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¿Por qué no baja la criminalidad en Melilla?

El Balance de la Criminalidad, que acaba de publicar el Portal de Transparencia, con cifras del Ministerio del Interior, concluye que de enero a junio de este año las infracciones penales han crecido en la ciudad. Lo más escandaloso es el aumento anual del 33% en los robos con fuerza y de casi el 13% en los ciberdelitos

por Tania Costa
19/09/2025 19:10 CEST
¿Por qué no baja la criminalidad en Melilla?

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La seguridad en Melilla está vinculada a la frontera, pero la práctica nos ha demostrado que aunque influye, no es determinante. Tras las restricciones que obligan a entrar a la ciudad con visado, ha habido un antes y un después. Eso es indiscutible y, además, está documentado con cifras oficiales. Sin embargo, aunque hoy estamos mejor que hace unos años, huelga decir que seguimos sin registrar un descenso de las infracciones penales, que sí están consiguiendo grandes capitales, como Madrid (-2,7%) y Barcelona (-6,6%).

Así lo recoge el acumulado de los últimos seis meses del Balance de Criminalidad, que acaba de publicar el Portal de Transparencia, con datos que ya en su día hizo públicos el Ministerio del Interior. Estas cifras nos dicen que de enero a junio de este año, mientras una gran ciudad como Málaga ha logrado mantener a cero la variación anual de la criminalidad, en Melilla ha aumentado un 3,8%, impulsado por los ciberdelitos, que siguen disparados aquí un 12,6% y por el aumento del 33,3% en los robos con fuerza.

O sea, somos carne de cañón de estafadores virtuales y de quienes destrozan las ventanillas de nuestros coches para robar en su interior. Lo de las estafas virtuales, doy por hecho que va muy ligado a la Educación. Pero visto lo visto, igual me equivoco al creer que el bajo nivel cultural es el único responsable de inversiones fallidas en negocios inexistentes. No me atrevo a decir que esto es cosa de incautos, porque todos corremos el riesgo de morder el anzuelo, pero es verdad que por un lado están los que jamás pinchan absolutamente nada y, por otro, quienes le meten el dedo automáticamente a todo lo que les llega al teléfono o al correo electrónico.

Los SMS fraudulentos suplantando a Correos, la DGT, al banco o las bolsas de empleo con ofertas personalizadas han quedado atrás, pero siguen llegando. Lo novedoso ya ni siquiera son los WhatsApp y llamadas desde Ghana, desde una cárcel de Chile, Irlanda o Alemania. Ahora te estafan al reservar por Internet un apartamento turístico o dar la señal para un alquiler, al invertir en la bolsa asiática o suplantando la identidad de un hijo que está estudiando en el extranjero. Los timadores han afinado sus métodos y en una sociedad en la que todos vamos a un ritmo acelerado, picar es cuestión de tiempo y de suerte..

Pero esto no ocurre solo en Melilla. Sin embargo, los números que maneja el Ministerio del Interior nos dicen que aquí pecamos de cándidos. Y la pregunta sigue siendo la de siempre: ¿por qué?

En agosto pasado el Sindicato Unificado de Policía (SUP) propuso la creación de una unidad específica para combatir los ciberdelitos, con agentes mejor formados y, sobre todo, especializados. Ni caso. Aquí siempre leemos grandes titulares cuando llegan agentes de refuerzo, pero luego se marchan en silencio. Si sumamos todos los que han arribado a Melilla, nos faltarían patrullas para ubicarlos. Ya nos falta espacio para los que están en la Comisaría de Policía Nacional que todos los ministros dicen que van a reformar y la ampliación no llega. La precariedad no sólo nos persigue sino que se ha convertido en nuestra seña de identidad en todos los Cuerpos… aunque luego se maticen las quejas.

No hay que ser de otro planeta para reconocer que hay zonas de Melilla que a día de hoy viven al margen de la ley. Vamos al ejemplo más facilón: La Cañada. Si usted recorre la zona, podrá comprobar que la quema de contenedores y de vehículos abandonados allí parece ser una afición. Por no actuar, ni siquiera los retiran de la vía.

Recuerdo que hace unos años hubo en Melilla un comisario interino que quiso poner orden en La Cañada y duró aquí lo que un merengue en la puerta de un colegio. Lo trasladaron de inmediato a un centro de formación. Pero dejó huella.

Lo desaparecieron, pero nunca mejor dicho, creó escuela. A partir de ese momento, empezó un proceso, que a mí me ha parecido lento, pero aplastante, de desarticulación de puntos de venta de droga en Melilla. Esta semana, de hecho, tenemos un detenido por vender cocaína en el Barrio del Carmen. El arrestado tenía antecedentes por 11 delitos similares. No entiendo cómo este tipo de personas consigue burlar la cárcel y tú cometes la más mínima infracción de Tráfico y ese día te puedes arropar con la multa.

Por motivos que no logro entender, los de clase media no nos escapamos de Hacienda: mientras menos sueldo percibes, más impuestos pagas y si te quejas de que la sanidad y la Educación están manga por hombro, te ensartan los activistas políticos que andan como hienas, buscando hacerse un hueco en las listas de colocación de algún partido para poder caminar a la sombra al menos lo que queda de legislatura.

Y hablando de sombra, lo de este verano en Melilla, ha sido de protégenos-señor-con-tu-espíritu. Todos los años leemos una comparativa de temperaturas y siempre estamos en el año más caluroso. Ya es hora de asumir que estamos en África, que la desertificación avanza para todos y de que hay que buscar soluciones a las altas temperaturas. Los pequeños pueblos de Andalucía ya las han encontrado con los famosos toldos de los cascos antiguos. Aquí vamos tarde, pero algo hay ya en la calle O’Donnell. El problema está en que si te sales del trayecto, el sol te pega un cálido abrazo, que te deja KO. Confiemos en que, por el bien del comercio en verano, los toldos se multipliquen por nuestra ciudad.

Tags: agentesciberdelitos

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Comments 1

  1. Francés comentó:
    hace 8 meses

    Los mandos de la policía están politizados y lo único que quieren es que los policías lo les den ruido, por tanto los buenos policías que actúan contra el delito no les interesan, prefieren los que esquivan actuar y detener con tal de ko hacer ruido, independientemente de que haya o no delincuencia

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