La Junta de Gobierno de la Virgen de la Victoria ha designado a Paco Gámez como pregonero de la Patrona de Melilla. El acto se celebrará el próximo 23 de agosto a las 21:15 horas, tras la Eucaristía, en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, actual sede de la imagen tras las obras de restauración en la iglesia de la Purísima Concepción. En el mismo acto se presentará el cartel anunciador, obra del artista melillense Luis Legido.
Gámez, de 74 años, fue elegido pregonero en 2021, pero una grave enfermedad le obligó entonces a renunciar. Ahora, superada la etapa más difícil, se enfrenta al reto con emoción, humildad y gratitud.
“Me llamaron para ofrecérmelo otra vez y no me lo esperaba. Pensaba que ya no tendría otra oportunidad, sobre todo porque he perdido voz tras la operación. Pero dije que sí. Me dije a mí mismo: esto tengo que hacerlo”, explica.
Una promesa aplazada
En 2021, cuando fue designado pregonero por primera vez, Gámez ya no se encontraba bien. Poco después le diagnosticaron un cáncer de esófago y estómago. Fue trasladado de urgencia a Málaga, donde fue intervenido quirúrgicamente. Tuvo que renunciar al pregón, que pronunció en su lugar su amigo Gregorio Castillo.
“Recuerdo que vine de Málaga, ya me habían operado. Y entonces llegué justo el día antes de la misa de la presentación del cartel y estaba Gregorio dando el pregón. Para mí fue un momento muy emotivo”, cuenta. Al año siguiente, tampoco pudo ser. “Salió elegida Isabel Migallón, una gran amiga y una gran congregante. Lo hizo precioso. Lleno de vivencias”.
Este año, cuando el presidente de la Congregación, Luis Manuel López de la Manzanara, le propuso volver a asumir el encargo, Gámez lo vivió con una mezcla de sorpresa y emoción. “Yo pensaba que me quedaba fuera ya. Me llamó mientras conducía. Me tuve que parar porque fue un momento muy emotivo, un momento que hierve la sangre y se acelera el alma. Me emocioné. Y acepté”.
Entre la ciencia y la poesía
Su vida profesional estuvo vinculada a la electrónica y a la ciencia, pero su vocación siempre fue la literatura. “Desde pequeño me ha encantado la poética. Cuando me jubilé, por un accidente laboral en el Ministerio de Defensa, me dediqué a lo que me gusta: la poesía, el teatro, la zarzuela, el canto. Todo lo que tiene que ver con la cultura”.
Ha sido un colaborador activo en múltiples iniciativas culturales y religiosas de Melilla. También es consejero de la Congregación de la Virgen de la Victoria. Su implicación con la vida religiosa local no es reciente. “Mi padre era devoto. Desde que nací he vivido esa devoción en casa. La recibí como herencia, pero también como elección personal. Tengo tres verdaderas pasiones, la Virgen de la Victoria, la Virgen de la Soledad y la Virgen de las Lágrimas”.
Gámez no esconde su vínculo con las imágenes marianas. “Yo soy muy mariano, lo confieso. Sé que lo importante para los creyentes es Cristo, pero la madre es la madre. A una madre no se le dice que no. El primer amor y el eterno amor que tiene un hijo es el amor a su madre”.
Un pregón sencillo y personal
El proceso de escritura, aunque emocional, no ha sido complicado. “Cuando me nombraron pregonero de la Semana Santa, lo pasé muy mal porque fue mi primer pregón y porque tienes que contar vivencias tuyas íntimas. Un momento tuyo que tú lo creías privado, pero que lo van a hacer público, cómo le das forma, todo es un proceso de qué le quiero decir y cómo se lo voy a decir y cómo lo van a recibir”.
Gámez ya tiene escrito el pregón. Son siete folios a doble cara. Calcula que no durará más de 25 minutos. “Es una exaltación corta, pero muy personal. No busco usar palabras rebuscadas. Solo quiero abrir el corazón y hablar desde el amor. Así lo he hecho”.
Define el texto como una conversación íntima entre él y la Virgen. “Es una charla que vamos a tener ella y yo. No es un discurso solemne. Es mi forma de decirle: Madre, aquí estoy”.
A pesar de su experiencia como orador, admite que está nervioso. “He dado conferencias, he presentado actos, he hecho muchas cosas en público, pero esto es diferente. Me tiembla hasta la planta de los pies. El miedo aflora, sí. Es la responsabilidad de hablarle a la Virgen. Me viene muy grande, por el cariño y la devoción que le tengo. Me preocupa no decirle todo lo que quiero. Sé lo que le voy a decir, pero ¿y lo que no le voy a decir? Me da miedo que se me quede algo importante en el tintero”.
Un cartel que inspira
El cartel anunciador del Novenario, obra de Luis Legido, ha sido una fuente de inspiración directa para Gámez. “Me ha venido perfectamente bien. Es como si hubiésemos estado conectados el autor y yo. La imagen que aparece en el cartel me ha ayudado muchísimo a escribir la exaltación. Ha sido perfecto”.
Ha evitado dar detalles, como marca el protocolo, pero no escatima elogios: “Es una maravilla. De verdad. Hacía años que no veía algo tan bonito. Nos ha impresionado a todos en la Junta de Gobierno. Luis ha tenido una inspiración enorme”.
El próximo 23 de agosto, Paco Gámez cumplirá con un encargo que la enfermedad le obligó a aplazar. Asegura que se siente fuerte, que ha recuperado buena parte de la voz, y que confía en que podrá afrontarlo. “Voy a logopeda, a clases de modulación. Estoy muy ilusionado. Y sé que saldrá bien”.
Tiene claro el mensaje que quiere dejar: “El amor. Amor a la patrona, a Melilla, al prójimo, a la madre. El amor a la Virgen es algo que no se explica, se siente. Y yo estoy enamorado de mi Virgen de la Victoria”.







