Melilla vive un momento de efervescencia turística. Sin ser todavía un destino masificado, la ciudad va ganando terreno gracias al boca a boca, al turismo deportivo, a las rutas culturales y a la curiosidad de quienes buscan lugares auténticos fuera de los circuitos habituales. Patricia Giles, fundadora de Melilleando Tour, lo constata a diario.
“Este fin de semana tuvimos las visitas con la Fundación Melillense de Fútbol, con árbitros de toda España. Ayer hicimos la ruta del modernismo, partiendo desde la Plaza de España, y hoy llevé al segundo grupo a Melilla la Vieja, con parada en las Cuevas del Conventico. Ha sido precioso, muy animado”, relató.
El flujo turístico vinculado a eventos y actividades deportivas, explica Giles, ha sido un revulsivo para la economía local. “Por los derechos deportivos y este tipo de eventos se mueve mucha gente. Llegan, comen, pasean, hacen fotos… y descubren una ciudad que no esperaban”, cuenta satisfecha.
El perfil del visitante: entre el recuerdo y la curiosidad
Preguntada sobre el modelo turístico actual, Giles reconoce que no dispone de cifras oficiales, pero su experiencia como guía le ha permitido identificar varios perfiles de visitantes. “Hay un público que ya teníamos: personas mayores que hicieron aquí la mili o que tienen familiares, y regresan con nostalgia. Es un perfil muy senior, que viene a reencontrarse con la ciudad”, explica.
Otro grupo que destaca es el del viajero experimentado. “Veo mucha gente que ya ha recorrido toda España y busca destinos nuevos, distintos. Melilla les atrae por su historia, su arquitectura y esa mezcla cultural tan singular. Me llegan sobre todo de Andalucía, Madrid y Barcelona”, detalla.
Pero hay un tercer perfil que le entusiasma especialmente: los familiares de estudiantes que llegan a la ciudad. “Me encanta ese tipo de visitante. Los padres llegan corriendo a instalar a sus hijos en la universidad o en el campus, y enseguida quieren conocer la ciudad. Hacemos un tour, se enamoran del lugar, y en mayo vuelven para la puesta de insignia o los actos de fin de curso, muchas veces con más familia. Es precioso ver cómo ese cariño crece de visita en visita”, señala.
“Melilla está increíble para el turista”
En cuanto a la capacidad de la ciudad para acoger un turismo más numeroso, Giles se muestra optimista, aunque subraya algunos retos. “La ciudad ahora mismo está increíble para el turista. No hay aglomeraciones, se disfruta muchísimo. El visitante puede recorrerla, hacer fotos y relajarse. Lo único que necesita un poco de mejora son algunas plantas de hoteles que llevan 30 o 40 años y necesitan reforma”, apunta.
La guía destaca también el buen funcionamiento del transporte urbano y la oferta gastronómica. “La flota de taxis y autobuses funciona genial, y a la hora de reservar en restaurantes no hay problema. Tenemos muchísimas opciones y la gente sale encantada. Las notas que nos dan los turistas son de sobresaliente”, asegura.
Un destino emergente, no saturado
A diferencia de otros puntos del litoral español, Giles considera que Melilla no corre el riesgo de sufrir la saturación turística que padecen lugares como Lanzarote o la Costa del Sol. “Viví en Playa Blanca, en Mallorca, en la Costa del Sol… y te puedo asegurar que estamos muy lejos de convertirnos en un destino saturado. Allí el turismo ha llegado a un punto en que genera rechazo. En Melilla eso no va a pasar”, afirma con convicción.
La razón principal, explica, está en las limitaciones naturales y de comunicación. “Todavía es costoso llegar desde la península. Los bonos turísticos son una maravilla, pero los precios de los vuelos, siguen siendo altos. Eso hace que el visitante que llega sea de perfil medio-alto, con un bolsillo que le permite consolidar el viaje”, comenta.
Giles recuerda con nostalgia una época en la que las conexiones eran más accesibles. “Llegamos a tener tres compañías aéreas. Yo estudiaba en Granada y era una maravilla poder venir en barco: salías a las nueve de la mañana y a las dos estabas en Málaga. Ahora eso se ha perdido, y las nuevas generaciones no lo disfrutan. Tener medios de transporte fiables es fundamental para planificar viajes a largo plazo”, advierte.
Calendario y promoción: tareas pendientes
Para consolidar el crecimiento turístico, Giles cree esencial mejorar la comunicación de los eventos culturales y festivos. “El fin de semana pasado fue el Diwali y me pareció una de las celebraciones más bonitas que tenemos. Pero me enteré tres días antes del programa. Si lo hubiera sabido con dos meses de antelación, habría traído a mis amigas de Granada. Un calendario de eventos bien estructurado permitiría atraer visitantes expresamente para esas fechas”, sugiere.
La promoción anticipada, insiste, no solo beneficiaría a las agencias, sino también a los hoteles, restaurantes y comercios. “Tenemos un calendario deportivo muy potente; deberíamos hacer lo mismo con los festejos culturales y religiosos. Así el visitante puede organizar su viaje con tiempo y vivir Melilla en su mejor versión”, añade.
El potencial de los cruceros
Uno de los ámbitos donde más se está notando el esfuerzo institucional es en la llegada de cruceros. Giles valora muy positivamente esta nueva vía de promoción. “Se está haciendo una labor genial. El crucerista es un visitante exigente, pero está quedando encantado. Las navieras francesas, por ejemplo, son muy cuidadosas con los destinos que eligen, y que vengan aquí a probar es una señal excelente”, explica.
Melilleando Tour ya tiene contratadas excursiones con varios grupos de cruceristas. “El 15 de noviembre llega un barco de prueba, y en enero otros dos de alta gama. Son cruceros de lujo, y sus viajeros sí consumen en la ciudad, dejan gasto y se interesan por la cultura local. Por eso estoy trabajando a fondo la ruta en francés. Mi objetivo es consolidar ese perfil para 2026 o 2027, que se repita año tras año”, afirma.
Giles se muestra optimista sobre el futuro del turismo melillense. “Estamos emergiendo, creciendo con calma y con identidad. Eso es lo que hay que cuidar”, subraya.
Para ella, el verdadero éxito está en la experiencia personal de quienes la visitan. “El turista se va con un sabor de boca buenísimo. Disfruta la ciudad, su historia, su gente y su comida. Y cuando se van, muchos ya están pensando en volver. Esa es la mejor señal de todas”, concluye.







