En el mes de junio, El Faro visitó el Mercado Central de Melilla para conocer las opiniones de compradores y vendedores sobre los precios de los productos. De manera muy resumida, no se ponían de acuerdo: para los segundos funciona como una especie de bolsa que hace que el importe vaya fluctuando, mientras que, para los otros, hacer la compra se estaba volviendo una obligación casi insostenible.
En este panorama, llegar a fin de mes no está siendo nada fácil. A muchas familias españolas les cuesta especialmente llenar la cesta; afirman que la subida ha sido constante ya no en los últimos meses, se podría incluso hablar en términos de años. En el mercado, algunas madres lamentan que compran menos carne o pescado porque lo que se llevaban antes por 50 euros, ahora no merece la pena.
Los vendedores mantienen que los precios se han ido alzando pero que, en este momento, solo experimentan leves subidas y bajadas según el día, con una evolución bastante lineal. No obstante, ir a los mercados de abastos sigue siendo más rentable que visitar los supermercados para artículos esenciales como fruta, verdura, carne o pescado. Veamos cómo están los precios el miércoles 22 de julio en cuanto a estos últimos.
Precios del pescado
Si en algo coinciden los distintos puestos de este recinto es que, en verano, lo que más triunfan son los fritos. Y el pescado ahí tiene mucho que ver. Pero también aquellos que se pasan por la plancha. En Pescadería La Sirena, en el Mercado Central, presumen de tener los productos más frescos al mejor precio. Todo lo que ofrecen en sus bandejas procede del país vecino.
Se refieren a los lenguados, el salmón, la corvina, las gambas a la plancha o fritas, las sardinitas típicas de la época de playa… No solo se cocinan relativamente rápido; explican que, además, en este momento del año tienen más grasa y eso se nota en el sabor. Por otro lado, siguen la opinión de que los precios van subiendo y bajando, pero que el cambio no suele ser muy brusco de un día para otro.
Uno de los motivos puede ser la zona en la que nos encontramos. Opinan que, en la parte del mar de Alborán, el importe está por encima que el de la zona atlántica. Haciendo un repaso por los precios, nos encontramos: gambas rojas a 15 o 18 euros el kilo, lenguados a 14, chocos a 10, calamares a 12 o 14 y salmonetes a 14. El salmón, según el tamaño, estará a 9 o 10 euros el kilo, o ya subirá a 12 o 14.
En definitiva, todo dependerá de cuánto o con qué frecuencia se consume el pescado en cada casa, pero si es un alimento recurrente, será más complicado dar de comer a toda una familia. Algunos informes señalan que el consumo de este producto ha caído en España un 30 %, pese a ser uno de los imprescindibles de la dieta mediterránea. Esta situación ha provocado el cierre de miles de pescaderías de barrio por todo el país.
Todo se ha encarecido, desde el momento en que los pesqueros salen a faenar hasta que el pescado llega a las lonjas. El contexto internacional desfavorable con la crisis energética y las varias guerras abiertas han disparado los precios, por ejemplo, del combustible. Esto afecta a toda la cadena, desde que se pesca hasta que llegan los artículos frescos a los puestos.
Además, los cambios en los hábitos de los consumidores o el relevo generacional están haciendo que muchos dejen de lado el arte culinario o que opten por alternativas más fáciles de hacer o económicas. Los precios tampoco ayudan. Los informes señalan otros factores extraordinarios como los temporales del invierno o hasta el cambio climático que también influyen en el resultado final.
No es que falte producto, es que los costes se han incrementado de sobremanera, y que el oficio está perdiendo peso en comparación a épocas anteriores. Trabajar con diferentes especies y orígenes y aprovechar las ventajas de la acuicultura y del congelado para garantizar estabilidad y conservación son algunas de las soluciones a medio plazo. Paralelamente, en los restaurantes ha aumentado el consumo de pescado.
Mercasa confirma que, en noviembre de 2025, a los hogares españoles llegó un 6,7 % menos de pescado fresco mientras que en hostelería se vendía un 2 % más. También recogen que nuestro país es el que más pescado importa de Europa y que el pescado salvaje se está convirtiendo en un producto de lujo. En el futuro, quedará lo que venga de fuera o de piscifactoría.
Se podría decir que, cuando el consumo cae, los precios suben pero, además, los costes de por sí ya son bastante elevados. Probar nuevas formas de cocinar el pescado o incluso variar en especies y orígenes son opciones que pueden ayudar a que el ticket final de la compra sea más reducido. Por lo demás, el sector pesquero tendrá que seguir avanzando y adaptándose a las nuevas circunstancias que vayan surgiendo.








