Melilla ha dado un nuevo paso para reforzar su infraestructura digital con la ampliación del Centro Tecnológico, una actuación clave ante el crecimiento sostenido de los servicios digitales y las limitaciones del actual edificio. Por ahora, la Ciudad ha previsto la redacción del proyecto de esta ambiciosa iniciativa, que supondrá un coste de unos 307.000 euros. El equipo técnico que elabore este documento será además quien se ocupe del estudio de seguridad y salud y la posterior dirección facultativa de las obras.
La actuación se canalizará a través de la Dirección General de la Sociedad de la Información, al tratarse de infraestructuras de naturaleza tecnológica. Así, habrá un plazo de cinco meses para entregar el proyecto y los redactores del mismo retomarán su actividad una vez se adjudiquen las obras, cuya ejecución se prevé en torno a los 24 meses. Eso significa que tendrán que pasar al menos dos años antes de ver finalizada este plan de ampliación del centro.
Se queda pequeño
Las actuales dependencias de la Dirección General de la Sociedad de la Información, situadas en la calle Fuerte de San Miguel, han ido concentrando progresivamente tanto servicios administrativos como infraestructuras tecnológicas. Sin embargo, el incremento de personal técnico especializado y la creciente demanda de servicios como la administración electrónica, el almacenamiento de datos, la ciberseguridad o el mantenimiento de redes TIC han evidenciado “una falta de espacio que empieza a comprometer la operatividad y la capacidad de respuesta del área”, señala la Ciudad en los documentos a los que ha tenido acceso este periódico.
Especialmente crítica es la carencia de salas adecuadas para servidores y centros de proceso de datos (CPD), que requieren climatización específica, aislamiento y garantías de continuidad del servicio ante incidencias. El objetivo principal es la adecuación del Centro de Proceso de Datos de Melilla y la construcción de un edificio para la ampliación del Centro Tecnológico.
Ampliación
La ampliación del espacio tecnológico melillense se realizará sobre una parcela colindante, también propiedad de la Ciudad. El planteamiento inicial pasa por mantener el edificio actual como núcleo administrativo y técnico, mientras que el nuevo inmueble se concibe como un espacio más versátil, orientado a la investigación, la formación, los laboratorios universitarios y, eventualmente, a albergar CPD de terceros mediante acuerdos o convenios.
La intención es convertir el conjunto en un complejo tecnológico de referencia en Melilla, capaz de generar sinergias con la nueva sede universitaria en el antiguo edificio de Correos y de renovar la fisonomía de la zona. El proyecto deberá garantizar, además, una coherencia formal y constructiva con el inmueble existente, de modo que ambos volúmenes se perciban como un conjunto unitario y armonizado.
Programa ambicioso
El programa de necesidades dibuja un edificio complejo y altamente especializado. En la planta sótano se concentrarán las infraestructuras más críticas, como salas de equipos informáticos y de comunicaciones, espacios de energía, almacenes técnicos y cuartos de instalaciones, todos ellos con accesos restringidos y diseñados con asesoramiento de expertos en CPD. La seguridad, la climatización y la protección contra incendios serán elementos centrales en esta planta.
La planta baja acogerá aulas de formación, un espacio de recepción común para ambos edificios y aseos adaptados. En la primera planta se distribuirán aulas-laboratorio, salas de tutorización y despachos para la coordinación de proyectos. La segunda planta estará reservada a una gran sala multifuncional, modulable para exposiciones, reuniones o conferencias, junto a salas de apoyo y reuniones, también con control de accesos.
La planta superior o de cubiertas incluirá instalaciones técnicas, zonas de sombra y una terraza transitable con posibilidad de albergar eventos, siempre que la normativa lo permita.
Será obligatorio que el nuevo edificio se conecte con el actual tanto en planta baja como en planta segunda, manteniendo la independencia funcional de ambos. Asimismo, el proyecto deberá poner especial énfasis en la protección frente a riesgos naturales (terremotos, incendios o inundaciones) y en la minimización de daños ante posibles incidentes en el entorno, señala la memoria.








