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Inicio » Medio ambiente

Melilla apuesta por educar a los niños en el cuidado medioambiental

Los colegios, instituciones y nuevas tecnologías se alían en Melilla para inculcar a los más pequeños el valor del reciclaje, el cuidado del entorno y la sostenibilidad

por MAJ
24/01/2026 09:00 CET
Melilla

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En Melilla, cuidar el medioambiente ya no es solo una cuestión de adultos. Cada vez son más las iniciativas que buscan concienciar a los niños desde edades tempranas sobre la importancia de preservar el planeta. Desde actividades lúdicas en mercados hasta videojuegos inclusivos o programas escolares especializados, la ciudad avanza en su compromiso con la educación medioambiental infantil.

Una de las iniciativas más visibles en las últimas semanas ha sido el despliegue del proyecto “Champis Squad” en distintos espacios públicos de Melilla. Esta propuesta, impulsada por la empresa adjudicataria del nuevo contrato de limpieza, tiene como objetivo fomentar el reciclaje entre los más pequeños mediante actividades dinámicas y educativas. En el Mercado del Real, los niños han podido participar en juegos y talleres en los que aprenden, de forma divertida, a separar residuos, identificar contenedores y entender el valor de reducir su impacto ambiental.

Este mismo equipo de animadores e informadores ambientales también ha llevado sus actividades a los colegios infantiles de la ciudad, donde el mensaje ecológico se adapta a la edad de los escolares. A través de dinámicas interactivas y personajes como “los Champis”, se fomenta la participación y se transmite la idea de que el reciclaje es una responsabilidad compartida.

La apuesta por el entretenimiento con propósito no se queda ahí. El proyecto “Recycling Jump” suma la innovación tecnológica a la causa ecológica. Se trata de un videojuego inclusivo desarrollado con el objetivo de enseñar a reciclar mientras se juega. A través de distintos niveles, los usuarios, incluidos niños con diversidad funcional, aprenden a reconocer residuos y depositarlos correctamente en los contenedores adecuados, todo ello con una interfaz sencilla, accesible y entretenida.

Según los impulsores de esta herramienta, uno de los grandes valores del videojuego es que permite trasladar el aprendizaje más allá del aula o los espacios formales. Los niños pueden jugar desde casa, reforzando así los mensajes de sostenibilidad recibidos en el entorno escolar o en actividades externas. Además, se promueve el uso responsable de la tecnología como vía de aprendizaje.

Esta línea de acción se enmarca dentro de un impulso institucional más amplio. El consejero de Medio Ambiente, Daniel Ventura, ha anunciado recientemente que 2026 marcará un antes y un después en la limpieza de la ciudad. Entre las medidas previstas, destaca el refuerzo del equipo de informadores medioambientales, quienes tendrán un papel clave en la concienciación ciudadana, especialmente en el ámbito escolar y familiar.

En este sentido, desde el área de Medio Ambiente se valora la educación infantil como una de las herramientas más eficaces para lograr un cambio real en los hábitos de reciclaje y cuidado del entorno. “Los niños son agentes del cambio”, señalan desde el equipo de Gobierno, conscientes de que los mensajes que calan en edades tempranas suelen mantenerse a lo largo de la vida.

El Partido Popular ha respaldado públicamente la adjudicación del contrato que permitirá activar esta red de informadores, entendiendo que la sensibilización es tan importante como los recursos materiales para mantener la ciudad limpia y sostenible. Este equipo tendrá, entre otras funciones, la de coordinar talleres, campañas en centros educativos y charlas sobre reciclaje, consumo responsable y protección del entorno natural.

Este enfoque educativo se encuentra alineado con lo que organizaciones especializadas en infancia y desarrollo, como Educo, proponen como pilares de la educación medioambiental: enseñar desde el ejemplo, fomentar el pensamiento crítico sobre el consumo, y ofrecer a los niños experiencias directas con la naturaleza. Según su guía sobre cómo enseñar medioambiente a los niños, la clave está en involucrarlos activamente, haciéndoles sentir parte de la solución.

Y eso es precisamente lo que está ocurriendo en Melilla. Las actividades recientes muestran cómo, cuando se les da la oportunidad, los más pequeños no solo aprenden, sino que se entusiasman con la idea de cuidar el planeta. Desde identificar los colores de los contenedores hasta participar en concursos de ideas para reducir el plástico, cada experiencia suma en la construcción de una ciudadanía más consciente.

La concienciación infantil no es una moda, sino una necesidad. En una ciudad como Melilla, con grandes desafíos en materia de limpieza y gestión de residuos, trabajar desde la base es una estrategia inteligente y sostenible. Sembrar conciencia ecológica en la infancia puede ser la clave para garantizar, en el futuro, una ciudad más limpia, comprometida y respetuosa con su entorno.

Apostar por la educación medioambiental infantil no solo ayuda a formar ciudadanos responsables, también contribuye a que los hogares cambien sus hábitos. Muchos padres y madres reconocen que han empezado a separar residuos o a reducir su consumo de plásticos gracias a lo aprendido por sus hijos en el colegio. Este efecto multiplicador es uno de los grandes logros de este tipo de campañas.

Mientras Melilla se prepara para dar un “impulso exponencial” a la limpieza urbana en los próximos años, como anunció Daniel Ventura, el trabajo silencioso pero constante con los más pequeños sienta las bases de ese cambio. Porque cuidar el medioambiente es, en última instancia, una tarea colectiva. Y todo empieza por enseñar a los niños que reciclar no es una obligación, sino un acto de amor hacia el lugar donde vivimos.

Tags: Noticias de Melilla

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Comments 2

  1. Ricardo Javier DOMINGUEZ LLOSA comentó:
    hace 4 meses

    Melilla está consiguiendo algo valioso: que los niños se entusiasmen cuidando el entorno. Ahora solo falta que el mismo entusiasmo se aplique a cuidar la limpieza del procedimiento: contratos explicados, fiscalizados y contados con la misma claridad con la que se enseña a tirar cada residuo a su contenedor. Eso sí que sería educación integral.Qué gusto da ver que en Melilla la educación ambiental en los colegios ya no es “un extra”, sino casi una asignatura transversal con personajes, talleres, mercados, videojuegos inclusivos y todo el pack de “aprender jugando” que, bien hecho, funciona. De hecho, si a un niño le explicas el reciclaje con dos Champis bailando y una dinámica divertida, lo más probable es que termine reciclando hasta los tickets del supermercado. Así que sí: bravo por tomarse en serio lo de sembrar hábitos desde pequeños… aunque, claro, hay un detalle “ecológico” que sigue sin separarse bien: la transparencia en la contratación.
    Lo bueno (y lo bueno de verdad): educar para cambiar hábitos
    Aquí no hace falta fingir ironía: estas iniciativas tienen sentido.

    Talleres en mercados y colegios: acercan el mensaje donde está la gente y donde se forman los hábitos.
    Gamificación (“Champis Squad”, “Recycling Jump”): si el aprendizaje entra por la risa y el juego, entra más hondo que un folleto con letras tamaño hormiga.
    Inclusión: que haya herramientas adaptadas para niños con diversidad funcional es un punto serio y valioso, sin adornos.
    Y además está el efecto “boomerang doméstico”: el niño aprende en el cole y reeduca a la familia en casa. Eso, en ciudades con retos de limpieza y residuos, es oro.

    Lo “mejorable”: reciclar valores… empezando por la contratación (con luz y taquígrafos)
    Aquí viene la parte bonita de la sátira: es fantástico enseñar a los niños a identificar contenedores, pero quizá también convendría que los adultos pudieran identificar con igual claridad:
    cómo se adjudican los contratos,
    qué criterios puntúan,
    quién compite,
    qué se firma exactamente,
    qué se controla después,
    y qué pasa si no se cumple.
    Porque resulta enternecedor —casi poético— que el programa enseñe “responsabilidad compartida”, mientras la contratación que lo sostiene parece haber avanzado sin el mismo nivel de pedagogía pública. Vamos, que a los críos se les explica todo con dinámicas, personajes y colores… y a la ciudadanía, en cambio, se le suelta el “ya está adjudicado” y que cada uno juegue al ¿Dónde está Wally? con los pliegos.

    La educación ambiental va de hábitos, ejemplos y coherencia. Y el ejemplo institucional aquí sería sencillo:

    si hablamos de “concienciación”, que también haya concienciación democrática: luz y taquígrafos en la contratación, comunicación clara, y rendición de cuentas entendible.

    La ironía final: el reciclaje empieza por casa (y por el BOE local)
    La campaña dice: “Reciclar no es una obligación, es un acto de amor”. Perfecto. Entonces apliquemos el mismo romanticismo a lo público:
    Transparencia no es un trámite, es un acto de respeto.
    Explicar un contrato no es molestar: es educar a la ciudadanía adulta.
    Presumir de conciencia ecológica queda mucho mejor cuando no hay sombras administrativas alrededor.
    Porque si los niños pueden aprender a separar orgánico, envases y papel en una tarde… cómo no va a poder una administración separar claramente la pedagogía ambiental de la opacidad contractual.

  2. santiago comentó:
    hace 4 meses

    No se puede ser más hipócrita que este sujeto cuyo partido ha votado sistemáticamente en contra de todas las iniciativas legislativas por el medio ambiente en el Congreso y aquí en melilla no hace más que atacar a los ecologistas. Se ríe en nuestra cara, miserable es poco.

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