En esta tercera semana de Adviento, en muchos de nuestros hogares ya montaron su Belén.
Conozcamos un poco su historia
La representación de la Escena del Nacimiento de Jesús se remonta a las pinturas de las catacumbas de los cristianos en los primeros siglos de nuestra era. La más antigua que se conoce, de alrededor del año 380, fue descubierta en 1877 en las catacumbas de San Sebastián en Roma, en una cámara mortuoria, aunque en las catacumbas romanas de Priscila hay una imagen de la Virgen con Niño (la primera de la que se tiene noticia) acompañados del profeta Miqueas y la estrella de Belén, que data del siglo II.
Algunos historiadores sitúan el inicio del Belén en el acta notarial que se registró en Nápoles en el año 1025 en una iglesia, “Santa María ad Praesepe”, llamada “La redonda”, si bien de una de las muchas capillas destinadas a guardar fragmentos del pesebre de más que dudosa autenticidad, recogidos en Tierra Santa.
En todo caso, el origen de esta costumbre es doble: por un lado, hay que buscarlo en las esculturas y pinturas que adornan los templos para adoctrinar a unos fieles que eran en su mayoría analfabetos y por otro, en las representaciones teatrales semi litúrgicas que se representaban durante la misa de Nochebuena.
En la Europa Medieval, el pueblo llano que no entendía los ritos cristianos, revestidos de un lenguaje complejo, y lo más común era seguir las ceremonias en latín sin comprender ni la palabra de su significado.
Así, algunos catequistas y predicadores echaban mano de representaciones, dibujos o cuadros para hacer llegar sus mensajes a la gente. Y en muchas de estas dramatizaciones, se iban introduciendo mezcla de personajes evangélicos con otros profanos, a veces inventados e incluso anacrónicos.
Pero el momento clave para que esta tradición tome auténtico impuso es el año 1223. Dieciséis años antes, el papa Inocencio III había prohibido las representaciones sagradas preocupado por la excesiva vulgarización de los pasajes. Aquel año, Francisco de Asís, acompañado de su inseparable hermano León, llegaba a la localidad italiana de “Greccio” con idea de evangelizar a la gente de aquella inhóspita tierra. Francisco quiso que los campesinos participaran de un modo especial en el misterio de la Navidad, así que pidió una dispensa al papa Honorio III, para instalar una gruta que había descubierto en el bosque, un pesebre con paja y colocar allí una imagen del Niño Jesús y un buey una mula vivos junto a ella, propiedad de un vecino rico, Giovanni Vellita.
Aquella Nochebuena colocó en la gruta a todos los habitantes de Greccio, que sin pretenderlo llegaron como los pastores a la cueva de Belén. En ese escenario se celebró la Misa del Gallo, mostrando a los fieles el Misterio como nunca lo habían visto.
Francisco desecha ver al niño divino en la desnudez del pesebre. Quería reencontrar la humanidad y ternura de Dios. Quería hacer memoria del divino Niño que nació en Belén. Francisco celebra, hace memoria. Proclama y visualiza mímicamente, con profunda emoción y expresividad, el nacimiento de Jesús.
Cuando miremos nuestro Nacimiento sería bueno recordar su verdadero sentido. Por eso es fundamental que nuestros niños, conozcan su historia.
“La Navidad de Francisco es única. Muchos hablan de Francisco como el inventor del pesebre (así, se le llama también al belén), sino que hizo algo más importante: impulsó y renovó decisivamente la devoción hacia el Nacimiento.”
Cuando la representación dejó de ser necesaria para la instrucción de los adultos, continuó como un elemento decorativo, para las fiestas y un motivo de devoción, y siempre como una ocasión para acercar a los niños al misterio navideño.
A España la tradición llegó de la mano del monarca Carlos III, importada en el siglo XVIII de Nápoles (por aquel entonces bajo la misma corona).
Su popularidad en los hogares españoles e hispano americanos se extendió a lo largo del siglo XIX,
Hoy se pueden encontrar belenes, nacimientos o pesebres, que con los tres nombres se conocen, prácticamente en todo el mundo, especialmente en los templos en Navidad, tanto católicos como protestantes, aunque en los hogares no es tan frecuente fuera de los países de ascendencia latina. En algunos pueblos españoles y particularmente en Latinoamérica se acostumbre todavía a hacer los pesebres en vivo, lo que se llama un belén viviente.
También es tradicional poner un pesebre vacío cuando se instala el belén y el día 24 por la noche se coloca en él al Niño Jesús.
En mi belén, cada año lo coloca uno de mis nietos. Se van turnando de mayor a menor, es una costumbre familiar.
¿Era José el anciano asido a una vara florida como se le representa en el nacimiento?
Casi con toda probabilidad, NO, y de hecho en representaciones primitivas aparece como un joven fuerte y sin barba.
La vara florida que lleva en la mano, símbolo de haber sido elegido para desposar con María.
¿Tienen alguna importancia los pastores?
Podría decirse que tanta como los Magos, porque completan la simbología sobre a quien se manifiesta el Dios hecho hombre. Si los Reyes, además de la universalidad, representan la sabiduría y la ciencia, los pastores son símbolos del pueblo sencillo, pobre y pecador, y también del Pueblo de Dios, los judíos.
Su papel en Nochebuena, es clava. Al hacer caso al ángel, buscan al Niño, reconocerlo y adorarlo se convierten en personajes tremendamente simbólicos que representan a los creyentes. De hecho, durante muchos siglos, se mantuvo un ritual dentro de la Misa del Gallo (que en algunos países como Polonia, se conoce como Misa de los Pastores, Pasterka) en el que participaban pastores locales que llevaban corderos hasta el altar para homenajear a Jesús recién nacido.
Es muy común representarles arrodillados delante del pesebre. En el mundo hebreo antiguo, las rodillas eran consideradas como símbolo de la fuerza, por lo que doblar la rodilla era, por tanto, doblegar nuestra fuerza ante el otro, en este caso ante Dios.
Una muy antigua tradición afirma que los restos mortales de los tres pastores primeros a los que se les apareció el ángel, Jacobo, Isacio y Josef, se conservan en la salmantina villa de Ledesma, en cuya Iglesia, en efecto, existe una arqueta que contiene restos óseos y en la que se guarda un documento escrito donde se hace constar la autenticidad de tales reliquias.
Yo tengo la costumbre de poner la imagen de mi Niño Jesús y la vela blanca, más grande de la Corona de Adviento (la 5ª vela), en el centro de las mesas de Nochebuena y Navidad.
El belén, nacimiento o pesebre no es un elemento “decorativo” más de los que cada año ponemos en nuestros hogares. ¡Es mucho más que eso!, es tener en nuestra casa la recreación del momento más importante de la historia de la salvación, cuando Jesús Dios, se hace niño y nace en un lugar muy humilde, rodeado de los seres más sencillos del mundo. Pero sin olvidar su divinidad, gracias a la presencia de los Magos de Oriente. ¡Es la esencia verdadera de la Navidad!
Por eso en cada hogar, en cada casa, principalmente, no puede faltar. Y los más pequeños, deben de verlo así. Crecer con esta idea, con la creencia que la Navidad es mucho más que fiestas, luces y regalos. Aunque realmente si que es, en sí misma, un regalo, el que nos hace el Padre con el nacimiento de su Hijo, Jesús.
Y cuando queramos felicitar a alguien desechemos el “Felices Fiestas”, y apostemos por ¡FELIZ NAVIDAD!
Bendición del Belén
Oremos,
Señor Dios, Padre nuestro,
que tanto amaste al mundo
que nos entregaste a tu Hijo único
nacido de María, la Virgen,
dígnate bendecir este nacimiento
y a la comunidad cristiana que está aquí presente,
para que las imágenes de este Belén
ayuden a profundizar en la fe
a los adultos y a los niños.
Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.








