Ese extraño pico
Para los que observen por primera vez un piquituerto (Loxia curvirostra), su extraño pico puede hacerles pensar que este pajarillo ha nacido con una tara. Nada más lejos de la realidad; lo cierto es que ese extraño pico, con sus puntas mirando cada una al lado contrario de la otra, es una de las herramientas más especializadas que existen en la naturaleza. Su misión es abrir las duras piñas para extraer los piñones de los que se alimenta el piquituerto, y este pajarillo aprende desde su infancia a manejar su pico cada vez más eficazmente, hasta lograr que no haya piña que se les resista.
De hecho, el parque periurbano de Rostrogordo, el único lugar de Melilla donde se puede observar al piquituerto, es un pinar donde la especie dominante es el pino carrasco (Pinus halepensis), un pino cuyas piñas se caracterizan por su dureza y por ser especialmente difícil separar sus escamas para sacar sus piñones antes de la apertura natural de la piña, que se puede demorar muchos meses después de su madurez. Estas son las piñas de las que se alimentan los piquituertos en nuestro pinar, por lo que tienen que demostrar una especial maestría en el uso de su pico.
Cantando entre eucaliptos
Los piquituertos solían ser abundantes en Rostrogordo hace algunos años, pero en la actualidad su presencia es tan escasa que observar algún ejemplar es todo un acontecimiento. De todas formas, cuando abundaban no era sencillo verlos, ya que suelen deambular entre las ramas de los pinos, dificultando mucho la observación directa. Sin embargo, en los meses más calurosos del verano se les podía ver en pequeños grupos, junto con pinzones, jilgueros y otras aves, en los pequeños charcos que se forman junto a las fuentes del parque periurbano, a las que acudían para beber y refrescarse. Estas ocasiones eran ideales para observar con detalle estos curiosos pajarillos y sus características más significativas. Las hembras son de un color verde apagado, más claro por vientre y garganta, y algo más llamativo en el obispillo (parte baja de la espalda). Los machos tienen una librea muy diferente, de un color anaranjado más oscuro en cabeza y espalda que les hace más fácil de descubrir entre las ramas de los árboles.
Además, acostumbran a apostarse en las ramas más altas para hacerse bien visibles a sus congéneres mientras efectúan su canto. En el caso de nuestros pinares, los árboles más altos son los eucaliptos que hay intercalados entre los pinos, por lo que si acudimos con los prismáticos para observar estas aves, lo más práctico es oír atentamente el canto de algún macho para localizar la dirección de donde proviene, y buscar el eucalipto más próximo a esa dirección. No nos costará trabajo descubrir la silueta anaranjada de este pajarillo en las ramas más altas del eucalipto señalado. Las hembras, mucho más miméticas, suelen pararse durante unos pocos segundos en las cercanías del macho que canta, momento en el que se pueden ver las diferencias entre ambos sexos.
Aves del norte y del sur
El área de distribución de los piquituertos se extiende por toda América del Norte, Asia, Europa y norte de África. Al estar tan especializados para alimentarse de los frutos de los pinos, su distribución está delimitada por el espacio que ocupan los bosques de coníferas. Esto hace que sean más abundantes en las latitudes más norteñas de su área de distribución, donde las coníferas ocupan de forma natural mucho más espacio que las frondosas, ya que están mejor adaptadas al frío y la nieve. Las subespecies de piquituertos que viven en estos bosques fríos tienen un color más vivo que las subespecies sureñas, incluida la nuestra, cuya librea es notablemente más apagada. Los piquituertos de nuestra zona son de la subespecie poliogyna, y su color se acerca más al naranja.
Biodiversidad contra incendios y plagas
Una mal entendida gestión forestal en los países del sur ha primado la plantación de coníferas sobre la de frondosas, llenando de pinos los montes de España y Marruecos para un aprovechamiento a corto plazo con consecuencias nefastas para el medio ambiente. Sin embargo, esta proliferación de cultivos de coníferas ha venido muy bien para algunas especies entre las que se incluye el piquituerto. Los errores cometidos hasta ahora apuntan a que se deben plantar dentro de los monocultivos de coníferas árboles de otras especies autóctonas para favorecer la biodiversidad de estos cultivos y evitar los incendios a los que son tan propensos, así como evitar plagas como la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) o el barrenillo (Tomicus piniperda). En Rostrogordo estas dos plagas han acabado con una buena parte de nuestro pinar, por lo que es más necesario que nunca aumentar su resiliencia, y esto pasa por aumentar su biodiversidad. Introducir otras especies de árboles contribuye a la buena salud del pinar, lo que redunda en beneficio de la población local de piquituertos. Cuanto antes se tomen estas medidas, antes podremos ver el regreso de estos bellos pajarillos a nuestro pinar, del que nunca se deberían haber marchado.









