La festividad de Pésaj ya ha dejado atrás uno de sus momentos más importantes: el Séder. Desde la noche de este martes, la comunidad judía entra en una segunda fase de la celebración, que se alargará hasta el jueves 9 de abril por la noche y que tiene un carácter algo distinto, más relajado pero igual de significativo.
Durante los primeros días, las familias se reunieron en torno a la mesa para seguir la Hagadá, ese relato que guía paso a paso la cena ritual y que recuerda la salida del pueblo judío de Egipto. Es, sin duda, el momento más solemne de toda la festividad, donde cada gesto y cada alimento tienen un significado concreto.
Ahora, una vez pasado ese punto central, la celebración continúa, pero con un ambiente más cotidiano dentro de lo especial que sigue siendo Pésaj.
El significado que sigue presente en cada hogar
Aunque el Séder ya haya quedado atrás, el espíritu de la fiesta no desaparece. Durante estos días, las familias continúan manteniendo las tradiciones propias de Pésaj, especialmente en lo que tiene que ver con la alimentación.
Se sigue evitando el consumo de alimentos con levadura, una de las normas más conocidas de esta festividad. Esto implica que en las casas se mantiene una rutina distinta, donde el pan tradicional desaparece y se sustituye por productos específicos como la matzá.
Más allá de lo alimentario, lo importante es el recuerdo constante de la libertad, que es el eje central de Pésaj. Esa idea sigue presente en las conversaciones, en los encuentros familiares y en la forma de vivir estos días.
Días para compartir y bajar el ritmo
Después de la intensidad del Séder, esta segunda parte de la festividad se vive de una forma más tranquila. Es tiempo de seguir reuniéndose, de compartir comidas y de disfrutar de la compañía, pero sin la estructura tan marcada de los primeros días.
En muchas casas, estos días sirven también para visitar a familiares y amigos, alargando ese ambiente de comunidad que caracteriza a Pésaj. Es una continuidad de la celebración, pero con un ritmo más relajado.
Se podría decir que, tras la parte más ritual, llega una etapa más social, donde lo importante es mantener el vínculo entre las personas.
La cuenta atrás para la Mimona
A medida que avanzan los días, todas las miradas están puestas en el final de la festividad, cuando llega uno de los momentos más esperados: la Mimona.
Esta celebración marca el cierre de Pésaj y tiene un carácter completamente distinto. Si durante la semana se han seguido normas estrictas, especialmente en la alimentación, la Mimona simboliza justo lo contrario: la vuelta a la normalidad.
Es una fiesta alegre, abierta y muy participativa, donde las casas se llenan de dulces, música y visitas.
Una fiesta abierta y muy esperada
La fiesta de Mimona no es solo una celebración más dentro del calendario. Tiene un componente muy especial, ya que tradicionalmente las casas se abren para recibir a familiares, amigos e incluso vecinos.
Las mesas se llenan de dulces típicos, especialmente elaborados con harina, como una forma simbólica de recuperar lo que ha estado prohibido durante toda la semana.
Es un momento de encuentro, de compartir y de celebrar juntos el final de Pésaj. El ambiente cambia por completo: de la solemnidad se pasa a la alegría.
Dulces, visitas y mucha convivencia
Uno de los elementos más característicos de la Mimona es la comida. Los dulces son los grandes protagonistas, y no faltan en ninguna casa.
Pero más allá de lo gastronómico, lo importante es el ambiente que se genera. Las visitas se suceden, las puertas están abiertas y se respira un clima de cercanía y convivencia.
Es habitual que las familias preparen sus casas para recibir a mucha gente, creando un espacio donde todos son bienvenidos. La Mimona es, en esencia, una fiesta para compartir.
Una tradición muy arraigada
En lugares como Melilla, donde la comunidad judía tiene una fuerte presencia histórica, la celebración de Pésaj y su cierre con la Mimona forman parte del calendario habitual.
Son días que se viven con intensidad, donde tradición y convivencia van de la mano. Desde el recogimiento del Séder hasta la alegría de la Mimona, la festividad recorre diferentes emociones y formas de celebración.
Esta transición es precisamente lo que hace especial a Pésaj: la capacidad de combinar memoria, identidad y celebración en una misma semana.
De la memoria a la celebración
Pésaj comienza con el recuerdo de la historia, con ese relato que se transmite generación tras generación durante la lectura de la Hagadá. Pero termina con una celebración abierta, donde lo importante es compartir y disfrutar.
Ese recorrido, desde lo más solemne hasta lo más festivo, refleja también la esencia de la propia festividad.
En estos días, la comunidad judía de Melilla continúa viviendo Pésaj con intensidad, preparándose ya para despedirlo como marca la tradición: con una Mimona llena de vida, dulces y puertas abiertas.








