ciudadanos, porque solo desde la seguridad eso es posible.








