El turismo de Melilla sufre una caída tras los sucesos recientes en la frontera con Marruecos. El final del mes de julio fue convulso para ambas ciudades autónomas, aunque Ceuta, con la entrada masiva de personas de forma irregular, se llevó la peor parte. En Melilla, a pesar de la incertidumbre, todo se vivió con algo más de calma pero siempre en alerta por si la situación se complicaba. Una noticia que ha llegado a todos los rincones del mundo y que les ha devuelto esa imagen en ocasiones reducida, centrada en lo que pasa o no en los límites con el país vecino.
Con cerca de 1.323 entradas en Melilla, y sin que pueda compararse con Ceuta, no deja de ser una cifra elevada de personas. Unas 260 permanecen en el territorio, la mayoría de ellos menores de edad. Los residentes, que ya han presenciado con anterioridad otros intentos de saltos, están bastante habituados a estas circunstancias pero no terminan de acostumbrarse. La sensación que deja de puertas para fuera es que estos enclaves emplazados en el norte de África, que siguen siendo desconocidos para buena parte del país, no gocen de la seguridad y la normalidad que deberían.
Además del drama humano, ya que el cruce multitudinario ha puesto fin a la vida de más de 140 personas, el caos que se vivió en Ceuta esos días y la tensión acumulada en los pasos fronterizos de Melilla, han ahuyentado a los turistas que pensaban visitar la ciudad en lo que queda de verano. Beltrán Cano, guía turístico, así lo señala. Julio había sido un mes extraordinario, pero para agosto, todo está en el aire. Tanto él como sus compañeros trabajaron sobremanera porque muchos grupos y familias solicitaron guías a última hora. Ahora, puede que esta dinámica no se repita en un futuro cercano.
Desde el 30 de julio
La Oficina de Turismo funciona, en este sentido, como una especie de intermediaria entre los visitantes y los profesionales del sector. Los grupos eran muy numerosos, de diez o doce personas. Familias al completo y personas en edad de jubilación son el perfil de turistas que acuden a la ciudad para descubrirla. Normalmente, y más en verano, se trata de un turismo nacional, que es la vertiente favorita del guía turístico por el “aprecio” con el que miran Melilla.
Quizá en los meses de frío viajan más personas extranjeras, pero la tendencia en la época estival es que llegan visitantes que tienen alguna conexión familiar aquí y que buscan descansar y desconectar todo lo posible en un entorno cargado de cultura, historia y patrimonio. Sin dejar de pensar en la oferta gastronómica y en las playas melillenses, una de las joyas que tiene la ciudad, además de la proximidad, que permite moverse a pie prácticamente de una punta a otra.
El caso es que “hasta el mismo día 30 de julio había movimiento”. Desde que saltó la noticia de los sucesos fronterizos, el teléfono ha dejado de sonar y Beltrán Cano presiente que la elevada demanda del mes anterior no se repetirá en las semanas de agosto. “Directamente ni me han llamado. Aunque este mes recién ha empezado, todavía no he hecho ninguna guía en comparación al mes de julio”. A corto plazo se ha notado ese quiebro, asegura, aunque habría que esperar a sacar conclusiones de la relación que esto tenga con el intento de salto a la valla. Igualmente, cree que es una coincidencia que, “de un día para otro, justo en ese momento, se haya notado bastante el cambio”.
Las informaciones que alertan de un posible nuevo intento no mejoran el panorama. La repercusión ha sido internacional, por lo que no sería extraño que se hayan producido cancelaciones en el mes de agosto. Cano tiene ya agendadas algunas visitas de turistas internacionales para septiembre y octubre. Está pendiente de confirmarlas, y opina que podrían “peligrar en cierta forma”. Del mismo modo, menciona la llegada de cruceros prevista para el mes de octubre, uno de los nichos que se está explorando desde la Ciudad para redefinir Melilla como atractivo en diferentes ámbitos.
La tendencia de los últimos años ha sido que el turismo no ha hecho más que crecer. “Íbamos teniendo mejor posición, mejor fama, el boca a boca iba funcionando, los proyectos a nivel de Patronato y Ayuntamiento iban funcionando… Estábamos despuntando, estábamos en el camino”. El parón se está haciendo notable aunque esperan que, para los meses siguientes, la llegada de visitantes remonte. Les choca porque el verano estaba siendo excepcional, trabajando “casi por encima de nuestras posibilidades”, una alegría tanto para la ciudad como para los guías.
Los profesionales temen que aquellos que hayan cancelado sus viajes decidan no volver a organizarlos en fechas cercanas. Comprenden el punto de vista del turista, teniendo en cuenta que son unos hechos muy delicados que han trascendido en todos los sentidos. Como melillense, Beltrán fue testigo en esas primeras horas de cómo Melilla se preparaba para un posible salto masivo. Si los meses venideros son tranquilos, cree que retomarán la actividad y volverán a la normalidad para la siguiente temporada, que también suelen traer movimiento durante los fines de semana y los puentes.
“Encima este año caen muy bien los puentes de otoño e invierno. Crucemos los dedos para que podamos retomar un poquito el ritmo de trabajo para entonces”. En verano, el calor dificulta las visitas, y muchos vienen buscando el baño refrescante en la playa. Ya lo comentaban los hosteleros, que es una temporada más relajada para la ciudad autónoma. Pero las familias tienen más disponibilidad para viajar, y el turismo nacional suele lanzarse en estos meses, un factor del que se está beneficiando Melilla. Por el momento, los guías tienen la mirada puesta en las próximas semanas para comprobar si este bache será puntual o habrá hecho mella en el turismo local.








