El mes de agosto avanza y Melilla se adentra en esa fase en la que el verano parece tener dos velocidades: la de quienes aún viven con intensidad los días largos y la de quienes ya cuentan los que faltan para la rutina. Entre la arena caliente de las playa de San Lorenzo, las terrazas llenas al caer la tarde y la cuenta atrás para la Feria de Melilla, los melillenses afrontan la recta final de la temporada estival con planes dispares y sensaciones encontradas.
Para Francisco, el verano todavía no ha empezado del todo. "No hemos salido de Melilla este año y no tenemos previsto hacerlo. Entre el trabajo y que todo está más caro, al final decidimos quedarnos aquí", confiesa. "Nos organizamos para ir a la playa, salir alguna noche y aprovechar la feria, que para mí es lo mejor del verano en Melilla".
En una ciudad donde el calor aprieta pero el mar siempre está cerca, muchos optan por lo que ahora se denomina 'staycation': vacaciones sin salir de casa, pero disfrutando de los recursos locales. La playa de Horcas Coloradas, la Ensenada de los Galápagos o la propia San Lorenzo se convierten en el refugio más asequible para quienes buscan refrescarse. "Ir a la península este año nos costaba el doble que ir en 2023, así que preferimos invertir en cosas aquí y no endeudarnos", añade Francisco.
Los que ya regresaron y piensan en septiembre
En el otro extremo están los que ya disfrutaron de sus vacaciones y ahora miran con pragmatismo los gastos que trae septiembre. Una madre de dos niños, acaba de regresar de una semana en Málaga. "Fue un esfuerzo grande, porque entre barco, gasolina, hotel y comidas se nos fue el presupuesto", reconoce. "Ahora ya toca apretarse el cinturón para la vuelta al cole, que este año viene fuerte: libros, uniformes, actividades extraescolares... No es momento de gastar más".
El gasto escolar, de hecho, es uno de los grandes protagonistas del final del verano melillense. Las librerías y tiendas de material ya empiezan a recibir clientes, y las familias se organizan para afrontar un desembolso que, según los melillenses, puede superar los 400 euros por niño en la ciudad. "Si no planificas, septiembre te come", resume esta madre.
La feria, el último gran capítulo del verano
Pero entre presupuestos y previsiones, hay un evento que rompe la rutina: la Feria de Melilla, que este año promete traer a miles de vecinos y visitantes. Un melillense lo tiene claro: "Para mí, el verano no termina hasta que acabe la feria. Es una semana en la que te olvidas de todo, comes en las casetas, escuchas música, te encuentras con amigos que no ves durante mucho tiempo... Es especial".
Los preparativos ya se notan en el recinto ferial, donde operarios trabajan sin cesar en el montaje de las casetas y posteriormente en las atracciones. Para muchos la feria es también un motor económico: hosteleros, feriantes y vendedores ambulantes ven esos días una oportunidad para compensar la caída de actividad que a veces deja agosto.
"Yo no me he ido de vacaciones para ahorrar para ir a la feria con mi mujer y mis hijos. Es una semana donde puedes disfrutar que en cualquier sitio de España, al menos para nosotros. Disponemos de comida tanto de tarde como de noche, de baile, de fiesta, de copas y de diversión para los niños. ¿Para qué queremos más?", afirma otro melillense.
El calor, protagonista inevitable
Si hay algo que une a todos los melillenses en esta recta final del verano es el calor. Aunque la ciudad ha escapado de las temperaturas extremas que castigan a buena parte de la península, los termómetros superan con facilidad los 33 grados y la humedad hace que la sensación térmica sea más alta.
Una vecina dice que: "Yo salgo temprano a hacer mis cosas y el resto del día me quedo en casa con el ventilador. La playa me gusta, pero a ciertas horas es imposible". Para otros, en cambio, el calor es sinónimo de vida en la calle. "Este es el clima que a mí me gusta, porque la noche es larga y puedes estar en la playa hasta tarde", comenta un joven.
La Agencia Estatal de Meteorología prevé que el calor se mantenga en niveles altos durante lo que queda de agosto, con mínimas que rondarán los 25 grados en algunas jornadas. Esto significa que las playas seguirán siendo un punto de encuentro clave para familias y grupos de amigos.
Un verano desigual en el bolsillo
El contexto económico ha marcado la forma en que muchos melillenses han vivido este verano. La inflación en transporte y alimentación ha reducido la capacidad de gasto de algunas familias, mientras que otras, con mayor margen económico, han podido viajar o invertir en ocio fuera de la ciudad.
Los chiringuitos como el Soul Beach y las heladerías han visto un flujo constante de clientes, aunque reconocen que ha estado "un poco más flojos" que años anteriores.
Expectativas para septiembre
Para muchos, septiembre es un mes de transición: vuelta al trabajo o a las clases, pero también temperaturas más suaves y una ciudad que recupera su ritmo habitual. Sin embargo, todavía queda un tramo de verano que, en Melilla, tiene identidad propia.
“Lo bueno de vivir aquí es que septiembre sigue siendo verano”, recuerda Francisco. "Puedes ir a la playa sin aglomeraciones, las noches son agradables y todavía hay vida en la calle. Para mí, lo mejor viene después de la feria”.
Otros melillenses ven en septiembre el momento de “resetear” el presupuesto y empezar a planificar nuevas escapadas. “Si todo va bien, quizá en Navidad podamos hacer algo. De momento, toca quedarse en tierra”.
En resumen, Melilla afronta la recta final del verano con un mosaico de sensaciones: ilusión por la feria, resignación por los gastos escolares, alivio por no sufrir temperaturas extremas como en otras partes de España y, en muchos casos, la certeza de que quedarse en casa puede ser tan válido como viajar. Con el mar como telón de fondo y la feria como último gran capítulo, la ciudad cierra el verano a su manera, sin prisas y con la vista puesta en un septiembre que seguirá oliendo a sal y sonando a verbena.







