Rafael Domingo Oslé (Logroño, 1963) es licenciado y doctor en Derecho por la Universidad de Navarra, ambos con Premio extraordinario. Discípulo de Álvaro d’Ors, Rafael Domingo ha sido catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Cantabria (1993-1995) y de la Universidad de Navarra (desde 1995). Actualmente es el titular de la cátedra Álvaro d'Ors en el Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra.
Fue decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Navarra, desde 2011 a 2023. Ha trabajado en la Emory University de Atlanta como Francisco de Vitoria Senior Fellow, Spruill Familly Professor of Law and Religion y co-director del programa de Cristianismo y Derecho. Actualmente es coeditor de la Journal of Law and Religion de Cambridge University Press. Especialista en Derecho Romano, historia del derecho, teoría del derecho, cristianismo y espiritualidad. Domingo es autor de 35 libros y más 100 artículos y capítulos en libros. Entre sus obras destacan: The New Global Law (Cambridge UP, 2010), God and the Secular Legal System (Cambridge UP, 2016), Roman Law: An Introduction (Routledge, 2018), Law and the Secular Legal System (CUA Press, 2023); Derecho y Trascendencia (Aranzadi 2023), Espiritualizarse (Rialp, 2024), con Gonzalo Rodríguez-Fraile, y El sentido del cristianismo (La Esfera de los Libros, 2025). Con John Witte, Domingo ha coeditado The Oxford Handbook of Christianity and Law (2023).
-Su último libro, El sentido del cristianismo. ¿Qué le movió a escribirlo?
-La inspiración para escribir este libro surgió tras una larga conversación con un magnate estadounidense en Nueva York. Charlamos sobre las contribuciones del cristianismo a la humanidad y, más específicamente, sobre su relevancia en sociedades democráticas y pluralistas. Me planteó la idea de que el cristianismo ya no es necesario en nuestra sociedad secularizada, por grandes que hayan sido sus contribuciones, y eso me llevó a explorar el tema más a fondo.
-La convicción que le ha guiado a lo largo de toda la redacción del manuscrito es...
-Que el cristianismo puede ser una fuerza transformadora en una sociedad que parece fragmentarse cada vez más. Argumento que el cristianismo no es solo un legado histórico, sino que sigue siendo una invitación a una vida de respeto, amor, perdón y solidaridad. En un mundo tan desbordado por la tecnología y el consumismo, el mensaje cristiano se convierte, parafraseando al humorista José Mota, en un “cuerdo de remate” que necesitamos redescubrir.
-¿El verdadero reto del cristianismo radica en...?
-La forma en que sus seguidores han vivido y transmitido el mensaje de Jesucristo. La historia cuenta con ejemplos de malas interpretaciones y prácticas que no han estado a la altura de las enseñanzas de Jesús. Esto ha llevado a fenómenos como la Inquisición, o a los abusos sexuales, en nuestros días, o la limitación de la libertad religiosa. Por eso, es crucial distinguir entre el cristianismo como fe, que permanecerá siempre y es fuente de amor y perdón, y la cristiandad como su plasmación cultural, que es cambiante y no siempre ha acertado, por más que su aportación haya sido impresionante. Rectificar es de sabios.
-¿La "sociedad poscristiana" le gusta como término?
-Es un término complejo. Aunque podemos hablar de sociedades posmodernas o postseculares, no creo que el cristianismo esté en una fase "post". Si Dios es Amor, como enseña el cristianismo, su presencia es permanente y no puede ser relegada al pasado.
-¿Cuál debería ser el papel de la jerarquía de la Iglesia en la esfera pública?
-La jerarquía de la Iglesia debe actuar como una luz moral, iluminando el ámbito político desde la espiritualidad, pero sin inmiscuirse directamente en debates políticos. Cuando se involucra de manera activa, el cristianismo corre el riesgo de clericalizarse limitando la libertad de los creyentes, lo que puede generar un fuerte rechazo social.
-¿El cristianismo ha ofrecido mucho al mundo?
-Más allá de las contribuciones tangibles en el ámbito del arte, la educación, la salud y la beneficencia, el cristianismo ofrece la radicalidad de un Dios que es Amor. En un mundo que a menudo margina esta idea, la ausencia de este amor conduce a la polarización y a un vacío espiritual. Por eso, creo que una de las palabras claves de nuestros días es perdón. Y el cristianismo, como religión del perdón, tiene mucho que ofrecer.
-Se ha puesto de moda la espiritualidad, diferenciándola de la religiosidad...
-Creo que es un fenómeno interesante que refleja una búsqueda de sentido a la vida. Los jóvenes de hoy muestran un sincero respeto por la naturaleza y una necesidad de trascendencia. A pesar de que puedan alejarse de las tradiciones religiosas, este camino espiritual puede conducirlos a una conexión más profunda con lo sagrado. La espiritualidad y la religión pueden coexistir y enriquecerse mutuamente. Y en el cristianismo se funden de manera admirable, pues invita a un encuentro con un Dios encarnado que es Amor.
-¿La espiritualidad es necesaria hoy como siempre?
-Es fundamental que los cristianos comprendan que somos seres multidimensionales: cuerpo, mente y espíritu. La espiritualidad no es solo una práctica ritual, sino una búsqueda de conexión con Dios y con los demás. Fomentar momentos de silencio, reflexión y contemplación puede ayudarnos a espiritualizarnos, incluso en un mundo saturado de estímulos.
-¿Nada de lo humano me es ajeno?
-Los cristianos somos como los demás y nos vemos afectados por todas las debilidades humanas, como los demás. Creo que hemos perdido de vista la belleza del cristianismo y su potencial transformador. A veces, nos hemos conformado con una fe superficial. vivida de forma cansina y poco atractiva.
-Robos, maltratos, competitividad atroz… En la sociedad hay mucho mal. ¿El cristianismo es necesario?
-El cristianismo presenta la idea de una sociedad trinitaria, que integra un yo con un nosotros. En contraste con el individualismo, que se olvida del nosotros, y de los totalitarismos, que patean el yo personal, el cristianismo puede ofrecer una visión enriquecedora que respeta tanto la individualidad como la comunidad, el yo y el nosotros. Su capacidad para unir, integrar y transformar
sociedades, a través del amor, el perdón, la solidaridad, el respeto, sigue siendo vital en la actualidad.
-Amor, perdón, solidaridad, respeto... no se pueden comprar con dinero.
-Me gustaría que recuperáramos la idea de la contemplación. En un mundo donde la información y la racionalización predominan, la contemplación nos permite abrir nuestros corazones a la trascendencia y provocar un encuentro con un Dios que es Amor. Cuando esto se produce, la vida de cada persona y de cada sociedad cambia radicalmente. Se diviniza.








