En una era marcada por las pantallas y el entretenimiento digital, los juegos de mesa se mantienen como una herramienta poderosa de conexión, aprendizaje y diversión, tanto en formato de juego individual como colectivo. Lejos de ser cosa del pasado, su uso no solo persiste, sino que se refuerza entre familias, adolescentes, educadores e incluso profesionales de la salud. En Melilla, estos juegos siguen presentes en las casas, en los colegios y en las tiendas locales, consolidándose como una alternativa valiosa para compartir tiempo, reforzar vínculos afectivos y fomentar el desarrollo de habilidades cognitivas y sociales.
Manuela Saavedra, al frente de Eurekadis, una tienda especializada en juguetes educativos, lo confirma con claridad: "Lo que más me piden son juegos con los que puedan jugar en familia, sobre todo, las abuelas. Como se quedan con los nietos, quieren algo con lo que entretenerse juntos". Juegos como el parchís, hundir la flota o el dominó no pasan de moda y siguen siendo reclamados por quienes buscan compartir tiempo de calidad con los más pequeños de la casa. Eso sí, ahora se presentan con nuevos colores, formatos más accesibles y diseños más atractivos para las nuevas generaciones.
En otro punto de la ciudad, en Pequeño Bazar, Rocío Cañadas habla de otra tendencia que crece año tras año: los juegos de bolsillo. “Virus, Sushi Go, Polilla Tramposa, el Uno… son los más vendidos entre adolescentes. Aunque estén pensados a partir de los 7 años, les encantan y vienen ellos mismos a comprarlos”. Según Cañadas, este tipo de juegos resulta ideal por su tamaño compacto, su precio asequible y su atractivo para quienes ya no se sienten tan identificados con el juguete tradicional, pero tampoco quieren prescindir de una buena partida entre amigos.
Para muchas familias, los juegos de mesa suponen también una herramienta educativa. Y es ahí donde las comerciantes insisten, no se trata únicamente de un tiempo de entretenimiento, sino que además permiten un aprendizaje. “Hay juegos que trabajan la motricidad fina, la memoria visual, el equilibrio… Otros fomentan la creatividad, la observación o enseñan a seguir instrucciones. Es aprendizaje puro disfrazado de diversión”, afirma Saavedra. Y es por eso que Eurekadis recibe también la visita de colegios, profesoras y especialistas que buscan herramientas concretas para estimular el desarrollo de los niños y de los adultos. “Las regletas, por ejemplo, me las piden mucho. También juegos visuales, de asociación, o de lógica. Son ideales para Infantil o Primaria, pero también para personas mayores con problemas cognitivos. Vienen incluso desde centros que trabajan con este tipo de usuarios”, añade.
Rocío Cañadas, sostiene que, desde edades tempranas, existen juegos de mesa con los que padres e hijos pueden involucrarse en un tiempo distendido fuera de entornos digitales. "Tenemos juegos educativos para niños y niñas a partir de los dos años: de sílabas, opuestos, memoria visual o mental", resalta esta comerciante local quien trata de ofrecer a los compradores la alternativa de los juegos de mesa como regalo o complemento, aunque el juguete tradicional sigue siendo el producto más demandado para la infancia.

El impacto de estos juegos no se queda en lo anecdótico. Una revisión sistemática publicada por la Universidad de Salamanca en la revista Education in the Knowledge Society analizó más de 90 estudios sobre el uso de juegos de mesa en contextos educativos y sociales con menores de entre 6 y 18 años. Las conclusiones del trabajo son contundentes: los juegos de mesa tienen beneficios que van mucho más allá de la diversión. Estimulan la concentración, mejoran la gestión emocional, fortalecen la autoestima y promueven el trabajo en equipo, la empatía, el respeto por las normas y la resolución de conflictos.
Además, según este análisis, el juego ayuda a generar un entorno de aprendizaje relajado, que favorece la expresión emocional, la interacción social y el desarrollo de habilidades de comunicación. También se ha demostrado eficaz para tratar temas complejos como el acoso escolar, la sexualidad o la prevención del consumo de sustancias. Todo ello convierte al juego en una herramienta útil tanto en la educación formal como en la intervención social y sanitaria.
Oxfam Intermón, en un artículo publicado en su blog institucional, refuerza esta visión. Desde su experiencia en programas educativos y de cooperación, la organización subraya que los juegos de mesa fomentan la empatía, la cooperación, la comunicación y el cumplimiento de normas. “Ayudan al desarrollo de sus habilidades sociales y de comunicación. Aprenden a escuchar, a argumentar, a negociar y a cumplir las normas de convivencia”, señalan en su publicación, donde animan a las familias a recuperar estos espacios lúdicos en casa como forma de educar en valores y fortalecer vínculos afectivos.
En Melilla, muchos hogares ya lo hacen. Las tardes de otoño o invierno, cuando apetece quedarse en casa, se llenan de tableros, fichas, dados y cartas. Aunque en ocasiones resulta complicado despegarse de los medios digitales y ofrecer a los niños y las niñas otras alternativas lúdicas con las que compartir tiempo de calidad en familia obviando las pantallas para todos los miembros, algunos padres y abuelos encuentran en este tipo de juegos un aliado para lograr sentarse a jugar y compartir tiempo de calidad. “Y no solo para los pequeños, también para los adolescentes o incluso para los adultos. Yo misma tengo tres juegos pensados para mi hija de 18 años estas Navidades”, añade Cañadas. Con el paso del tiempo, estos momentos compartidos se convierten en recuerdos valiosos y los juegos de mesa formarán parte de la memoria individual y colectiva de las familias.
Aunque tradicionalmente asociados a la infancia, los juegos de mesa han logrado mantenerse presentes en todas las etapas de la vida. Clásicos como Cluedo, Pictionary o Party siguen formando parte de reuniones familiares o de amigos. “Hasta con algo de beber y unos frutos secos, te sientas con amigos y echas unas partidas. Es un rato sano y divertido”, comenta entre risas Cañadas. Y también hay juegos para adultos, con temáticas más atrevidas o humorísticas, que permiten desconectar de las rutinas y fortalecer los lazos sociales entre iguales.
La industria del juego ha sabido adaptarse a las nuevas generaciones y a las diferentes edades. Existen versiones temáticas inspiradas en series, películas o videojuegos; formatos portátiles para llevar en el bolso o la mochila; y propuestas cooperativas que reemplazan la clásica competición por la colaboración. Todo con el objetivo de seguir atrayendo al público, muchas veces absorbido por el universo digital.
Los juegos de mesa también cumplen una función inclusiva. Según el estudio académico mencionado, permiten que todos participen sin importar edad, nivel educativo o capacidad cognitiva. Fomentan la igualdad, el respeto y la integración, ya sea en un aula, en casa o en un centro de mayores. Son, además, herramientas económicas, accesibles y reutilizables, algo que los hace muy valiosos en contextos educativos o familiares con recursos limitados.
Y aunque cada año salen al mercado nuevas propuestas, hay juegos que nunca pasan de moda. “El parchís, el dominó, el quién es quién… siguen estando entre los más buscados. Pero también hay que enseñar a los niños qué es una comba, una peonza, un yo-yo. Hay muchos que ni siquiera saben lo que son”, reflexiona Manuela Saavedra. Detrás de esa observación hay un mensaje profundo: en un mundo que cambia tan rápido, recuperar los juegos tradicionales es también una forma de mantener viva parte de nuestra cultura y nuestra infancia.
Porque jugar, en realidad, es mucho más que un pasatiempo. Es una forma de aprender, de convivir, de expresar emociones, de resolver conflictos y de conectar con los demás. En una sociedad que a menudo vive con prisas y exceso de estímulos, los juegos de mesa invitan a parar, a mirar a los ojos, a escuchar y a disfrutar del momento. Y ese, quizá, sea su mayor valor.







