Después del fatídico incendio forestal de Los Gallardos, en la provincia de Almería, no resulta difícil preguntarse cuál es el mejor modo de proceder en estos casos extremos y qué pudo fallar para que trece personas confirmadas perdieran la vida. Los sucesos se están investigando y queda mucho por esclarecer. En el ámbito local, El Faro de Melilla ha hablado con el Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento de la ciudad autónoma para saber más sobre este tipo de incendios.
Lo primero que aclara el servicio es que en Melilla no podría darse un fuego de estas condiciones por las características del territorio. Igualmente, que el cuerpo de bomberos melillense no recibe la misma formación en este tipo de riesgos como sucede en otros lugares o puestos como es el caso de los agentes forestales y medioambientales, que custodian el entorno natural y todo lo que ello implica. Si existe tal riesgo, se profundiza mucho más en los conocimientos sobre esta clase de situaciones.
Señalan que el fuego almeriense es “de interfaz” porque el incendio forestal se extiende en un territorio donde conviven vegetación y viviendas. En Melilla, en cambio, la única zona arbolada que existe se encuentra en los Pinares de Rostrogordo y está “perfectamente delimitada”. No colinda con ninguna casa exceptuando el camping, que puede tener ocupaciones puntuales. Otra de las zonas más delicadas es el margen del Río de Oro, especialmente, en la parte comprendida entre la Plaza Martín de Córdoba y la Carretera de Hidum.
Allí hay una masa forestal que ha crecido mucho y que está rodeada de cañaverales. “Por la experiencia que nosotros tenemos en este tipo de incendios, cuando se dan las circunstancias apropiadas de viento, pues nos cuesta bastante el control y la extinción del fuego”. Son fuegos muy aparatosos que generan bastante alarma entre la población, sobre todo, en las casas que se encuentran cercanas, a tan solo unos seis metros del margen del río. Las llamas suelen ser altas y traen mucho humo y gases tóxicos.
La primera recomendación en esta zona, que quizá es la que concentra más riesgo en la ciudad, es que las personas que residen en estas viviendas, en caso de incendio, se confinen en su interior. Cerrar ventanas y si queda alguna apertura, colocar objetos como toallas mojadas para evitar la proliferación de humo y gases tóxicos por el efecto del viento. Es poco probable que el incendio llegue a traspasar los hogares, pero por los cañaverales, la vegetación incandescente puede desplazarse hasta cien metros. “Si cae sobre algún combustible como un toldo de alguna terraza, sí que puede haber una propagación”, explican.
La situación de Almería sigue siendo muy dispar a la que pudiera ocurrir en la ciudad autónoma. En algunos casos, lo más seguro será confinarse, y en otros, salir al exterior. En el ejemplo de Los Gallardos, “hemos visto que las viviendas han quedado devastadas también”. Desde el servicio comentan que todo depende de la proximidad y la dirección del fuego. Por la información que se conoce, algunos decidieron salir en coche o continuar a pie, lo que resultó en una trampa mortal.
Por ello es esencial controlar y conocer el terreno si se encuentra en el margen de la interfaz y tener un plan de autoprotección por si el incendio se complica. Los nervios suelen jugar, además, una mala pasada en situaciones tan críticas como esta. Volviendo a las recomendaciones, siempre evitar que el humo y los gases entren en la casa porque el riesgo principal está en respirar este tipo de combustibles, y retirar todo lo que pueda arder y alimentar el fuego como toldos o ropa tendida.
Las administraciones tienen buena parte de la responsabilidad, más aún, a nivel preventivo: deben encargarse de limpiar los campos y la vegetación para que el incendio no se propague a gran velocidad. El cuerpo de bomberos incide en que, para que haya un fuego, tienen que darse tres elementos: una materia combustible, un comburente (el oxígeno del aire) y una energía de activación (el calor). “Nosotros sobre el aire no podemos actuar, el oxígeno está ahí y no podemos limitarlo”, lamentan. Por otro lado, es difícil actuar sobre el combustible y lo más efectivo será retirarlo. Ahí es donde entra la parte institucional.
Si no se puede retirar, al menos “hacer unos sectores de incendio para que la propagación no sea favorable y también habilitar caminos para que los servicios de emergencia puedan entrar en cualquier ubicación y en cualquier momento”. Es un factor que se comenta cada vez que hay un incendio forestal, más si es de la magnitud como el de Almería. La prevención ha de realizarse en los meses de frío para que esto no suceda en verano. La principal dificultad está en el “choque de competencias” que, finalmente, hace que los terrenos no pasen esas verificaciones, aumentando el riesgo en el periodo estival.








